Lluvia de dinero para el Ayuntamiento de Barcelona, pero ¿de qué nos sirven?

El ayuntamiento de Barcelona recibirá casi 75 millones de euros de los fondos europeos Next Generation, pero la forma en que se les gastará Colau multiplica los problemas más que resolverlos. Casi 26 millones se dedicarán a los ejes sin tráfico que afectan a 5 calles del Eixample, 1,5 millones se dedicarán a controles de las Zonas de Bajas Emisiones, 9,2 millones a nuevos carriles para bicicletas, a pesar de la baja ocupación de muchos de ellos y el hecho terrible de que a más carriles bici más invasión de estas y patinetes del espacio reservado a los peatones y 6,2 millones se dedicarán a reducir la circulación de la Meridiana. A esto la teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, lo llama hacer una «ciudad más verde y habitable».

Barcelona vive un nivel de conflictividad vial como nunca, y el carácter original de este hecho nace de que su origen está en las políticas que lleva a cabo el Ayuntamiento. Es el caso de las nuevas islas que quiere implantar en el Eixample, la reducción radical de la movilidad en la Vía Laietana, el cierre a la circulación del Raval y Montjuïc, la ya apuntada reducción de carriles de la Meridiana y también la calle Pi i Maragall que une el distrito de Horta-Guinardó con Gràcia.

La evolución ideológica a la que Colau somete la movilidad de la ciudad tiene nefastas consecuencias. Es evidente que cada vez es más difícil la accesibilidad en coche a la par que no crece el uso del transporte público y se multiplican los accidentes provocados por bicicletas y patinetes. El 40% de los atropellos provocados en Barcelona son originados por patinetes. Es una cifra salvaje que pone de relieve el desbarajuste en el cual vive la ciudad. Al mismo tiempo no se resuelven los puntos negros, aquellos que concentran el mayor número de accidentes que deberían ser una prioridad. El problema adicional es que sólo la mitad del tráfico que circula por el Eixample, un 53%, está generado por el coche privado, mientras que el resto corresponde en un 17% a coches y camiones y un 30% a las motocicletas.

La gente utiliza el coche porque el transporte público no es satisfactorio en un 72% de las opiniones según la encuesta realizada en su momento por el RACC. También por la fiabilidad y flexibilidad del coche en un 36%. En un 11% porque debe realizar varios desplazamientos durante el día, y un 12% porque necesita el coche antes o después del trabajo.

La Barcelona verde de la que habla la teniente de alcalde, Sanz, es en realidad una ciudad más contaminada. De hecho, desde noviembre de 2021, y considerando la referencia del inicio de la pandemia, los niveles de contaminación de Barcelona ya han superado los correspondientes a 2019. En otros términos, ni las medidas ni la reducción de actividad provocada por la Covid han hecho que la atmósfera de Barcelona mejore. El fracaso es espectacular.

Al mismo tiempo que se insiste en medidas que complicarán más aún el espacio central de Barcelona, ​​como es el tranvía por la Diagonal, ni siquiera se plantea una solución tan razonable para disminuir el acceso de la entrada de vehículos a Barcelona como sería poner en funcionamiento el túnel ferroviario de Horta. Una cuestión que Colau ni siquiera plantea. Como tampoco se plantea la otra grave contaminación de la ciudad que es la del ruido. Barcelona se ha convertido en una capital en la que los vehículos a escape libre se multiplican, donde la regulación del ruido es deficiente y además no tiene ninguna policía de control. Es un absoluto desastre que hace que barrios enteros, como la Barceloneta, hayan protestado masivamente en varias ocasiones. Pero ese aspecto también permanece inédito.

Al tiempo que nos enseñan imágenes virtuales de nuevas plazas y calles verdes, aumenta la degradación de zonas importantes de la ciudad. Es el caso de la ronda de Sant Antoni que desde la reapertura del mercado permanece cerrada al tráfico, aunque ya no es necesario porque ha desaparecido la instalación provisional que acogió durante tantos años la actividad de este mercado. Esta plataforma es ahora una fuente de degradación de todo el eje y su entorno, como lo es la plaza dels Països Catalans y en su proximidad el parque de la Espanya Industrial.

En la práctica la reducción de los viales de Barcelona no están funcionando en beneficio del peatón, que debería ser el protagonista, y no de los muy protegidos ideológicamente desde el Ayuntamiento, patinetes y bicicletas que ocupan cada vez más espacio en la ciudad, aun con la existencia de carriles reservados para ellos. De hecho, el aumento de estos lo único que ha logrado es multiplicar la presencia de aquellos ingenios por aceras y zonas peatonales por las que circulan imponiendo su ley.

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