El Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene previsto que los 54 países del continente africano cierren el 2025 con un crecimiento económico medio del 4,1%.
Esto a pesar de la convulsión que ha seguido salpicando a la política del continente: resurgimiento de la insurrección tuareg-yihadista en Mali, guerra civil en Sudán, golpes de Estado en Madagascar y Guinea-Bisáu, corrupción en Sudáfrica…
Paradójicamente, la coyuntura internacional es favorable al crecimiento africano: la política de Donald Trump de mantener un dólar débil permite rever a la baja los vencimientos de la deuda pública y controlar mejor la inflación. A esto se suman unos precios de las materias primas que se mantienen altos y están propulsados por el oro y el cobre.
Y por qué no, como ya explicamos, el drástico recorte de la ayuda occidental a estos países podría también estar jugando a favor de la productividad e inventividad de los africanos.
De hecho, el FMI ha publicado su predicción de crecimiento del 4,4% para el conjunto africano de cara al 2026. Una cifra que, de cumplirse, supondría un hito histórico: por primera vez, el crecimiento de África superaría el de una Asia en desaceleración (4,1%), esta última debida en buena parte a la frenada de China.
En caso de materializarse, el escenario sería muy sugestivo: los dos continentes, uno de ellos asociado en el imaginario occidental con la aceleración económica milagrosa; el otro con la pobreza endémica, se intercambian posiciones en los rankings.
Aunque este cruce no se produzca ya en el 2026, apunta el periodista y editor de África del Financial Times David Pilling, los patrones de crecimiento demográfico y estadios actuales de desarrollo de ambos continentes hacen que el cambio de posiciones sea probable en los próximos años.
Sin embargo, existen motivos para seguir estando preocupados por el rumbo de África.
Durante la primera década del siglo XXI, el conjunto creció a ritmos más elevados que los actuales, de alrededor del 5%, fomentando una narrativa triunfalista del auge africano. En realidad, estas cifras estaban impulsadas por la demanda inabarcable de China en plena mutación económica, y la multiplicación de sus proyectos de infraestructuras, por regla general, orientados a extraer con mayor eficiencia los recursos del continente.
Desde entonces, decisiones políticas catastróficas, corrupción, conflictos y choques globales han hecho descarrilar el tren africano. Según Pilling, el nivel de ahorros se mantiene bajo y los flujos financieros que entran en África siguen siendo insuficientes para generar un crecimiento transformador. Los inversores internacionales siguen temiendo los riesgos políticos y se muestran escépticos frente a la elevada fragmentación económica del continente.
Hay algunos países que despuntan claramente, como Costa de Marfil, que ha estado creciendo a ritmos del 6 y 7% anuales durante los últimos 15 años, recuperándose de una devastadora guerra civil. Con nuevos ingresos provenientes de gas y petróleo, Costa de Marfil podría conseguir su objetivo de convertirse en una economía de ingresos medios-altos en 2035.
Otros países salen relativamente bien, como Etiopía, Ghana, Ruanda y Senegal. Algunos pese a estar inmersos en conflictos civiles o crisis de deuda. Según el FMI, en 2026 al menos la mitad de las 20 economías más dinámicas del mundo serán africanas.
Aquí cabe añadir que un crecimiento del 4-5% no es comparable al 7% que los economistas estiman necesario para obtener unos niveles de expansión comparables a los de los tigres y dragones asiáticos. De hecho, del dato africano, Pilling estima que un 2% del crecimiento se debe exclusivamente a la expansión demográfica, de forma que solo queda entre un 2 y un 3% de incremento de la riqueza per cápita.
De todas formas, el mundo, y Europa en particular, deben esperar lo mejor para el futuro de África: en 2050, una de cada cuatro personas será africana y el continente tendrá una población en edad de trabajo que superará a las de China e India combinadas. Como Pilling concluye, «si África no va bien, todos nos enteraremos».
En 2050, una de cada cuatro personas será africana y el continente tendrá una población en edad de trabajo que superará a las de China e India combinadas. Compartir en X




