La reconstrucción de la catalanidad exige pasar de la reacción a la fundación, de la protesta a la transmisión, de la identidad emotiva a la consistencia humana.
La gran tarea de nuestro tiempo no es solo defender a Catalunya, sino volver a hacerla capaz de reproducirse como una nación densa, abierta, históricamente consciente y forjadora de una humanidad bien desarrollada. Es el momento de recuperar el Humanismo Integral o, si se quiere en términos más cercanos, la propuesta de la Magnifica Humanitas.
Y esto solo será posible si una minoría creadora, convertida en vanguardia, sabe construir una corriente social portadora de este proyecto, capaz de convertirse en relevante tanto en la agenda cultural como en la gobernanza del país.
Para ello, es necesario aclarar previamente tres conceptos que a menudo se presentan como sinónimos a pesar de sus diferencias sustanciales, porque de ellos dependen los objetivos políticos y culturales que nos fijamos: catalanidad, catalanismo y nacionalismo catalán.
1. Catalanidad
¿Qué es la catalanidad? Es, por ejemplo, la correspondencia entre Josep Pla y Francesc de Borja Moll entre 1948 y 1979 sobre la lengua, la cultura y el país. Desde experiencias vitales y políticas muy distintas, ambos dialogan sobre el estado de la cultura catalana y su futuro.
La catalanidad es la condición de pertenencia cultural, histórica y simbólica a Catalunya. Es el concepto más amplio, y su vinculación con el país no depende necesariamente de una determinada opción política. Es, por definición, suprapartidista. En este sentido, constituye el mayor nivel de pertenencia, pero también el más vulnerable a interpretaciones ideológicas divergentes.
Incluye la lengua catalana, la memoria histórica compartida, las costumbres, instituciones y formas de vida; una determinada forma de entender la convivencia; un paisaje humano y moral; referencias culturales, religiosas y cívicas; y la conciencia de formar parte de una continuidad histórica.
En la medida en que estas características se desarrollan plenamente, la catalanidad se convierte en la mejor garantía de continuidad de Catalunya. Pero precisamente ahí reside su principal limitación inicial: la plenitud de la catalanidad no viene dada, sino que se construye.
La catalanidad puede existir sin militancia política alguna. Una persona puede sentirse plenamente catalana por la lengua, sus raíces familiares, la cultura, la adhesión a una tradición civil o la voluntad de integración en el país. Todos estos elementos son factores operativos que pueden actuar a favor o en contra según su orientación hacia Catalunya.
Se puede ser plenamente catalán y servir a su país sin ser necesariamente catalanista ni nacionalista. Por eso la catalanidad es, sobre todo, una identidad civilizacional y comunitaria.
Esta idea puede expresarse con una formulación clásica del pujolismo: «Es catalán todo aquel que vive, trabaja y ama a Catalunya». Y aún se podría condensar más: es catalán todo aquel que ama a Catalunya.
La catalanidad es el sustrato humano, cultural e histórico de Catalunya. Y sin sustrato nada puede crecer.
2. Catalanismo
El catalanismo es la traducción cultural y política de la catalanidad.
Nace cuando la conciencia de catalanidad se convierte en defensa de la lengua, preservación de la personalidad colectiva catalana, reivindicación de las propias instituciones, proyecto de país y demanda de autogobierno.
El catalanismo no presupone necesariamente la independencia. Puede adoptar formas regionalistas, autonomistas, federalistas, confederales, soberanistas o independentistas.
Su núcleo es este : Catalunya es una realidad nacional diferenciada y debe disponer de los instrumentos políticos necesarios para protegerla y desarrollarla. Es, por tanto, un movimiento doctrinal y político, y no solo una identidad.
El catalanismo es la voluntad de organizar políticamente la catalanidad.
Sin embargo, en las condiciones objetivas actuales determinadas por la Constitución española y el Estatuto de Autonomía, esta concepción tiende a confundirse con la práctica institucional ordinaria. Buena parte de lo que históricamente definía el catalanismo ya está incorporado al marco autonómico vigente.
Por eso, hoy, un catalanismo que no promueve activamente la independencia se realiza principalmente a través del buen gobierno, de la conversión del patriotismo en una vía de perfección humana –en el sentido señalado por Alasdair MacIntyre– y de la aplicación exhaustiva de todas las potencialidades del marco estatutario e institucional.
Esto implica también una búsqueda constante de la excelencia institucional, entendida en el sentido que le atribuye la Nueva Economía Institucional (NEI).
Ser catalanista como expresión política de la catalanidad significa perseguir con eficacia y eficiencia el bien común dentro del marco institucional existente, reclamando del Estado y de la Unión Europea un ejercicio honesto del principio de subsidiariedad, mientras ese mismo principio se aplica internamente.
Este es el largo camino a recorrer: afrontar los retos con nuestras propias fuerzas y desarrollar al máximo nuestras capacidades colectivas.
3. Nacionalismo pujoliano
El nacionalismo pujoliano es una forma específica y más intensa de catalanismo, basada en dos requisitos hoy muy ausentes de la política: la entrega y el servicio desinteresado al país.
Es una categoría práctica, pero sobre todo moral. No es equiparable a lo que habitualmente se entiende por nacionalismo, porque en realidad es una expresión de comunitarismo revestida con las cuatro barras.
Parte de la idea de que Catalunya es una nación en sentido pleno y, por tanto, el sujeto natural de la soberanía política. Esta soberanía se ejerce dentro del marco y los límites del Estado, pero sin renunciar al derecho de ir más allá si ese marco deja de respetar sus propios límites o compromisos.
Aquí la nación deja de ser solo una realidad cultural y se convierte en un principio de legitimidad política.
Esto puede conducir a distintos grados de afirmación nacional: desde una defensa robusta de Catalunya en España hasta el derecho a decidir, la soberanía compartida, el estado propio o la independencia.
El nacionalismo catalán, en sentido estricto, hace hincapié en la nación, la soberanía, el poder político, el reconocimiento externo y la continuidad histórica como fundamentos de legitimidad.
El nacionalismo catalán es el catalanismo cuando la nación es concebida como sujeto soberano.
Rehacer, reparar y regenerar Cataluña. Catalanidad, catalanismo y nacionalismo pujoliano (I)
Sin una catalanidad fuerte no existe catalanismo eficaz; sin catalanismo no hay proyecto nacional; y sin una minoría creadora no hay reconstrucción de Catalunya. #Catalunya Compartir en X





