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Pandemia en Cataluña. Las espadas siguen en alto, mientras Alba Vergés desaparece del escenario

La última semana de julio será decisiva para ver cómo evoluciona la Covid-19 en Cataluña. Las cifras del Segrià siguen siendo extraordinariamente altas, 469 casos por 100.000 habitantes, cinco veces más que en el momento más difícil del mes de marzo. La posible buena noticia es que parece que la cifra tiende a estabilizarse. En todo caso la tasa de crecimiento se ha reducido claramente, porque desde el máximo de 2,5 casos por persona está ya casi a la línea estratégica de 1 caso por persona. Cuando la cifra descienda por debajo de la unidad, querrá decir que la propagación ha cesado y que la pandemia se reduce día a día.

En el caso de Barcelona ciudad la situación es diferente porque si bien la cifra de contagio ha tendido a reducirse, continúa alta, en torno a los 2 casos, mientras que en el área metropolitana el comportamiento es diferente porque sigue creciendo. Lo hace en Badalona, ​​Cornellà, y en otras grandes poblaciones del entorno metropolitano. L’Hospitalet de Llobregat sigue siendo el área de mayor incidencia si bien también hay indicios de contención.

Pero todas las previsiones todavía son inciertas y pueden cambiar. En L’Hospitalet con 203,6 casos por cada 100.000 habitantes continúa presentando una cifra cuatro veces superior a la que marca el ritmo de peligro, mientras que en Barcelona la situación, siendo negativa, es significativamente mejor porque sólo tiene 67 casos para cada 100.000 habitantes. El nuevo secretario de salud pública ya ha admitido que el virus circula de manera descontrolada en concreto en Barcelona, ​​parte del área metropolitana, el Segrià y en Figueres.

Todo ello presiona de forma importante al sistema sanitario. En Lleida también ,en el Hospital Arnau de Vilanova y en el área metropolitana sobre todo en lo referente a los Centros de Atención Primaria (CAPS) que están al límite, un hecho agravado por las vacaciones de julio, que como es lógico se multiplicarán en el mes de agosto. El nuevo máximo responsable de salud pública, el secretario general Josep Maria Argimon, asegura que con la incorporación de personal auxiliar para hacer los seguimientos, reducirá la presión sobre el personal sanitario de los CAPS. Pero este no sólo registra el aumento de casos de SARS-CoV-2, sino también todas aquellas otras patologías que quedaron congeladas en cuanto a su tratamiento en el período álgido de la crisis, más un nuevo contingente cada vez más presente que son personas que se han curado de la Covid-19 pero presentan secuelas importantes que requieren la asistencia sanitaria.

La situación ha sido suficientemente grave para que de una manera silenciosa se produjera la sustitución de facto de la consejera Alba Vergés, quien hacía tiempo que había agotado toda su credibilidad. Ha sido sustituida por un profesional de la casa de alto nivel, el director del ICS que gestionaba 40.000 profesionales y 3.300 millones de presupuesto.

Argimon ha alcanzado el nuevo cargo de secretario general de salud pública que estaba bacante hacía meses con la condición de mantener su cargo al frente del ICS. Esta dualidad con dos funciones, cada una de ellas de trabajo y responsabilidad extrema, señala la emergencia y la urgencia de la situación que vive la sanidad catalana porque es insólito que se puedan combinar bien los dos cargos. En realidad nos encontramos ante una sustitución por la vía de hecho y no del Diario Oficial de la consejera Alba Vergés. En este momento Argimon, que se define como independentista pero no como patriota, y es partidario, según sus palabras, encarnizado de la independencia sin una adscripción política concreta, es en realidad el nuevo consejero de Salud de la Generalitat. De esta manera ERC ha perdido por la vía de la mala práctica dos de los consejeros que gestionaban un volumen más importante de recursos, y que tenían que demostrar la eficacia republicana en el ámbito social. Primero fue Chakir El Homrani, a quien llegaron a expropiar todo un ámbito importante como es el de las residencias.

En condiciones normales, y con consejeros normales, esto habría representado el cese o la dimisión por pundonor del mismo consejero. Ahora, y aquí la cosa, se ha saldado con el silencio, y pocos meses después le ha tocado a Alba Vergés que ha tenido desde el primer momento un papel muy poco afortunado en su gestión de la sanidad ante la Covid-19. Argimon tiene la virtud de que ha sido responsable del ICS con diferentes gobiernos de la Generalitat, lo que indica un nivel profesional de calidad.

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