Ceuta no ha sufrido una crisis migratoria más. Sufrió una ruptura masiva de la frontera, con unas 50.000 entradas, según el Ministerio del Interior —hasta 60.000, según las autoridades locales—, al menos 72 muertos y más de un millar de heridos. Que gran parte de los llegados hayan vuelto a Marruecos no borra el desastre. Por el contrario, confirma hasta qué punto la frontera quedó a merced de los acontecimientos. Esta catástrofe no es un rayo caído en un cielo despejado. Es la culminación de diez negligencias políticas.
1. No tener una política migratoria
Esta es la quiebra principal. España ha permitido durante años que cientos de miles de personas entraran irregularmente, vivieran y trabajaran en una precariedad legal intolerable y esperaran la siguiente regularización. La del 2026, prevista para cerca de medio millón de personas, ha doblado casi el número de solicitudes y vuelve a cerrar el círculo vicioso: entrada irregular, economía sumergida, arraigo de hecho y regularización posterior. Sin fronteras efectivas, vías legales definidas, retornos practicables y una exigente integración, no hay política: solo administración del desorden.
2. Romper la unidad europea
Antes la oveja negra era la Hungría de Orbán; hoy, desde el extremo contrario, Sánchez obtiene un resultado similar: actúa al margen de la corriente europea y debilita su unidad. Con un agravante: España tiene cerca de 49 millones de habitantes y es una gran frontera exterior de la UE. Los errores españoles repercuten sobre todo el espacio europeo.
3. Regularizar sin consenso
Una decisión de este alcance se ha tramitado por decreto, sin votación en el Congreso, sin debate en el Senado, sin acuerdo con la oposición y sin una previa concertación con la Comisión Europea y los Estados miembros. Gobernar en solitario y reclamar después solidaridad es una contradicción. Sánchez recoge ahora en Europa buena parte de lo que antes se había sembrado.
4. Ignorar los avisos
Durante los días previos habían aumentado las llegadas a nado; Ceuta advertía del colapso; las redes difundían la falsa idea de que la frontera marítima había quedado abierta, y en una semana ya habían entrado unas 1.500 personas. El Gobierno admitió que no previó el alud y que los incendios habían concentrado su atención. Esto no es una excusa, sino una confesión sobre las limitaciones de sus capacidades. ¿Dónde estaban los ministerios de Migraciones y de Política Territorial mientras Ceuta pedía auxilio?
5. Reaccionar tarde ante la sentencia del Supremo
El 8 de julio se conoció que no se podía aplicar el rechazo inmediato a quienes intentaran entrar a nado si no habían superado un elemento físico de contención. La misma resolución indicaba que una barrera marítima podía cambiar esta situación. Si el Gobierno atribuye a la sentencia parte del efecto llamada, ¿por qué no instaló entonces el cordón flotante que ahora ha desplegado en veinticuatro horas? Conoció el riesgo, pero no extrajo sus consecuencias.
6. Desatender las primeras peticiones de auxilio
Cuando el presidente de Ceuta reclamó la emergencia nacional y un mando único, Interior respondió que la legislación de protección civil no contempla esta figura para una crisis migratoria. Jurídicamente podía ser cierto; políticamente era una respuesta pobre. Ante una ciudad desbordada, el deber del Gobierno no era recitar los límites de la ley, sino encontrar de inmediato el instrumento adecuado.
7. Enviar los recursos después del colapso
Las directrices sobre la actuación policial, la participación del Ejército y el envío de refuerzos llegaron cuando la frontera ya había sido superada. Madrid reaccionó; no se anticipó. En seguridad nacional, esa diferencia lo es casi todo.
8. Exhibir carencia de autoridad ante Marruecos
Es inverosímil que decenas de miles de personas se movilizaran en tan poco tiempo sin una quiebra colosal del sistema de seguridad marroquí. Hubo, al menos, una pasividad inicial gravísima; corresponde investigar si también hubo una instrumentalización activa. La cooperación posterior en los retornos no anula la pregunta esencial: ¿cómo pudo quedar abierta la frontera de un Estado caracterizado por el exhaustivo control de la población? Los elogios precipitados de Sánchez y Marlaska en Rabat facilitan que el episodio se repita. ¿Por qué tiene tanto miedo Sánchez de Marruecos?
9. Consumir el crédito europeo de España
Dinamarca, con un gobierno socialdemócrata, llegó a plantear que se estudiara la suspensión de España del espacio Schengen; Italia restableció controles temporales, y veintidós gobiernos exigieron una respuesta común urgente. La carta no era formalmente una moción de censura, pero políticamente se le parecía bastante. Nunca el aislamiento español en política migratoria había sido tan visible.
10. No convertir la agresión fronteriza en una causa europea
Polonia respondió con firmeza a la instrumentalización migratoria de Bielorrusia y después obtuvo la solidaridad de la Unión Europea. España ha hecho lo contrario: ha minimizado la responsabilidad marroquí, ha mantenido la ficción de una cooperación impecable y solo ha sabido criticar a Europa cuando el desastre ya se había consumado. Debería haber denunciado desde el primer momento una posible operación de presión híbrida y reclamado una respuesta europea ante Rabat.
En el fondo hay una evidencia geopolítica humillante. España es una potencia media ubicada en uno de los puntos más estratégicos del planeta, pero no sabe convertir su geografía en poder ni su pertenencia a la Unión Europea en una protección efectiva. Tiene Ceuta, Melilla y la orilla norte del Estrecho, pero sigue sin dominar políticamente su propio espacio de influencia. Ceuta no es solo un escándalo migratorio. Es el retrato de un Estado que llega tarde, improvisa mal y confunde la prudencia con la debilidad.
¿Qué ha pasado realmente en la crisis de Ceuta? Un análisis de las diez decisiones del Gobierno de Sánchez que han debilitado la política migratoria española y han dejado a España más aislada en Europa. #Ceuta #Inmigración Compartir en X






