La conferencia de Salvador Illa del 14 de septiembre volvió a proyectar a Catalunya hacia el futuro. Pero después de dos años de gobierno, la credibilidad de los horizontes anunciados depende del balance del presente. Y ese balance exige una autocrítica que el relato presidencial no ofrece con suficiente claridad.
Illa reivindica estabilidad, pero gobierna con una mayoría relativa que depende de ERC y los Comuns. La encuesta de Sigma Dos publicada por El Mundo en septiembre apunta a un retroceso socialista que impediría reeditar esta suma. Es un sondeo, no un resultado electoral, pero cuestiona la solidez del panorama que presenta.
Un gobierno que quiera preparar el futuro debe responder, al menos, a estas nueve cuestiones.
1. Cercanías: El traspaso debe notarse en los trenes. La distancia entre el anuncio institucional y la experiencia de los usuarios permite hablar de un pseudotraspaso mientras no se traduzca en fiabilidad. Los autobuses sustitutorios pueden resultar imprescindibles durante las obras, pero no acreditan una mejora ferroviaria. Es necesario publicar objetivos de puntualidad, cancelaciones, capacidad y plazos, con responsables identificables. Las competencias compartidas obligan a coordinarse; no justifican la excusa permanente.
2. La AP-7 y las carreteras: una movilidad que penaliza al país. La saturación de este corredor exige actuaciones inmediatas y una estrategia a medio plazo sobre accesos, mercancías, alternativas ferroviarias y seguridad. También es necesario un programa verificable de conservación de la red comarcal. Illa ha heredado buena parte de los problemas, pero heredarlos no exime de afrontarlos. La congestión nos saca horas de vida, encarece la actividad económica y erosiona la confianza.
3. Financiación: explicar lo realmente pactado. La propuesta mantiene a Catalunya dentro del régimen común, aunque prometa más recursos. Esto no equivale al modelo presentado como una recaudación propia con una aportación pactada en el Estado. Una mejora financiera puede ser positiva; presentarla como si fuera ese cambio de modelo es engañoso. Es necesario comparar compromisos y resultados, partida por partida y competencia por competencia.
4. Protección de los menores: Cambiar el nombre no resuelve el escándalo. La antigua DGAIA arrastra investigaciones sobre pagos irregulares y graves interrogantes sobre la protección de los tutelados. Es necesario aclarar las denuncias sobre servicios presuntamente no prestados y posibles connivencias con entidades gestoras, sin anticipar culpabilidades. El Gobierno ha anunciado cambios en el seguimiento de las prestaciones, pero sigue siendo imprescindible una auditoría independiente. También es necesario publicar datos agregados sobre abusos sexuales, denuncias, investigaciones y medidas protectoras. La dependencia de ERC no puede limitar el esclarecimiento de responsabilidades, sean de la etapa que sean.
5. Educación: Gastar más no sustituye a saber qué falla. Catalunya ha quedado sin resultados comparables a PISA 2025 tras excluir al 23,2% del alumnado, frente al máximo admitido del 5%. Es necesario explicar la cadena de decisiones, los controles fallidos y las responsabilidades.
El objetivo anunciado del 6% del PIB en educación necesita un diagnóstico y evaluación de los resultados. Pantallas, inteligencia artificial y comprensión lectora son cuestiones relevantes, pero insuficientes para formular un plan. Es necesaria información pública por centros, ajustada a la composición social, y una evaluación profesional del profesorado. Si la sanidad publica indicadores hospitalarios delicados, la educación puede hacer transparente el rendimiento con garantías estadísticas. Esto permitiría identificar necesidades y ayudar mejor a las escuelas con dificultades, sin culpabilizarlas.
6. Fiscalidad y poder adquisitivo: ¿prosperidad para quién? Entre 2015 y 2024, Catalunya recaudó en IRPF más de 3.500 millones por encima de la referencia normativa; Madrid, más de 9.000 millones por debajo. La distancia entre estos saldos alcanza los 12.500 millones. No es una comparación directa de cuotas individuales, pero muestra dos orientaciones fiscales opuestas y cuánto de más pagamos los catalanes en un período marcado por la crisis del poder adquisitivo, acentuada por la crisis de la vivienda.
El Gobierno debe explicar qué retorno obtienen los contribuyentes de este esfuerzo y cómo piensa proteger la renta disponible de los hogares. La prosperidad debe medirse también por lo que queda después de pagar vivienda, impuestos y necesidades básicas.
7. Vivienda: Contar llaves entregadas. Presentar un plan no equivale a resolver una crisis. La política de Illa corre el riesgo de reproducir el problema de los anuncios de Sánchez: confundir objetivos con viviendas disponibles. Es necesario un balance periódico de promociones iniciadas, terminadas y adjudicadas, precios y plazos. Las familias necesitan oferta asequible y efectiva. Distancia entre objetivos y producción.
8. Demografía, inmigración y familia: integrar exige capacidad. En 2024, Catalunya registró 53.802 nacimientos y 67.524 defunciones: un saldo natural de −13.722 personas. La inmigración puede aumentar la población, pero no sustituye a una política de natalidad ni garantiza la integración. Idescat.
Un crecimiento rápido exige recursos proporcionales en vivienda, escuela, sanidad y aprendizaje del catalán. Los principios generales no crean ni plazas ni profesionales. Al mismo tiempo, el apoyo a la maternidad, a los hijos y a las familias sigue siendo insuficiente: en 2024, el 34,7% de los menores estaba en riesgo de pobreza o exclusión social. Esta es una medida severa del fracaso colectivo.
9. Industria: asegurar producción y empleo. La incertidumbre sobre SEAT y la transición al vehículo eléctrico exigen compromisos sobre modelos, inversiones, proveedores y puestos de trabajo. Una eventual desaparición de la marca no equivale automáticamente al cierre de las fábricas, pero obliga a preparar escenarios. Perder capacidad productiva y empresas auxiliares sería un hecho histórico. Es necesaria una política industrial que vaya más allá de las declaraciones.
Catalunya necesita horizonte, pero también dirección, ejecución y rendición de cuentas. El futuro de un gobierno es creíble cuando empieza a resolver el presente para enlazarlo con el futuro. Todo lo que no sea esto es propaganda y huir de estudio.
La prosperidad también se mide por lo que queda en el bolsillo después de pagar vivienda, impuestos y necesidades básicas. #Fiscalidad #Vivienda Compartir en X





