La izquierda desnortada, en permanente búsqueda de causas y políticas, ha encontrado un nuevo guía: Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York desde enero. Entre sus realizaciones más publicitadas figura la reparación de 100.000 socavones en cien días. Está bien. Una ciudad necesita pavimentos transitables. Pero arreglar baches no convierte a nadie en referente de una renovación política.
Su principal atractivo es haber ganado las elecciones. Esa es, a mi juicio, la mercancía que interesa a Jaume Collboni y Pedro Sánchez: asociarse a la imagen de un ganador.
Mamdani ha popularizado el concepto de «asequibilidad». Elif Eralp, candidata de Die Linke, también ha triunfado en Berlín colocando la vivienda en el centro de su campaña. La prueba de fuego será comprobar cómo se trasladan esas propuestas a la gestión.
La palabra designa una necesidad real: que los ingresos permitan pagar lo indispensable. El problema aparece cuando la etiqueta sustituye al diagnóstico. Es un vicio del progresismo de este siglo: esquivar las causas, fabricar un apaño y presentarlo como transformación.
Poder adquisitivo y fiscalidad
Alimentos y vivienda comparten un problema: resultan demasiado caros en relación con los ingresos familiares, principalmente salariales. Pero sus causas no son idénticas y requieren respuestas diferentes.
En la alimentación y los bienes básicos pesan la inflación acumulada, la insuficiencia salarial y la carga tributaria. Según la OCDE, la cuña fiscal en España para un trabajador soltero, sin hijos y con un salario medio pasó del 39,8% del coste laboral en 2019 al 41,4% en 2025: 1,6 puntos más. La media de la organización fue del 35,1% en 2025.
La cuña fiscal incluye el IRPF y las cotizaciones del trabajador y de la empresa; no equivale al descuento que aparece en la nómina ni afecta por igual a todas las rentas. Pero permite medir la distancia entre el coste de contratar a un trabajador y el dinero que finalmente llega a su bolsillo. Además, la inflación puede elevar la tributación sin aumentar la capacidad real de compra cuando el sistema fiscal no se adapta.
Para quienes apenas tributan por IRPF, una rebaja nominal sirve de poco. Necesitan transferencias accesibles y compatibles con el empleo, que no se pierdan entre requisitos confusos, trámites lentos y ventanillas sucesivas.
Vivienda asequible: construcción y coordinación
En materia de vivienda, una de las causas fundamentales es la insuficiente producción de vivienda protegida. El Gobierno debe impulsar y financiar un esfuerzo masivo, sostenido y coordinado. Las comunidades autónomas y los ayuntamientos deben aportar suelo, gestión y capacidad de ejecución. Años de desatención no se corrigen con anuncios.
También hay que acortar los procedimientos que eternizan la construcción, afrontar sus costes y formar trabajadores. La inmigración, por numerosa que sea, no proporciona automáticamente los oficios que necesita el sector. Hacen falta capacitación e incorporación efectiva al mercado laboral de la construcción.
Tras ocho años de Sánchez, la distancia entre propaganda y resultados resulta difícil de ignorar. El portal Casa 47 arrancó en septiembre con 638 viviendas para toda España, sin oferta inicial en Madrid ni Barcelona. Además, el Observatorio del Alquiler denuncia que, para los hogares que cumplen los requisitos de ingresos, ninguna de esas viviendas respeta el umbral del 30% cuando se incorporan los gastos de suministros y comunidad. Es una denuncia concreta sobre el cálculo de la asequibilidad que merece una respuesta, no otro eslogan.
Las tiendas asequibles de Collboni no resuelven el problema
Collboni propone importar a Barcelona la fórmula comercial de Mamdani. El primer establecimiento está previsto en La Marina para 2027, en un local municipal y gestionado por una entidad sin ánimo de lucro. Mi pronóstico es que esta ambición de crear una red puede acabar reducida a una inauguración y una fotografía.
La pregunta económica sigue intacta: ¿cómo venderá más barato que las cadenas con grandes volúmenes de compra y redes logísticas consolidadas?
Renunciar al beneficio no elimina los costes. Sueldos, transporte, conservación, energía y pérdidas de producto siguen existiendo. El ahorro dependerá del excedente que pueda obtenerse realmente. Y si la nueva tienda compra más caro que sus competidores, esa desventaja puede absorber el margen antes de que el ahorro llegue al consumidor.
Siempre queda la subvención, ya sea directa o mediante la cesión de locales y la prestación de servicios. En ese caso, el menor precio en caja tiene un coste presupuestario que debe contabilizarse. La comparación pertinente es cuánto cuesta cada euro de ayuda efectiva y a cuántas familias llega. Sin esas cuentas, prometer asequibilidad es vender una intención.
Una tarjeta de compra para apoyar a las familias
Existe una alternativa más directa: una tarjeta para adquirir bienes necesarios, destinada a hogares con bajos ingresos y graduada según su renta disponible por miembro, con ajustes en función de la composición familiar.
Utilizable en comercios adheridos, incluidos los de barrio, permitiría aprovechar establecimientos ya existentes y mantener la capacidad de elección de las familias. Puede convivir con el cooperativismo como apoyo complementario. También exige controles y evaluación, pero evita crear una estructura comercial específica para canalizar la ayuda.
Porque una nueva oferta subvencionada puede desplazar ventas del pequeño comercio antes que de las grandes cadenas. En barrios con poca oferta, la apertura de establecimientos puede tener utilidad; otra cosa es presentarla como un remedio general frente al empobrecimiento. Extender el modelo sin medir sus efectos podría debilitar aún más el tejido comercial urbano.
Collboni ha confundido una iniciativa vistosa con una política suficiente. Si quiere hablar de asequibilidad, que concrete la tarjeta de compra. Y Sánchez debe aliviar la fiscalidad de las rentas más bajas, hacer efectivas las ayudas e implantar una prestación universal por hijo.
Eurostat sitúa en el 33,8% el porcentaje de menores españoles en riesgo de pobreza o exclusión social en 2025, frente al 24,3% de la media europea. Es una situación que reclama resultados. Ninguna fotografía con Mamdani llenará la nevera de una familia ni pagará su alquiler.
La izquierda busca en Mamdani la imagen de un ganador. Pero importar un supermercado no equivale a recuperar el poder adquisitivo de las familias. Collboni debe explicar costes, alcance y resultados. #Barcelona #Collboni Compartir en X






