Quince años no es nada. Al menos en la política española, donde quince años permiten cambiar casi todo para acabar descubriendo que algunos problemas continúan esperándonos en el mismo sitio, aunque hayan empeorado, como el de la vivienda.
El 15 de mayo de 2011, después de una manifestación convocada por Democracia Real Ya, un pequeño grupo decidió quedarse a dormir en la Puerta del Sol. La intervención policial y las redes sociales hicieron el resto. En pocos días, aquellas tiendas se convirtieron en el símbolo de una generación.
Quince años después, las tiendas han vuelto a Sol. Esta vez, con la vivienda como motivo principal. El paisaje recuerda al de 2011, pero el país es distinto. Y precisamente por eso la comparación resulta reveladora.
¿Qué fue de la generación del 15-M?
Los jóvenes que entonces tenían veinte o treinta años están hoy instalados en la madurez. Algunos prosperaron, otros emigraron, muchos formaron familias y otros descubrieron que formar una familia se ha convertido en una empresa económicamente casi imposible. Y que ser padre o madre puede conducir con facilidad al empobrecimiento.
España produce muchos titulados universitarios, pero no siempre sabe qué hacer con ellos. En 2024, el 35% de los trabajadores con estudios superiores estaba sobrecualificado para su empleo, la tasa más elevada de la Unión Europea.
El problema está en otra parte: España crea mucho empleo, pero continúa teniendo dificultades para convertir capital humano y trabajo en productividad elevada y salarios reales altos.
De perder la casa a no encontrarla
Aquí está probablemente el gran cambio.
En 2011, el drama era perder una vivienda comprada con una hipoteca. España acababa de construir demasiado. Bancos y cajas habían prestado demasiado. Cuando llegó el paro, muchas familias conservaron la deuda mientras su vivienda perdía valor.
En 2026 ocurre casi lo contrario.
Ahora el problema es que construimos demasiado poco allí donde la gente quiere vivir.
Entre 2021 y 2025, el Banco de España calcula un desfase acumulado cercano a 750.000 viviendas entre la creación de nuevos hogares y las viviendas terminadas. Solo en 2025 se formaron unos 240.000 hogares, mientras se acabaron alrededor de 92.000 viviendas.
No hace falta consultar a Keynes para advertir lo que ocurre cuando la demanda aumenta mucho más deprisa que la oferta.
La inmigración forma parte necesariamente de esta ecuación. España tenía a comienzos de 2026 unos 49,6 millones de habitantes y más de diez millones de residentes nacidos en el extranjero. Sería absurdo atribuir exclusivamente a la inmigración la crisis inmobiliaria. Pero todavía sería más absurdo pretender que centenares de miles de nuevos habitantes no necesitan vivienda, transporte, escuelas, sanidad e infraestructuras.
Cataluña: bajar el precio no significa encontrar piso
Cataluña ofrece un experimento especialmente interesante. Ha aplicado ampliamente el control de alquileres previsto por la Ley de Vivienda. Y existe un resultado que debe reconocerse: los alquileres ordinarios sometidos al sistema se han moderado.
En Barcelona, el alquiler medio pasó de unos 1.194 euros a 1.137.
Magnífico, salvo por un pequeño detalle: para disfrutar de un alquiler barato conviene primero encontrar el piso.
La oferta ordinaria se ha reducido en numerosos lugares y parte se ha desplazado hacia otras modalidades. Cuando hay veinte aspirantes para una vivienda, el propietario escoge al que ofrece mayores garantías. El joven, el autónomo, el trabajador temporal o la familia con ingresos modestos descubre entonces una de esas sutilezas administrativas tan características de nuestro tiempo: el alquiler está protegido, pero él no puede alquilarlo.
Más empleo, pero productividad insuficiente
No todo ha empeorado. España alcanzó en el segundo trimestre de 2026 los 22,78 millones de ocupados y redujo el paro hasta aproximadamente el 9,9%. También ha crecido más que varias grandes economías europeas.
Pero el PIB agregado ha avanzado más que la renta por habitante y la productividad. Y los salarios reales todavía arrastran las consecuencias de la inflación.
La fractura se percibe mejor por generaciones. Quien compró una vivienda hace veinte años y ya la ha pagado vive en una economía distinta de quien entrega el 40% de su salario al casero cada mes.
El primero consulta el precio de las gambas. El segundo consulta Idealista.
Deuda y educación
También debemos hablar con precisión de las cuentas públicas. El problema actual no es un déficit récord, sino una deuda enorme: aproximadamente 1,736 billones de euros en abril de 2026, alrededor del 101% del PIB.
España puede reducir la ratio de deuda gracias al crecimiento nominal y, simultáneamente, seguir aumentando la montaña de euros que deberá financiar.
Y después está la educación.
PISA 2025 mostró retrocesos en matemáticas y lectura respecto a 2022 y resultados claramente inferiores a 2015. Desde aquel año ha aumentado notablemente la proporción de alumnos con bajo rendimiento.
Es difícil construir una economía de alta productividad si el capital humano pierde calidad. Esta relación, extraordinariamente sencilla, parece poseer la virtud administrativa de resultar siempre novedosa.
Quince años después
Entre las dos Puertas del Sol han pasado Rajoy, la moción de censura, ocho años de Sánchez, Podemos, Sumar, varias crisis, una pandemia, inflación, crecimiento, inmigración masiva y una deuda pública considerable.
En 2011 España sufría por haber construido, prestado y endeudado demasiado.
En 2026 sufre porque construye demasiado poco, especialmente donde aumenta la población.
Entonces los jóvenes temían perder la casa hipotecada. Hoy muchos temen no encontrar siquiera un alquiler.
Entonces España destruía empleo. Ahora lo crea con intensidad, pero continúa arrastrando baja productividad, sobrecualificación, salarios insuficientes y enormes dificultades de acceso a la vivienda.
Quince años después, España no es la misma. Naturalmente. Lo inquietante es otra cosa: hemos cambiado mucho para descubrir que seguimos teniendo una notable habilidad para fabricar problemas estructurales.
Y las tiendas, como si quisieran recordárnoslo, han vuelto a la Puerta del Sol.
En 2011 temíamos perder la casa. En 2026 muchos jóvenes temen no encontrarla. Quince años después, Sol vuelve a llenarse. #Vivienda #15M Compartir en X





