La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) en palabras de Marco Cavaleri, responsable de estrategia de vacunación, ha alertado de una nueva ola de Covid-19 en las próximas semanas, causada por las nuevas subvariantes de ómicron, y ha alertado sobre la necesidad de protegerse para evitar casos graves.

Las nuevas subvariantes la BQ1 y BQ1.1 todavía son estudiadas, mientras que el ómicron BA.5 es actualmente mayoritaria. De hecho, se reconoce que el virus evoluciona más rápido que la adaptación vacunal, pero las diferencias no son tan grandes como para que de momento la vacunación sea ineficaz.

El directivo del EMA insta a tener vacunadas a todas las personas mayores de 60 años, algo que ya se está haciendo en nuestro país si bien no hay información clara del ritmo en el que se está produciendo. También señala que es necesario que la población se vacune simultáneamente para la gripe, procedimiento que ya está adaptado a nuestro país. La otra observación no tiene traducción en el caso español ni catalán, que es el consejo de vacunar de Covid-19 a niños pequeños con enfermedades subyacentes, con el objetivo de protegerlos de la hospitalización incluso de situaciones extremas. La decisión de vacunar corresponde a cada Estado miembro y en el caso de España estos menores no forman parte de la prioridad.

Pero no acaba aquí el problema de la Covid. El panorama por la gripe puede ser complicado si se considera lo ocurrido en el hemisferio Sur, que es el precursor donde este virus se ha manifestado de forma especialmente agresiva.

Sin embargo, más allá de los síntomas habituales del SARS-CoV-2, que van desde un resfriado hasta una neumonía normal, los científicos piden prestar atención a un hecho preocupante: el virus puede desencadenar síntomas cardiovasculares produciendo un aumento del daño. En este caso, se le relaciona con el fallo cardíaco, el daño en el miocardio, las arritmias y el síndrome coronario agudo.

Hay dos hipótesis del porqué, ambas basadas en evidencias consistentes.

La primera, una respuesta inmunitaria desequilibrada frente a la infección vírica que causa un proceso inflamatorio que provoca daños vasculares. En aquellas personas que ya están en el inicio de la enfermedad la infección aceleraría el proceso. En este sentido, la gente afectada de problemas cardiovasculares y de factores de riesgo, como diabetes, hipertensión e hipercolesterolemia, serían las más afectadas.

Otra versión señala que el SARS-CoV-2 se introduce en las células que revisten los vasos sanguíneos y altera la presión en el control de los electrolitos, la inflamación y la represión de estos vasos, dando lugar a vasculitis y trombosis.

En un ámbito distinto, también se ha señalado un aumento de los abortos en las mujeres que sufren Covid-19.

La teoría bastante extendida en las redes, que son las vacunas las responsables de la miocarditis, tienen en estos momentos como respuesta científica que este daño no ha podido ser demostrado y no existe una correlación entre los aumentos de estos casos y la vacunación. En EEUU, de 192,5 millones de vacunados, solo 8,4 personas por millón presentaron síntomas de miocarditis, y del total solo 92 necesitaron tratamientos específicos y ninguno murió. La respuesta de la vacunación es en ese sentido leve. Puede producirse una situación inflamatoria más agresiva que la habitual, pero no causa un daño importante y su efecto desaparece a los pocos días.

Resumiendo, la idea que se puede retener es la siguiente: los problemas posteriores en esta vertiente cardiovascular recomiendan también la vacunación.

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