¿Está en decadencia Cataluña? (III): la competitividad

La economía del país depende de su competitividad. Para observar de forma global y comparada cuál es la situación podemos recurrir a dos estudios diferentes. No son recientes, pero permiten una buena composición de sitio. Uno es del BBVA y se trata Competitividad y crecimiento. Una perspectiva regional ”.

En este caso Cataluña se situaba, antes de la crisis, en tercer lugar entre las comunidades autónomas, por detrás de Madrid y Navarra y antes de el País Vasco. De los 4 grandes factores medidos: 1. Infraestructuras y accesibilidades, 2. Recursos humanos, 3. Innovación tecnológica y 4. Entorno productivo, el epígrafe en el que Cataluña lograba peor resultado con diferencia era el del capital humano, y no en el de las infraestructuras. Es una llamada de atención porque en este terreno la posición de Catalunya desciende hasta el 6º puesto y a gran distancia de los primeros que son País Vasco y Madrid. La atención del mundo económico y en parte político está muy centrada en el déficit de infraestructuras, que es cierto y evidente, pero no es nuestro principal problema, sino que la dificultad radica en la distancia que existe entre las capacidades y exigencias de nuestra economía y el muy mediocre nivel de formación de capital humano, y eso a pesar de que las universidades catalanas, la UB, la UAB y la UPF destacan sobre las españolas. Sin embargo, el mal es previo y comienza en la enseñanza primaria y secundaria.

Se puede observar una perspectiva más amplia utilizando un segundo estudio. Se trata del European  Regional Competitiveness Index 2016 (ERCI). En este caso el número de indicadores es mucho más amplio, posibilita la comparación no sólo con las comunidades autónomas, sino con el conjunto de regiones europeas, pero en cuanto al agregado final el resultado no es demasiado diferente. Cataluña ocuparía en este caso la 4ª posición a escala española por detrás de Madrid (0,34) y País Vasco (0,14). Navarra ocupa el 3º puesto (-0,1) y Cataluña (-0,18). Las magnitudes ya nos informan que del grupo de cabeza sólo los dos primeros, y Madrid de forma destacada, se sitúan por encima de la media europea de competitividad, mientras que Cataluña por relativamente poco, pero está situada por debajo. De hecho, nuestro resultado es inferior a la Lombardía (0,08) pero también está por debajo de Languedoc-Roussillon (0,08), Pirineos Aquitania (0,08) y Midi-Pyrénées (0,32).

Estas cifras deberían situarse en el contexto de la pérdida de primer lugar en el peso de la economía española en términos absolutos y también no ocupar el pódium en términos de renta per cápita y salario medio.

La tabla adjunta permite comparaciones entre 5 regiones clave y de ésta se puede deducir que no salimos bien parados. En relación a Madrid estamos peor en todos los capítulos, salvo en el de sofisticación empresarial, no tanto porque nuestra valoración sea buena, sino porque la de la región de la capital española es peor.

competitivitat

La comparación con Baviera pone de relieve la gran distancia que nos separa de un territorio “top” en Europa en términos de calidad de las instituciones, infraestructuras, eficiencia en el mercado laboral, dimensión del mercado, preparación tecnológica, sofisticación empresarial y educación superior y aprendizaje permanente. Quedamos bien parados en términos de salud, pero esto era mucho antes del estrago de la covid y su impacto sobre el sistema sanitario y, atención, en innovación lo que no deja de ser una sorpresa.

Buena parte de estos indicadores reflejan en realidad el conjunto del estado y naturalmente Baviera se ve impulsada por los buenos datos de Alemania en materia de estabilidad macroeconómica y eficacia institucional.

En relación a Lombardía los indicadores presentan un espectro controvertido porque los italianos son peor que nosotros en muchos epígrafes si bien nos superan en infraestructuras, eficiencia del mercado laboral, dimensión del mercado y sofisticación empresarial, y prácticamente quedamos a la par en innovación.

En el transcurso de los años Cataluña ha ido perdiendo terreno y se va sumergiendo en una posición mediocre en el contexto europeo y de segunda fila en el español. El gobierno catalán y las instituciones de la sociedad civil harían bien en revisar a fondo las carencias en un capítulo tan importante como es el de la competitividad, reteniendo de forma destacada dos características clave, la deficiencia del capital humano y la función de las instituciones, porque ya sabemos, al menos desde los estudios de la denominada Nueva Economía Institucional (NEI), que las instituciones entendidas en sentido amplio, también las leyes, las prácticas económicas y políticas, las tradiciones, el derecho que se aplica y el consuetudinario, son decisivos por el progreso de los países. De hecho, hoy en día las sociedades que tienen instituciones deficientes, y éste es nuestro caso, tienen un futuro muy difícil, incluso si los datos del presente –que no es el caso- fuesen buenos.

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