Sudáfrica: ¿hacia un estado fallido?

Sudáfrica, uno de los países más ricos y avanzados del continente, y presentado durante años como un ejemplo a seguir, parece estar sufriendo una desintegración a cámara lenta.

Esto es lo que alertan varios observadores y periodistas internacionales que han constatado la decepción con el actual presidente Cyril Ramaphosa, que tras su elección en 2018 se consideraba la gran esperanza del país.

Ramaphosa ha demostrado carecer de iniciativa y de capacidad para reformar en profundidad. Su liderazgo se ha visto aún más cuestionado por el supuesto descubrimiento reciente de un botín de millones de dólares estadounidenses en efectivo escondidos en su residencia de verano.

Suráfrica tiene actualmente un paro oficial del 34,5%, y que sobrepasa el 60% entre los jóvenes. Cada día se producen unos setenta asesinatos, pero la tasa de encarcelamiento efectivo de los sospechosos de haber cometido delitos se sitúa en un escaso 15%.

Los cortes energéticos se han convertido en parte del día a día de los sudafricanos, y este verano la capital económica, Johannesburgo, ha llegado a sufrir paros del suministro eléctrico de hasta nueve horas seguidas.

Se teme que las violentas protestas que sufrió el país hace un año vuelvan pronto con mayor fuerza. El expresidente Thabo Mbeki ha llegado incluso a afirmar recientemente que Sudáfrica corre el riesgo de sufrir su propia “Primavera Árabe”.

¿Cómo ha llegado hasta aquí un país modélico por su economía pero sobre todo por su vida política democrática y sólido estado de derecho tras el fin del Apartheid ?

Parece que la degradación viene de lejos. El reconocido periodista sudafricano Brian Pottinger explica que el propio Thabo Mbeki, que gobernó entre 1999 y 2008 y fue el sucesor inmediato del propio Nelson Mandela, protagonizó el inicio de la decadencia del país.

Entre otras cosas, Pottinger afirma que Mbeki destrozó el potente aparato anticorrupción de Suráfrica cuando éste investigaba altos cargos del venerable partido de Mandela, el Congreso Nacional Africano.

Mbeki también instauró un sistema de extorsión de riqueza y de oportunidades disfrazado de empoderamiento de la población negra, dando pie a la aparición de una nueva élite económica extremadamente avariciosa. Según Pottinger, Mbeki fue un “desmodernizador” del país.

La presidencia de Mbeki dejó paso en 2009 a la de Jacob Zuma. Y si Mbeki es cuestionado, Zuma ha recibido un rechazo prácticamente unánime por su catastrófica obra de gobierno (por nombrar lo que hizo entre 2009 y 2018 de alguna manera). Las malas prácticas que Mbeki inició tomaron una forma mucho más grave con su sucesor.

Bajo Zuma, el Congreso Nacional Africano se convirtió en una verdadera “organización criminal” dedicada al pillaje de la rica nacional, tal y como el comentarista político sudafricano Songezo Zibi la ha recientemente catalogado. Y ahora, Ramaphosa falta la fuerza y ​​cada vez más la legitimidad para enderezar firmemente el rumbo del país.

Todos los sudafricanos que pueden optan por la privatización de sus servicios básicos

Mientras tanto, todos los sudafricanos que pueden optan por la privatización masiva de los servicios básicos: salud, transporte, pero también seguridad e incluso electricidad . La venta de armas y la instalación de generadores de corriente viven un boom en Suráfrica.

Aunque Ramaphosa ha introducido algunas mejoras, la opinión mayoritaria es que las instituciones, servicios e infraestructuras colapsan más rápidamente de lo que el gobierno es capaz de actuar.

A estas alturas, la principal fortaleza de Sudáfrica parece ser que su sistema democrático sigue de pie y que la libertad de expresión se garantiza todavía.

Así pues, los sudafricanos tienen la vista puesta en el 2024, año de las próximas elecciones, y cada vez son más los que ven claro que la solución pasa por apartar al Congreso Nacional Africano del poder. En efecto, el partido se ha mantenido invariablemente desde las primeras elecciones post-Apartheid de 1999.

Sudáfrica necesita más que nunca desde el fin del Apartheid que entre aire fresco en sus instituciones. Pero si el Congreso Nacional Africano encuentra la manera de mantenerse en el poder, la derrota podría confirmarse y Sudáfrica deslizarse más rápidamente hacia la quiebra estatal.

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