Friedman

Voces críticas sobre los regímenes autoritarios y la guerra de Putin

Una voz crítica es la de Thomas L. Friedman, prestigioso periodista estadounidense. Ha ganado tres veces el Premio Pulitzer y es columnista semanal del diario The New York Times. Además, ha escrito libros sobre asuntos exteriores, comercio mundial, Oriente Medio, globalización o cuestiones ambientales. En 2005 publicó un best-seller sobre la globalización titulado “El mundo es plano. Una breve historia del siglo XXI“.

Ahora Friedman acaba de escribir un artículo titulado «China y Rusia muestran las debilidades del autoritarismo», donde explica que la década pasada lucía bien para los regímenes autoritarios y en cambio, era desafiante para los regímenes democráticos. Las ciberherramientas, los drones, la tecnología del reconocimiento facial y las redes sociales parecían demostrar que los líderes autoritarios eran muy eficientes y las democracias cada vez más ingobernables. El mundo occidental perdía la confianza en sí mismo, líderes rusos y chinos se mostraban arrogantes y hacían correr la voz de que los sistemas democráticos se encontraban en fase de extinción.

Pero repentinamente, según Friedman, ocurrió algo inesperado. Rusia y China, a su juicio, se pasaron de la raya y eso puede perderlos.

Vladímir  Putin invadió Ucrania y, para su sorpresa, las cosas le salieron mal, le están saliendo mal, y provocó “una guerra indirecta con la OTAN y Occidente”. China, por su parte, insistió en que estaba suficientemente preparada para encontrar una solución local a la pandemia, y eso no lo acaba de conseguir. Moscú y Beijing confrontan fuerzas y sistemas mucho más poderosos e implacables de lo que habían pensado, Moscú en el campo militar y Beijing en el campo del coronavirus. “Estas batallas están exhibiendo en sus poblaciones y en el mundo entero las debilidades de sus respectivos sistemas autoritarios”.

Putin se tranquilizaba con la idea de que -como su ejército ya había aplastado a opositores militares en Siria, Georgiano, Crimea y Chechenia- podría acabar rápidamente con un país de 44 millones de habitantes, que durante la última década se había ido moviendo legítimamente hacia Occidente y tácitamente era armado y entrenado por la OTAN.

Pero en la guerra de Ucrania, Rusia está conociendo una inesperada derrota militar y económica. Y lo que es igual de importante: ha mostrado con precisión que el «sistema» de Putin se sustenta al «mentir hacia arriba» -todos dicen a sus superiores lo que éstos quieren oír, hasta llegar a Putin- y al «perforar hacia abajo”, para extraer los recursos naturales de Rusia, con los que varios rusos se han enriquecido en lugar de liberar los recursos humanos del país y empoderar a la mayoría. Así fracasan los países, por el predominio de instituciones extractivas. Según Friedman, la Rusia de Putin es una especie de “califato energético” basado en petróleo, mentiras y corrupción, y éste no es un sistema sostenible.

Escribe que China es un país “mucho más serio que Rusia”: no se sostiene sólo sobre petróleo, mentiras y corrupción, aunque tiene mucha, sino en el trabajo duro y los talentos manufactureros y comerciales de su población, dirigida de modo férreo y vertical por el Partido Comunista Chino. El éxito económico de China y el sentimiento de orgullo derivado parece haber hecho pensar a sus líderes que era posible enfrentar solos a la pandemia.

Al producir sus propias vacunas, en lugar de importar mejores vacunas de Occidente, y al utilizar su eficiente sistema autoritario de vigilancia y control para detener los viajes, realizar pruebas masivas y poner en cuarentena a cualquier persona o vecindario donde apareciera la COVID-19, China planteó la lucha contra el coronavirus como “una guerra” y apostó por una política de “cero covid”.

Pensaron que si lograban superar la pandemia con menos muertes y una economía más abierta, enviarían “una señal clara al mundo de que el comunismo chino es superior a la democracia norteamericana”. Pero Beijing, mientras se burlaba de Occidente, se volvió sorprendentemente negligente al vacunar a sus mayores. No fue un factor tan importante cuando China pudo detener la propagación de variantes anteriores del coronavirus con sus estrictos controles de población. Pero ahora sí que es relevante porque las vacunas chinas no parecen ser tan efectivas para reducir la hospitalización y la muerte. Esto ha llevado al gobierno chino a optar por el cierre total de unos 400 millones de personas, que todavía dura,  incluida la capital económica del país, Shanghai, de más de 25 millones de habitantes. La sensación de fracaso está en la calle y, lo que es más grave, la reelección de Xi Jinping como gran líder del país dentro de seis meses se ve cada vez más comprometida.

Moralidad de la historia según Friedman: los sistemas autoritarios de alta coerción son sistemas de baja información, por lo que a menudo se ciegan más de lo que creen. Piensa que Rusia y China se encuentran actualmente en apuros. El panorama ha cambiado radicalmente en relación al pasado mes de febrero, cuando Xi y Putin firmaron (el día 4) una Declaración Conjunta señalando que su relación y amistad «no tenía límites», que el orden mundial liberal  estaba llegando a su final histórico y que debía ser sustituido por otro mundo multipolar, con Beijing y Moscú como capitales clave.

Friedman acaba su artículo declarando que, pese a los errores cometidos por Rusia y China, está muy preocupado por el futuro del sistema democrático en Estados Unidos, Europa y Occidente en general. “La decadencia de nuestras instituciones políticas y sociales es evidente”. No es suficiente con ver que los adversarios se equivocan, nosotros también tenemos que hacer las cosas mejor. La democracia occidental debe mejorar su capacidad para ser inclusiva y eficiente. Pero creo que mientras podamos reemplazar a los líderes incompetentes y mantener ecosistemas de información que expongan las mentiras sistémicas y desafíen la censura, nos podremos adaptar a una era de cambios vertiginosos. “Esta es la ventaja competitiva más importante de las democracias comparadas con las autocracias”.

Otra voz crítica es la de la historiadora canadiense Margaret McMillan, profesora de la Universidad de Oxford especializada en historia contemporánea. Ha publicado libros de gran renombre como «1914: de la paz a la guerra».

En una reciente entrevista, opina sobre la guerra de Ucrania. Dice que «es la guerra de Putin». Él considera Ucrania un estado ilegítimo. No soporta que Ucrania mire hacia Occidente,  defiende que es parte de Rusia. Tiene motivos económicos para invadirla: riqueza agrícola e industria pesada. Putin ha caído en la trampa de creerse a quienes le dan siempre la razón. Nada de lo ocurrido es excusa de lo que el Kremlin está haciendo hoy en Ucrania. Documentar sus crímenes es vital para proteger a la población ucraniana. Es necesario cortar la dependencia europea del gas y del petróleo rusos. No cree que veamos grandes guerras, como un choque entre China y Estados Unidos, pero sí veremos guerras a menor escala. La UE y la OTAN son grandes enemigos para Putin. No es cierto que Occidente se comprometió a que la OTAN no se expandiría hacia el este, fue sólo un comentario al margen de un diplomático estadounidense en una reunión informal. La OTAN se ha ampliado hacia el este por petición desesperada y libre de los estados implicados, atemorizados por Rusia. Putin ha caído en la trampa de los autócratas, que consiste en sólo escuchar a los aduladores.

Habrá que preparar un Plan Marshall para Ucrania, que pronto será miembro de la UE

La guerra de Putin está fracasando. Putin necesita una victoria. Una Rusia vulnerable y humillada puede ser más peligrosa que una Rusia ganadora. Es necesario distinguir entre el pueblo ruso y el gobierno ruso. Llegará un día que Rusia será capaz de liberarse de tiranos como los que ha tenido que sufrir históricamente, tipo Stalin y Putin, y muchos otros. El pueblo ruso ha sufrido mucho. Nicolas Berdiaeff ha escrito sobre «la tradición de sufrimiento del pueblo ruso», víctima de muchas guerras y de gobernantes sanguinarios y tiránicos. Habrá que preparar un Plan Marshall para Ucrania, que pronto será miembro de la UE. Habrá que reintegrar a la población rusa a la comunidad internacional, Putin no es inmortal. Europa debe entenderse con una Rusia post-Putin. La OTAN debe dejar claro que no tolerará futuros ataques. Putin no esperaba el fracaso de su invasión, como hasta ahora se está viendo, ni tampoco esperaba una reacción tan decidida por parte de la UE, la OTAN y Estados Unidos. La comunidad internacional debe prepararse para un largo período de Rusia como un estado paria.

Thomas Friedman y Margaret McMillan coinciden en afirmar que Putin y Xi Jinping han cometido un grave error de cálculo. Pensaban que un Occidente liderado por Estados Unidos estaba en las postrimerías, la salida de Afganistán habría dado la señal definitiva de su debilidad, y que ahora era el momento de atacar y acabar con el orden mundial liberal instaurado después de la Segunda Guerra Mundial y confirmado en los años 1989 y 1991 con la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS.

De momento, les está saliendo el disparo por la culata. Estados Unidos está dispuesto a repetir su experiencia ganadora de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial. Biden se propone ser un Roosevelt. Lidera una coalición de 40 países aliados que suponen un 60% del PIB mundial, comparado con el 20% que supone China y Rusia. Está naciendo una relación más estrecha que nunca entre Estados Unidos y Europa. La reunión de la OTAN en Madrid el próximo mes de junio será una cita importante. Una Rusia paria y decadente cae en manos de China que necesita a Occidente para exportar sus productos y con quien no se atreverá a enfrentarse militarmente. China está observando la experiencia ucraniana con mucha atención de cara a una posible experiencia similar con Taiwán (invasión).

Una tercera voz crítica es la de Monika Zgustova, escritora rusa que sigue de cerca la evolución política del régimen autocrático de Putin. Acaba de escribir un artículo en el que expone que hay una fecha y un lugar clave en la vida política de Putin: 10 de febrero de 2007, Conferencia de Seguridad de Munich. Allí Putin declaró formalmente -frente a Angela Merkel, Javier Solana, varios jefes de estado o de gobierno y directores de organizaciones internacionales- que buscaba recuperar el territorio, todo el territorio perdido por la URSS después de la Guerra Fría. Quería volver a Yalta. El auditorio quedó atónito. Al poco tiempo llegarían sus operaciones militares en Ucrania, con la anexión de Crimea, y a Georgia, con el reconocimiento de dos de sus regiones -Abjasia y Osetia del Sur- como estados independientes.

Una de las biógrafas de Putin, Fiona Hill, ha escrito que “Putin hace lo que dice; si declara tener armas nucleares las usará, en una medida u otra“.

El politólogo búlgaro, Ivan Krastev,  que, como también Hill, conoce personalmente a Putin, lo describe como astuto e inteligente, pero cree que ha perdido el sentido de la realidad durante la pandemia  y se está volviendo cada vez más fanático. Según Putin, Ucrania es la gran traicionera de Rusia porque se va acercando a Occidente, su archienemigo. En su discurso no hay ucranianos, sólo rusos y antirusos. Según Putin, Rusia ha sido engañada por Occidente y por las antiguas repúblicas soviéticas hoy independientes, algunas integradas en la UE y en la OTAN. Ucrania, según él, es la gran traicionera.

Monika Zgustova acaba su artículo diciendo que, desde que ha llegado al poder, Putin repite que el derrumbe de la URSS en 1991 no supone el final de la Segunda Guerra Mundial. Según él, la Guerra Fría era la continuación del conflicto y su final sólo supone una pausa, no el final. Imaginaba que en 2022 los ucranianos darían la bienvenida a las tropas rusas invasoras y que él reunificaría a Rusia con Ucrania y llegaría así triunfal a las elecciones de 2024 y repetiría 16 años más como presidente de Rusia, que haría un total de 36 años con él. de jefe de estado. Tiene muchos aduladores alrededor que aplauden sus razonamientos de fanático fuera de la realidad. Por ejemplo Dmitri Medvedev, el expresidente ruso puesto a dedo por su protector Putin durante un período entre sus presidencias, para respetar las normas electorales. En su cuenta de Telegram, Medvedev ha clamado a menudo, al unísono con Putin, que: “¡Rusia se extenderá desde Vladivostok hasta Lisboa!“.

Putin imaginaba que en 2022 los ucranianos darían la bienvenida a las tropas rusas invasoras y que él reunificaría a Rusia con Ucrania y llegaría así triunfal a las elecciones de 2024 Clic para tuitear
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