Declaración conjunta Rusiaia China

Declaración conjunta Rusia-China del 4 de febrero. Contexto y consecuencias

Putin visitó Pekín el pasado 4 de febrero, invitado por el líder chino Xi Jinping. Firmaron una Declaración Conjunta. Después, presidieron juntos la ceremonia inaugural de los XXIV Juegos Olímpicos de Invierno. Todo esto ocurría veinte días antes de la invasión rusa de Ucrania. El documento firmado pretende abrir una nueva era de las relaciones internacionales. Su contenido esquemático es el siguiente:

Introducción

Hoy, el mundo está experimentando grandes cambios y la humanidad está entrando en una nueva era de rápido desarrollo y profunda transformación. Algunos actores representativos de una minoría a nivel internacional siguen defendiendo posturas unilaterales y el recurso a la fuerza para abordar las cuestiones internacionales (alusión implícita de Estados Unidos y Occidente en general). Es necesario buscar un nuevo orden mundial genuinamente multipolar.

Primera parte

La democracia es un valor humano universal y no es el privilegio de un número limitado de Estados. Una nación puede elegir formas y métodos genuinos de implementar en su casa la democracia. Rusia y China tienen una larga tradición democrática propia. Algunos Estados tratan de imponer sus propios “estándares democráticos” a otros pueblos (acusación implícita en Estados Unidos y Occidente).

Segona parte

Rusia y China trabajarán para reforzar los planes de desarrollo de la Unión Económica Euroasiática (UEE), impulsada por Rusia,  y de la iniciativa  Nuevas Rutas de la Seda (Belt and Road Initiative ; One Belt, One Road, OBOR, La Franja y la Ruta), impulsada por China. (La UEE se constituyó el uno de enero de 2015. La sede está en la ciudad kazaja de Almaty. Sus cinco estados miembros son Bielorrusia, Kazajistán, Kyrguistán, Armenia y la Federación Rusa. La Nueva Ruta de la Seda, fundada en 2013, es la gran política china de expansión internacional, que permite una presencia económica y política progresiva de Pekín en el mundo entero. Más de 70 países ya tienen contraído con China una deuda equivalente, como mínimo, a un 5% de su PIB. Se trata de “colonias” del nuevo sistema internacional que China está construyendo.Entre 2000 y 2017 se calcula que China financió 13.247 proyectos por un valor de unos 850.000 millones de dólares, entre los que destacan las grandes infraestructuras. China está haciendo lo que ya ha visto hacer en el Banco Mundial).

Tercera parte

Rusia y China reafirman el apoyo a la protección de sus intereses esenciales, soberanía estatal e integridad territorial, y se oponen a la interferencia de fuerzas externas en sus asuntos internos. Reafirman su apoyo al principio de China, confirman que Taiwán es una parte inalienable de China y se oponen a cualquier forma de independencia de Taiwán. Creen que ciertos Estados, alianzas políticas y militares y coaliciones (implícitamente Estados Unidos y Occidente) pretenden obtener ventajas militares unilaterales en detrimento de la seguridad de otros. Rusia y China se oponen a cualquier futura ampliación de la OTAN. Se oponen también a la formación de bloques en la región Indo-Pacífico (gran preocupación implícita de China por mantener abierto el pasaje marítimo por el Estrecho de Malaca, conducto esencial de sus importaciones masivas). China apoya las propuestas de Rusia de crear en Europa garantías obligatorias de seguridad a largo plazo (gran preocupación de Rusia por el acercamiento de la OTAN a su frontera europea).

Cuarta parte

Rusia apoya la propuesta china de construir una «comunidad de destino para toda la humanidad». China apoya la propuesta rusa de establecer un sistema multipolar justo de relaciones internacionales. La amistad entre Rusia y China «no tiene límites». Ambas partes fortalecerán la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO, siglas en inglés) y su papel en un orden mundial policéntrico, así como desarrollarán la cooperación en la región Asia-Pacífico. La SCO se fundó en 2001. Su sede es Pekín. Sus miembros fundadores son: China, Rusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán. En 2017 ingresaron como nuevos miembros India, Pakistán e Irán. Cuatro países son observadores (Afganistán, Bielorrusia y Mongolia), seis socios de diálogo (Azerbaiyán, Armenia, Camboya, Turkmenistán y Sri Lanka), cinco invitados (Turquía, CEI, ASEAN, UEE, ONU) y cinco interesados ​​(Banglades Egipto, Serbia y Palestina).

Con su Declaración Conjunta, Rusia y China asumen una nueva visión de la geopolítica mundial, caracterizada por un enfrentamiento global con Estados Unidos. Sobre el conflicto ucraniano, Zhao Lijian, portavoz del Ministerio chino de Asuntos Exteriores, ha declarado recientemente que “lo que la OTAN, liderada por Estados Unidos, ha hecho  (nuevas adhesiones al este de Europa) es lo que paulatinamente ha llevado al conflicto entre Rusia y Ucrania en el límite“.

Ahora que Putin ha invadido Ucrania y el presidente chino, Xi Jinping, se muestra revanchista hacia Taiwán, nos encontramos ante una fractura que afecta no sólo al orden mundial y al mercado internacional, sino a todo tipo de intercambios

Orville Schell, director del Centro sobre Relaciones entre Estados Unidos y China en el think tank estadounidense Asia Society, cree  que, con la Declaración Conjunta del 4 de febrero,  se acaba de crear un eje China-Rusia catalizador de una fractura que lo afectará todo, desde los intercambios culturales hasta el comercio internacional. Piensa que  Putin y Xi representan “el imperio del resentimiento“. “Ahora que Putin ha invadido Ucrania y el presidente chino, Xi Jinping, se muestra revanchista hacia Taiwán, nos encontramos ante una fractura que afecta no sólo al orden mundial y al mercado internacional, sino a todo tipo de intercambios. Cabe preguntarse por qué estos dos líderes autoritarios se entregan a impulsos tan autodestructivos, enemistándose con países tan importantes cuando el mundo se estaba volviendo interdependiente (globalización). Una primera respuesta es que los autócratas tienen mucho más margen de actuación, porque enfrentan escasos o nulos controles y contrapesos. Como líderes supremos, pueden moldear las políticas según lo dicten sus trastornos de carácter, sin que nadie les ponga obstáculos. Por otra parte, Putin y Xi están modelados por relatos históricos de resentimiento, sobre todo contra las “grandes potencias de Occidente, vease fundamentalmente a Estados Unidos”. Orville Schell  concluye que, por encima de cualquier otra cosa,  Putin y Xi quieren “respeto”.

La fuerza magnética del resentimiento compartido ha acercado Putin a Xi. De ahí viene su Declaración Conjunta, donde se destaca que su alianza «no tiene límites». Pero, justo antes de la invasión rusa de Ucrania, el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, señaló en la Conferencia de Seguridad de Munich la necesidad de proteger la «soberanía» y la «integridad territorial» de todos los países y que «Ucrania no era una  excepción». Se sabe que, tras la invasión, Xi llamó a Putin para explicarle que, si bien comprendía los temores de Rusia por su seguridad, China respetaba la soberanía de los estados nacionales y sostenía los principios de la Carta de las Naciones. Unidas. El Partido Comunista chino no quiere que potencias extranjeras interfieran en sus propios “asuntos internos”, teniendo siempre presente el desafío de Taiwán.

Lanxin Xiang, reconocido geoestratega y director del Institute of Security Policy de Shanghái -único ponente chino presente en el seminario War and Peace recientemente celebrado en Barcelona, organizado por el think tank local CIDOB- ha explicado la visión china sobre la invasión de Ucrania declarando lo siguiente:

Para el círculo de poder del Kremlin, la invasión era inevitable, están convencidos de que se han visto empujados a ella por Occidente, esencialmente por Estados Unidos

La guerra de Ucrania no tiene justificación, porque es una invasión de un país soberano con toda su tragedia, pero sí tiene causas, que es necesario conocer. No voy a justificar lo injustificable, pero puedo explicar las causas de los intereses de los países y cuál es la lógica de Putin y de sus asesores. Para el círculo de poder del Kremlin, la invasión era inevitable, están convencidos de que se han visto empujados a ella por Occidente, esencialmente por Estados Unidos. Ya lo predijo el diplomático, embajador en Moscú, George Kennan, autor del famoso telegrama de 1946 en el que anticipaba la guerra fría y recomendaba la política de contención de la URSS por parte de Estados Unidos, que resultó triunfante con la desaparición de la URSS en 1991. Lo volvió a advertir en 1998, después de terminada la guerra fría, al declarar que la expansión de la OTAN hasta las fronteras de Rusia era un grave error. Ya hacía 25 años que Rusia lo advertía. Kennan advirtió en los años noventa del siglo pasado que Rusia haría «cosas terribles» si la OTAN llegaba hasta sus fronteras, y es lo que ahora está sucediendo. Esto no justifica, insisto, moralmente a Putin, pero sí explica la invasión desde su óptica. La teoría que se encuentra detrás de su actitud es la del equilibrio westfaliano que conocemos los geoestrategas. Putin piensa que si le ponen artillería en su frontera, no tiene defensa. Son pequeños estados los que permiten equilibrios de poder entre potencias y Ucrania es el más importante de Europa. Y la OTAN se lo ha negado a Rusia durante 25 años. Además, no es correcto decir que la de Ucrania es la mayor invasión desde la Segunda Guerra Mundial. La invasión de Irak fue también la invasión de una acción soberana con la falsa excusa de las armas de destrucción masiva. Es lo que también piensa Moscú para justificarse. La guerra de Ucrania no será corta y los rusos no se irán sin la certeza de que Ucrania nunca será miembro de la OTAN. Si Kiev hubiera aceptado la neutralidad, hoy no habría guerra”.

Occidente pretende imponer al mundo sus valores y quiere acorralar a China

Xiang advierte que «los grandes perjudicados serán los europeos» y que Estados Unidos sufre mucho menos las consecuencias de la guerra que los europeos. También ha afirmado que Occidente pretende imponer al mundo sus valores y quiere acorralar a China. Sostiene que los valores occidentales no son universales, sólo lo son las civilizaciones, como la occidental o la china. «Lo que conviene,  y es necesario, es el respeto y el diálogo entre las diferentes civilizaciones».

¿Ayudará China a Rusia a salir del callejón sin salida de la invasión de Ucrania?

China hará -ya está haciendo- algo. Tratará de mediar y hablar con unos y otros y, sobre todo, aprenderá de los errores cometidos por su aliado Putin con la invasión de Ucrania. No es posible entender la barbarie de la invasión rusa de Ucrania sin integrarla en el contexto de una reorientación estratégica de amplia magnitud elaborada estos últimos años, materializada en la Declaración del 4 de febrero, que evidencia una nueva visión de la geopolítica mundial. Ambas potencias temen un nuevo orden global controlado por Estados Unidos, que seguiría dominando Europa y perfeccionando el cerco de Rusia y China. Es una visión de hostilidad, que los rusos verifican con el deseo de Ucrania de entrar en la UE y en la OTAN y que los chinos comparten y también verifican, por ejemplo, con la reciente venta de submarinos nucleares americanos y británicos en Australia, o con las relaciones estadounidenses con Taiwán.

China cuenta con Rusia como socio privilegiado para sus propósitos, pero la invasión rusa de Ucrania, tal y como Putin le ha planteado, le incomoda

China juega en el mundo geopolítico global con una visión de supremacía inevitable a medio y a largo plazo, frente al declive relativo de Estados Unidos y la decadencia de Occidente en general. Cuenta con Rusia como socio privilegiado para sus propósitos, pero la invasión rusa de Ucrania, tal y como Putin le ha planteado, le incomoda. Las sanciones occidentales en Rusia son muy fuertes -por ejemplo, el bloqueo de las reservas de divisas del banco central- y China no quiere correr el riesgo de compartirlas. Las reacciones chinas sobre la invasión son, hasta ahora, ambiguas. China se ha abstenido en la votación de Naciones Unidas sobre la invasión. Mantiene abiertos contactos con Estados Unidos para encontrar una solución. A pesar de lo que dice la Declaración Conjunta del 4 de febrero, es evidente que las relaciones entre China y Rusia tienen “límites”.

La crisis de Ucrania ha despertado a la UE en la geopolítica. No es conveniente para la UE una Rusia enemiga cada vez más sujeta a China.

Rusia tiene un alma europea, y comparte historia y cultura con Europa. Tiene una economía complementaria de la europea. La UE debería contribuir a la tarea nada fácil de que Rusia acabara superando sus profundas raíces totalitarias, particularmente las estalinistas, y se democratizara. Putin   sigue siendo en el fondo un Kagebeshnik (exmiembro del KGB, la tenebrosa “agencia de seguridad” de la URSS). Los intereses geoestratégicos europeos son distintos a los estadounidenses. A largo plazo, lo que interesa a Europa es un entendimiento con una Rusia democrática. Las razones para un entendimiento son muchas: culturales, históricas, económicas, sociales, espirituales. Estados Unidos puede ser aislacionista, Europa no.

Juan Antonio March,  Embajador de España en Rusia entre los años 2007 y 2011, sobre la guerra de Ucrania piensa que es el momento de buscar un mediador y de centrarnos en conseguir la paz. Considera que si alguien pusiera sobre la mesa una propuesta de solución que Putin considerase equilibrada, podría aceptarla. Ya se está hablando de propuestas concretas y articuladas de un posible acuerdo (Financial Times, 16 de marzo). El embajador March piensa que, además de facilitar un acuerdo entre Rusia y Ucrania, “tendría que propiciar una conferencia de seguridad y desarrollo comunes en Europa. Hay que volver a ofrecer confianza a Rusia para que tenga un proyecto de futuro conjunto con Europa. La visión de De Gaulle era muy correcta: hace falta construir una Europa del Atlántico a los Urales y de los Urales al Pacífico“.

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