¡Encuestas! La Vanguardia: «Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor»

La frase «Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor» se atribuye a Bertrand du Guesclin, quien, según la tradición, intervino a favor de Enrique de Trastámara en el combate mortal contra su hermano Pedro I de Castilla, en 1369. Su significado es muy sencillo: aparentar neutralidad mientras se ayuda decisivamente a una de las partes.

Es una expresión que parece hecha a medida para describir el comportamiento actual de La Vanguardia ante las elecciones del 29 de noviembre.

El diario ha emprendido una auténtica cruzada para hacer creer que Pedro Sánchez dispone de posibilidades claras de ganar. Y lo hace con la variedad de estilos de sus principales intérpretes: el brutalismo disfrazado de precisión científica y sociológica del exasesor de La Moncloa Iván Redondo; la finura de un burgués que maneja con habilidad el estilete y el veneno, propia de Enric Juliana; o la pretendida objetividad incontestable de los datos electorales.

Este último es el terreno de Carles Castro, especialista del diario, que el domingo 11 de octubre publicaba el artículo «Así arranca la carrera electoral».

Tres simulaciones y dos fantasías

Castro presenta tres escenarios electorales. El primero, construido a partir de la media de los principales sondeos, es perfectamente razonable: PP y Vox se sitúan en torno a los 200 diputados, con una mayoría absoluta holgada.

Pero después comienza el ejercicio de prestidigitación demoscópica.

El segundo escenario se fundamenta en una estimación propia a partir de los datos directos del CIS. Precisamente del CIS de septiembre, anterior a una sucesión de acontecimientos políticos de primera magnitud y a la publicación de numerosas encuestas más recientes.

¿Por qué recurrir a ese material?

La respuesta es elemental, Watson: porque el CIS es la excepción que otorga al PSOE una victoria en porcentaje de voto.

Y no estamos hablando de una discrepancia menor. El PollCheck de Electomanía, que clasifica a las empresas demoscópicas según su grado de acierto histórico, sitúa al CIS de Tezanos en un modesto 3,5 sobre 10. Una institución estatal que había disfrutado de un gran prestigio ha terminado ofreciendo estimaciones sistemáticamente alejadas del conjunto de las demás encuestadoras.

Pero todavía queda la tercera simulación. Aquí Castro introduce dos supuestos extraordinarios: que toda la izquierda alternativa concurra en una única candidatura y que, simultáneamente, aparezca un millón de electores de izquierdas hasta ahora abstencionistas.

¡Magnífico! Pero ¿por qué un millón y no medio millón? ¿O un millón y medio? Porque es la cantidad que permite construir el escenario deseado.

Con esta combinación, PP y Vox bajarían hasta los 173-175 diputados y el PSOE se convertiría en la primera fuerza.

Hay que reconocer a Castro que él mismo advierte del riesgo de entrar en la «demoscopia ficción». Pero entonces, ¿qué sentido tiene otorgar tanta centralidad a una hipótesis tan excepcional?

¿Qué dicen realmente las encuestas?

Hemos examinado diez sondeos publicados entre el 8 y el 12 de octubre: Sociométrica, GESOP, Sigma Dos, GAD3, ElectoPanel, Hamalgama Métrica, Target Point, Invymark, IMOP y 40dB.

Para evitar que las empresas con peor historial distorsionen los resultados, hemos calculado tres medias aritméticas sin ponderación: el conjunto de diez, las siete con PollCheck superior a 5 y las cuatro que superan el 7.

Estimación media de voto (%)

Elaboración propia con los datos publicados por Electomanía y las fuentes originales. Los cálculos de Podemos, ERC y Junts utilizan únicamente los sondeos que publican por separado su porcentaje. GESOP identifica el espacio de Sumar como Frente Amplio.

El resultado no admite demasiados juegos de manos. PP y Vox suman el 50,6% de los votos en el conjunto de los diez sondeos. En las siete encuestadoras con PollCheck superior a 5 obtienen el 50,1%. Y en las cuatro mejores, el 50,7%.

Los cuatro institutos con mejor valoración son Sociométrica (8,1), 40dB (8,0), ElectoPanel (7,9) y GAD3 (7,7). Ninguno de ellos sitúa al PSOE por delante.

Lo más significativo es que la conclusión apenas varía cuando aumentamos la exigencia de fiabilidad. También hemos contrastado dos encuestas adicionales del 8 de octubre, DYM y NC Report: incluirlas eleva la muestra a doce y mantiene prácticamente intacta la misma conclusión.

La prueba de Kiko Llaneras

Todavía resulta más revelador el trabajo de Kiko Llaneras y Borja Andrino en El País, un diario al que difícilmente puede atribuirse una cruzada contra Sánchez.

Su modelo electoral, que combina las encuestas según su antigüedad y fiabilidad histórica y ejecuta 20.000 simulaciones, sitúa a PP y Vox en torno a los 200 diputados. Alcanzan la mayoría absoluta en el 92% de los escenarios.

La izquierda, sumando PSOE, Sumar, Podemos y otras fuerzas que tradicionalmente han apoyado al Gobierno, ronda los 137 diputados.

Y aún más: si las izquierdas lograran una remontada equivalente a la de 2023, recuperando siete puntos de diferencia, PP y Vox conservarían previsiblemente unos 186 diputados. Solo bajo hipótesis extraordinarias de unidad electoral y recuperación de voto, la mayoría de derechas quedaría realmente en duda.

Esa es la diferencia entre estudiar lo que es probable y buscar una combinación que permita presentar como probable aquello que solo es posible.

El problema no son las encuestas, sino el relato

¿Puede remontar Pedro Sánchez? Naturalmente. Las campañas existen, los electores cambian de opinión y las encuestas se equivocan. Pero una cosa es reconocer la incertidumbre y otra convertir la excepción en expectativa.

Los datos disponibles describen a un PSOE claramente por detrás del PP, una izquierda alternativa debilitada y fragmentada, y un Vox que se ha consolidado con fuerza.

El bloque de derechas se sitúa en torno al 50% de los sufragios, mientras que las formaciones estatales de izquierdas quedan aproximadamente quince puntos por debajo.

Y ni ERC ni Junts, con sus modestos porcentajes estatales de voto, parecen estar en condiciones de revertir una mayoría absoluta de PP y Vox.

La cuestión no es si La Vanguardia tiene derecho a preferir la continuidad de Sánchez. Evidentemente que sí. La cuestión es si esa preferencia está condicionando la selección y la presentación de los escenarios que ofrece a sus lectores.

Porque, cuando los datos son tan persistentes y las hipótesis favorables al Gobierno necesitan tantas condiciones excepcionales, presentar como una posibilidad clara la victoria de Sánchez deja de ser una lectura equilibrada de las encuestas y se acerca peligrosamente a la construcción interesada de un relato.

Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor.

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