En primer término, y ante todo, para resolver un hecho humano. Para que puedan volver a casa personas que han sido castigadas a penas que desde mi punto de vista son desaforadas. No cuestiono que hubo una ruptura grave con la ley, pero también constato que ésta no quiso ser efectuada.

En este sentido, los argumentos jurídicos, que no políticos, del defensor de Joaquim Forn, Xavier Melero, creo que describen lo que sucedió realmente. Por otra parte, lo que llevaron a cabo los dos Jordis creo que de ninguna manera significa que estuvieran dirigiendo un acto sedicioso. Otra cosa son sus opiniones. Pero en el sistema constitucional español, aunque no lo parezca en ocasiones, todas las opiniones, incluso las que van contra la propia Constitución, pueden producirse y deben ser respetadas. Sólo son los actos los que cuentan, y éstos deben ser valorados en sus justos términos.

Dicho esto, es evidente que considero que el indulto es un beneficio individual claro y evidente. A partir de aquí la claridad y la evidencia desaparecen. No voy a entrar en el debate sobre si se puede conceder o no un indulto después de los pronunciamientos tan vigorosamente contrarios de la justicia, porque lo que tengo interés en reflexionar es sobre las dos tesis confrontadas de su utilidad pública.

Una, la del gobierno español que afirma que esta decisión abre la puerta al diálogo y al entendimiento y permite abordar un progresivo desarme del independentismo. Estas consideraciones, sin embargo, no les permiten ser tan optimistas como para afirmar que la reivindicación desaparecerá. Más bien nos dice que conseguirán cronificar el problema para que se agudice más.

Pero esta no es una buena solución. Las reflexiones de Jordi Pujol que publica Converses señalan claramente las razones, que no son otras que el hecho de que el enquistamiento es en sí mismo ya un problema. Y luego, también, porque la cronificación no quiere decir que no vuelva a reproducirse de manera grave en un futuro más o menos corto. Hay un correlato de esta posición en el campo independentista que dice que los indultos perjudican la causa porque desmovilizan. Me parece una lectura humanamente insensible y políticamente poco elaborada. Porque, y vamos a la segunda tesis: la de que el indulto acentuará la reivindicación del independentismo porque mostrará la debilidad del estado, al tiempo que no mermará las dos banderas centrales, que son la amnistía y la autodeterminación.

En este caso, la lectura política del hecho por parte del independentismo tiene un correlato exacto con lo que dice la derecha española: el indulto se produce porque el PSOE necesita desesperadamente los votos independentistas en el Congreso para gobernar. Y esta es su gran debilidad y lo que da aire y alimenta la esperanza del independentismo. El PSOE ha definido una estrategia, querida o porque se lo ha encontrado por el camino, que es la de fortalecer el bloque que permitió la investidura de Pedro Sánchez, donde juega evidentemente UP, pero también Bildu, PNV, ERC y otros votos del independentismo catalán. La desaparición de Cs y el resurgimiento de la derecha, hoy primera fuerza electoral en España, hace que el PSOE quede esclavo de mantener este bloque, y eso los republicanos lo saben. Por lo tanto, no tienen ninguna necesidad de retroceder con las banderas independentistas. Todo lo contrario, pueden apretar y apretar hasta el límite de la ruptura.

Por otra parte, JxCat, y esta es una gran paradoja política, valora como un bien lo que Pujol califica en términos negativos: la cronificación del problema del independentismo en Cataluña es una fuente de graves problemas para toda España. Esto que a Pujol le parece mal, a Puigdemont y a todo un amplio sector de JxCat les suena a canto celestial, porque es precisamente lo que consideran necesario para forzar el referéndum. Por lo tanto, y esta es la reflexión, las dos tesis por caminos diferentes confluyen en el mismo punto: los indultos no solucionan el problema porque la cronificación es consolidar el impacto negativo que tiene sobre la política española, y la debilidad que demuestran da más aire, incluso a los republicanos, que son el caballo blanco de quienes creen que por esta vía hay un entendimiento.

La única variación que se podría producir en este escenario sería el de un estruendo que rompiera el acuerdo de intereses de republicanos y puigdemontistes y que llevaran a aquellos a hacer el entendimiento, que de hecho ya funciona en la ciudad de Barcelona, con Comuns y PSC. Es difícil que se produzca porque además hay otro agente en competición, que es la CUP, que cada vez le come más terreno a los Comuns, que pueden acabar con la misma declinación que Cs. Este agente también marca de cerca el camino de ERC.

En el fondo de todo hay una cuestión que nadie quiere afrontar: que con la actual correlación de fuerzas, la solución no es posible. No la afrontan los dirigentes de la sociedad civil catalana y de los medios que la representan por su pereza política y tendencia al vuelo gallináceo, y los partidos españoles porque no interesa en absoluto. No interesa al PSOE porque dice que él solo no tiene la solución, y porque en el caso del PP le rompe su fácil recurso a explotar de mala manera el conflicto catalán, prefiriendo el pan para hoy a cambio del hambre de mañana, porque nunca tendrá suficiente fuerza para gobernar en España sin Cataluña .

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