Cuando cientos de drones dibujaron el rostro de Antoni Gaudí sobre el cielo de Barcelona y la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia se iluminó ante miles de espectadores, muchos se preguntaron quién estaba detrás de ese espectáculo que parecía combinar arte, emoción y tecnología con una precisión casi mágica.
La respuesta tiene nombre y apellidos: Igor Cortadellas.
Director creativo, realizador y fundador de Igor Studio, Cortadellas se ha convertido en una de las figuras más influyentes de la creación audiovisual inmersiva en Catalunya. Pero lo que le diferencia de otros creadores no es solo su capacidad técnica. Es su forma de entender la tecnología: no como un fin en sí mismo, sino como una herramienta al servicio de las emociones.
Antes de dedicarse al mundo audiovisual, Cortadellas se formó como músico. Estudió oboe en el Conservatorio Superior de Zúrich, una experiencia que todavía hoy marca su forma de crear.
A diferencia de muchos directores creativos provenientes del mundo de la publicidad o del diseño, él construye sus proyectos con una profunda sensibilidad musical. El ritmo, las pausas, la intensidad y la narrativa emocional forman parte de su metodología de trabajo.
En 2008 fundó Igor Studio con la voluntad de fusionar música, imagen y tecnología. Con el tiempo, el estudio se ha especializado en proyectos culturales e institucionales de gran formato, trabajando con entidades como el Gran Teatre del Liceu, artistas internacionales como Lang Lang o iniciativas inmersivas tan reconocidas como Symphony.
El espectáculo de la Sagrada Familia no fue concebido como un simple show de luces y drones.
La idea era mucho más ambiciosa: transformar la basílica en un relato visual sobre Gaudí, su legado y culminación de una obra arquitectónica que lleva más de un siglo en construcción.
La Torre de Jesucristo, con sus 172,5 metros de altura, se convirtió en el eje central de la narración. La iluminación guiaba la mirada del público desde su base hasta la cruz culminante, convirtiendo la misma arquitectura en protagonista del espectáculo.
Mientras, los drones dibujaban figuras en el cielo y recreaban la imagen de Gaudí, culminando con una de sus frases más conocidas: “Primer l’amor, després la tècnica”.
Una declaración de principios que, de hecho, resume también perfectamente la filosofía creativa de Cortadellas.
Detrás de pocos minutos de belleza hay meses de trabajo.
Producciones como esta requieren modelado tridimensional del espacio, simulaciones digitales, programación de trayectorias, sincronización entre música e iluminación, permisos aéreos, coordinación con equipos de seguridad y decenas de ensayos virtuales antes del primer vuelo real.
Cada dron es una pieza de un enorme rompecabezas en movimiento. Un error de sincronización de segundos podría comprometer a toda la coreografía.
Por eso, más que dirigir un espectáculo, Cortadellas actúa a menudo como el director de una orquesta formada por ingenieros, programadores, artistas visuales, músicos y especialistas en tecnología.
En una época en la que la inteligencia artificial, los efectos digitales y los espectáculos tecnológicos son cada vez más habituales, el trabajo de Cortadellas destaca por una característica poco frecuente: la voluntad de emocionar.
Sus proyectos no buscan impresionar solo por la magnitud de los recursos usados. Buscan contar una historia.
Quizás por eso sus creaciones conectan tan bien con el público. Porque detrás de cada dron, cada proyección y cada efecto lumínico hay una pregunta muy humana: ¿qué queremos hacer sentir?
Y es precisamente esa mirada la que ha convertido a Igor Cortadellas en una de las voces creativas más singulares del panorama cultural europeo.
Cuando la tecnología desaparece y solo queda la emoción, es cuando su trabajo alcanza su objetivo.
Prime l'amor, després la tècnica. La frase de Gaudí iluminó el cielo de Barcelona en un espectáculo que lleva el sello creativo de Igor Cortadellas. #IgorCortadellas #SagradaFamilia Compartir en X





