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Un año después de su vuelta al poder, ¿qué han hecho los talibanes en Afganistán?

A mediados de agosto de 2021, hace un año, los talibanes tomaron el control de Kabul, la capital de Afganistán. Veinte años después de su caída, provocada por la ofensiva estadounidense en respuesta a los atentados del 11-S, uno de los movimientos islámicos más estrictos y violentos del mundo reencontraba la sede de su antiguo poder.

¿Pero qué han hecho los talibanes desde la toma de Kabul? En nuestro país, como en muchos otros países occidentales, se ha hablado mucho de la prohibición de escolarizar a las niñas, pero hay muchos otros hechos destacables más allá de esta triste y mediatizada decisión.

Los talibanes están convencidos de estar construyendo un régimen ejemplar para el mundo entero

El primer apunte es que los talibanes están convencidos de estar construyendo un régimen ejemplar para el mundo entero. No es de extrañar que su líder supremo, el emir Hibatullah Akhundzada, se mostrara exasperado después de que una delegación de la Organización de Cooperación Islámica intentara hace unas semanas convencer a su gobierno de permitir a las niñas volver a la escuela . «¿Por qué el mundo interfiere en nuestra labor?», se explayó.

Inmediatamente después de la toma de Kabul y del colapso final de la escasa resistencia que aún quedaba en Afganistán, los talibanes reorientaron sus esfuerzos hacia la edificación de lo que consideran como el único auténtico régimen islámico del mundo.

Un funcionario de los talibanes, citado por el Financial Times, llegó a comentar: «hasta ahora no hemos visto un sistema verdaderamente islámico». «Aunque Irán y Arabia Saudí se autoproclaman islámicos», añadió. El listón que el nuevo régimen de Kabul se impone es pues muy alto.

Lo que esto significa está bastante claro: «la ley islámica es el punto de partida de lo que se aplicará en Afganistán», declaró un portavoz del ministerio de asuntos exteriores de Afganistán.

A pesar de que ningún país ha reconocido oficialmente el nuevo régimen de los talibanes, éstos ya han recibido e incluso hecho visitas diplomáticas muy importantes. Además de la de la Organización de Cooperación Islámica ya mencionada, destacan también las conversaciones con China y con Rusia que se produjeron poco después de la caída de Kabul el pasado verano.

En el ámbito interno, los talibanes trabajan para borrar todo rastro de influencia occidental en la administración pública. Han situado al frente de las instituciones antiguos combatientes e ideólogos fervientes, pero han dejado que la mayor parte de los funcionarios se mantuvieran en sus puestos.

En materia económica, podría decirse que la política de los talibanes se acerca (remotamente) a los postulados liberales: han reducido la burocracia y derogado numerosas regulaciones a fin de incrementar las exportaciones de frutas y carbón a los países vecinos.

Su intención es conseguir que el país no dependa más de las ayudas extranjeras, que suponían hasta tres cuartas partes de los ingresos públicos del antiguo gobierno prooccidental.

Los talibanes habrían logrado establecer un modesto presupuesto público equivalente a unos 2.500 millones de euros y que supone en torno a la mitad del del ejercicio 2020

Según afirman ellos mismos, los talibanes habrían logrado establecer un modesto presupuesto público equivalente a unos 2.500 millones de euros y que supone en torno a la mitad del del ejercicio 2020. Suficiente para pagar los sueldos de los trabajadores públicos, pero con escaso margen para invertir y llevar a cabo grandes reformas.

Sin embargo, un estudio encargado por el ministerio británico de asuntos exteriores apunta a que los talibanes habrían logrado reducir notablemente la corrupción gubernamental en las aduanas. El motor de ese cambio positivo parece haber sido una disciplina férrea y la amenaza de penas físicas.

El pasado mes de junio, por ejemplo, los talibanes reprimieron con fuego y sangre una rebelión que había estallado en la provincia de Sar-e Pol, rica en carbón.

Sin embargo, varios analistas han expresado sus dudas respecto a la capacidad real de los talibanes para gobernar un país a largo plazo. Antes su objetivo era simple: conseguir el poder. Ahora, cuando deben administrarlo, las cosas se han complicado.

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