Estados miembros

Opiniones de un Alto Funcionario catalán en Bruselas

Jaume Duch es funcionario de la UE desde 1990. Actualmente es el Portavoz y director general de Comunicación del Parlamento Europeo. También es miembro del Consejo Consultivo de la Fondation Jean Monnet, con sede en Lausana. En los últimos tiempos ha formulado varias declaraciones a los medios de comunicación sobre el estado actual de la UE, que vienen resumidas a continuación.

Gestión de la pandemia

El tiempo que llevamos de pandemia está siendo un período realmente muy complicado para la UE, y le supone un gran desafío. Los ciudadanos esperan mucho de la UE y ésta no puede decepcionarles. Pero cabe decir que a la UE se le exigieron desde el principio medidas concretas, eficaces y rápidas en cuestiones sobre las que carece de competencias traspasadas por parte de los Estados miembros. No existe una política común europea sobre sanidad, y es muy necesaria. Quizás acabe adoptándose en virtud de lo que estamos viviendo, y nos queda aún por vivir, en materia de pandemias.

Si miramos hacia atrás, comprobamos que la reacción de la UE ha sido rápida, coordinada y eficaz en materia de vacunación. Además, ha aprovechado el gran reto del coronavirus para dar un gran paso adelante hacia su federalización, al adoptar por primera vez en su historia un plan de endeudamiento común -emisión de eurobonos, en definitiva- para luchar contra la crisis económica provocada por la pandemia, en forma del programa Next Generation EU. España podrá disponer de unos 140.000 millones de euros provenientes de este programa, la mitad en forma de subvenciones a fondo perdido y la otra mitad en forma de préstamos. Puede decirse, pues, que el balance es muy positivo.

La UE ha actuado de manera muy diferente a la hora de luchar contra la crisis provocada por la pandemia, si se compara en cómo lo hizo contra la Gran Recesión del año 2008.

Ha quedado claro que la receta radical de austeridad utilizada en 2008 no era la adecuada esta vez, ni probablemente tampoco en la anterior. Es una receta que ha llevado a aumentar la división y ha causado muchos sufrimientos. Esta vez la reacción de la UE ha sido distinta. Hemos pasado de la austeridad extrema a la emisión conjunta de deuda europea para hacer frente a la crisis. La UE pecó de ortodoxia económica con las medidas de reducción del déficit en los años 2008 y siguientes. Últimamente ha existido la voluntad política por parte de los Estados miembros para proceder de otras formas. El Brexit también ha ayudado, pues el hecho de que los británicos no estuvieran ha permitido que se tomaran decisiones que habrían sido imposibles de tomar con los británicos dentro de la Unión.

Con esto no estoy diciendo que el Brexit haya sido algo positivo. El Brexit no ha sido un buen negocio para nadie, todos hemos salido perdiendo. Todos los europeos, por supuesto.

Pero también es cierto que una de las ventajas del Brexit es que decisiones que antes costaban tiempo o que no podían adoptarse, ahora se han tomado o se han podido tomar más rápidamente. Me cuesta mucho creer que los británicos hubieran estado de acuerdo con la idea de movilizar 750.000 millones de euros, a través de la mutualización de la deuda, para luchar contra la pandemia. Me pregunto si hubieran entrado en ese esfuerzo que está en el origen del éxito de la campaña de vacunación europea.

Sobre el desafío de Polonia en el ordenamiento jurídico comunitario.

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Ya iremos viendo cómo evoluciona y a ver si al final los que resultan perjudicados son los propios polacos, porque es evidente que hay líneas rojas que no pueden cruzarse, como es el caso de la supremacía del derecho comunitario por encima de los ordenamientos jurídicos estatales. Las instituciones de la UE han tenido que reaccionar contra el actual gobierno de Polonia y disponen de diferentes herramientas para hacerlo. Una de las más contundentes es negar a Polonia los fondos europeos provenientes de la Next Generation EU, por no respetar los principios y valores europeos. No puede aceptarse que el gobierno de un país ponga en tela de juicio uno de los principios fundamentales del funcionamiento de la UE. Esto no terminará en expulsión porque en la UE no existen mecanismos de expulsión de un Estado miembro. Además, sería un error castigar a la población polaca, que es mayoritariamente favorable a la UE, por lo que son responsables sus gobernantes actuales. Es evidente que es necesario actuar y obligar a las autoridades polacas a dar marcha atrás. Creo que no habrá salida de Polonia de la UE, Polexit como suele decirse, porque a Polonia, mande quien mande, no le conviene salir de la UE y la gran mayoría de la población no lo quiere. Pienso que se va a producir una reacción dentro de la misma sociedad polaca. Ya se ha visto en estos últimos tiempos grandes manifestaciones en muchas ciudades de Polonia favorables a las tesis de la UE y contrarias a las del gobierno actual, que puede caer en las próximas elecciones generales polacas.

La injerencia rusa en los asuntos comunitarios europeos es constante.

Lo hemos visto en distintos procesos electorales y también a veces en el apoyo a determinadas campañas de desestabilización en distintos países. No es ningún secreto que a la Rusia actual no le conviene una Unión Europea fuerte y por tanto lo que pueda hacer para debilitarla lo hará. Lo que debemos hacer los europeos es dotarnos de los instrumentos necesarios para evitar que estas campañas obtengan resultados.

El único camino para proteger y fortalecer el espacio público de decisión europea es el reforzamiento y relanzamiento del proyecto europeo. Este proceso de recuperación del proyecto europeo se está viendo en distintos ámbitos.

Uno es el fortalecimiento de las políticas comunes de salud después del éxito del programa de vacunación. El segundo ámbito son los programas en marcha de reactivación económica y lucha contra la crisis económica y social provocada por la pandemia. Un tercer aspecto es la Europa social, esencial para reducir las desigualdades. Una cuarta vertiente es la necesidad de que Europa tenga más «autonomía estratégica» en el escenario internacional. Esto ocurre en diferentes campos, como la seguridad o la tecnología.

El Alto Representante de la UE y vicepresidente de la Comisión, Josep Borrell, acaba de declarar que «Europa está en peligro» y ha presentado un proyecto estratégico en materia de seguridad con el nombre de Strategic Compass. Incluye la inmediata creación de un cuerpo militar de intervención rápida.

Retos estratégicos muy importantes en Europa son la economía (reducción progresiva del porcentaje del PIB europeo respecto al mundial), la demografía (decrecimiento de la población europea que llegará en las próximas décadas a significar sólo el 5% de la población mundial) y la tecnología (inferioridad frente a Estados Unidos y China en sectores estratégicos).

Algunos competidores clave, como China, tienen unos valores políticos muy distintos a los europeos. Existe una batalla de narrativas entre las grandes potencias. Aquella narrativa que daba por seguro que la prosperidad conducía inexorablemente a la democracia se ve refutada en la práctica por China, que pronto puede llegar a ser líder en sectores estratégicos de futuro, como inteligencia artificial, el cloudcoputing, semiconductores o biotecnología .

Con el Brexit se abre una oportunidad para España para afianzarse como uno de los grandes países de la UE, junto a Alemania, Francia, Italia y Polonia. Cataluña, por su parte, debe estar más presente en Europa.

Cataluña no puede quedar al margen de los procesos de toma de decisiones europeas, como hoy sucede a menudo. En este sentido, ha habido un retroceso considerable en los últimos tiempos, sobre todo si se comparan con la gran proyección que líderes catalanes anteriores, como Jordi Pujol o Pasqual Maragall, habían tenido sobre los asuntos europeos.

La Conferencia sobre el Futuro de Europa es una gran consulta ciudadana que acaba de lanzar la UE.

El Parlamento Europeo es copresidente de esta Conferencia -junto a la Comisión y el Consejo- y le da su apoyo total. Todos los ciudadanos europeos y las diferentes instituciones de la sociedad civil están invitados a participar. La clausura tendrá lugar el 9 de mayo de 2022, coincidiendo con el Día de Europa. Será una oportunidad única para que todos los ciudadanos europeos y la sociedad civil europea colaboren en configurar el futuro de Europa.

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