Durante más de un siglo, el cava ha sido uno de los grandes emblemas de la viticultura catalana. Presente en las celebraciones familiares, en los brindis navideños y en la verbena de San Juan, este vino espumoso se ha convertido en una de las bebidas más internacionales producidas en Cataluña. Pero desde hace algunos años, el sector vive una división que ha modificado el mapa de los espumosos catalanes: el nacimiento de Corpinnat.
La separación no fue una simple disputa comercial. Puso sobre la mesa una cuestión de fondo:
¿Qué es más importante, la dimensión internacional de una denominación de origen o la vinculación estricta con un territorio y un modelo de producción?
El gigante llamado Cava
La DO Cava sigue siendo una de las grandes denominaciones de espumosos del mundo. A pesar de las dificultades derivadas de la sequía de los últimos años, el sector comercializó durante 2024 cerca de 218 millones de botellas en todo el mundo. De ellas, 78 millones se vendieron en el mercado español y 140 millones se exportaron, principalmente a Bélgica, Estados Unidos y Reino Unido.
La cifra es inferior a la de años anteriores porque la falta de uva provocada por tres campañas consecutivas de sequía limitó la producción. Aun así, la facturación global del sector se mantuvo en torno a los 2.200 millones de euros gracias a una revalorización del producto y al aumento de los precios medios de venta.
El cava sigue siendo, por tanto, una auténtica potencia internacional. Más de dos tercios de las botellas se venden fuera de España y la denominación agrupa a cientos de bodegas de distintos territorios.
La crítica de los elaboradores del Penedès
Precisamente esta dimensión generó malestar entre algunos de los elaboradores más prestigiosos del Penedès.
Bodegas como Gramona, Recaredo, Llopart, Torelló o Nadal consideraban que la DO Cava había crecido demasiado y que el consumidor ya no asociaba necesariamente la palabra «cava» con el territorio histórico donde había nacido.
Además, denunciaban que la normativa permitía producir cava en diversas zonas del Estado español y que eso dificultaba la construcción de una identidad territorial fuerte.
Su apuesta era diferente: menos volumen, más calidad, más origen y una mayor remuneración para los viticultores.
El nacimiento de Corpinnat
En 2018, nueve bodegas crearon la marca colectiva Corpinnat, una palabra que significa literalmente «nacido en el corazón del Penedès» (del latín cor y pinnat, derivado de Penedès).
Los fundadores fueron:
- Gramona
- Recaredo
- Llopart
- Nadal
- Sabaté i Coca
- Torelló
- Júlia Bernet
- Mas Candí
- Can Feixes
Posteriormente se han incorporado otros elaboradores.
Para poder llevar el sello Corpinnat, los vinos deben cumplir requisitos muy estrictos:
- Uva vendimiada exclusivamente a mano.
- Viñedos situados dentro de una zona delimitada del Penedès.
- Elaboración íntegra en la propiedad.
- Elevado porcentaje de uva ecológica.
- Larga crianza en botella.
- Precios mínimos garantizados para los viticultores.
Las negociaciones para que Corpinnat pudiera convivir dentro de la DO Cava no prosperaron y, finalmente, las bodegas fundadoras abandonaron oficialmente la denominación en 2019.
Las cifras de un modelo muy diferente
La diferencia de dimensiones es enorme.
Mientras la DO Cava vende 218 millones de botellas anuales, Corpinnat comercializó durante 2024 un total de 2,22 millones de botellas y facturó 26,8 millones de euros.
Esto significa que el volumen de Corpinnat representa aproximadamente el 1% del mercado global del cava.
Pero la comparación cambia cuando se analiza el valor añadido. Los espumosos Corpinnat tienen un precio medio muy superior y la marca destaca que, si se comparara con las denominaciones de origen catalanas, ocuparía la primera posición en precio medio por botella.
En 2024, a pesar de reducir ligeramente las ventas en volumen (-2,6%), Corpinnat aumentó su facturación un 1,7%, demostrando que su estrategia no consiste en vender más botellas, sino en vender más valor.
La batalla por el relato
La diferencia entre ambos modelos se aprecia claramente en sus prioridades.
La DO Cava sigue apostando por reforzar su presencia internacional y mantiene una estructura capaz de competir con los grandes espumosos del mundo. En 2024 exportó cerca de 140 millones de botellas y llegó a decenas de mercados internacionales.
Corpinnat, en cambio, concentra buena parte de sus ventas en el mercado catalán y español y exporta una proporción mucho menor. Su objetivo no es liderar en volumen, sino consolidarse como una marca de referencia en el segmento premium de los espumosos.
Un futuro todavía abierto
Lejos de debilitarse, Corpinnat sigue creciendo. En 2025 superó ya los 3 millones de botellas comercializadas y los 34 millones de euros de facturación, con la incorporación de nuevas bodegas al proyecto.
Mientras, la DO Cava también ha reaccionado reforzando las categorías de mayor calidad, impulsando los Cavas de Guarda Superior y acentuando la identificación territorial de sus productos.
Siete años después del nacimiento de Corpinnat, la ruptura sigue marcando el debate de los espumosos catalanes. Ya no se trata únicamente de decidir qué aparece en la etiqueta de una botella. Lo que está en juego es qué modelo de vino quiere proyectar Catalunya al mundo: el de una gran denominación internacional o el de un territorio que reivindica su singularidad a través de la máxima exigencia.
Mientras la DO Cava vende 218 millones de botellas anuales, Corpinnat comercializó durante 2024 un total de 2,22 millones de botellas. #cava #corpinnat Compartir en X


