Las semejanzas entre los tres conceptos -catalanidad, catalanismo y nacionalismo pujoliano- son evidentes.
a) Raíz histórica común. Los tres parten de la memoria histórica catalana, de la lengua, de la continuidad cultural y de las instituciones propias, aunque lo hagan desde diferentes perspectivas.
b) Idea de singularidad. Todos asumen que Cataluña tiene una personalidad colectiva propia y diferenciada.
c) Voluntad de continuidad. Ninguno de los tres acepta la disolución indiferenciada de Cataluña dentro de una masa cultural ajena.
Ahora bien, también presentan diferencias esenciales. La principal es el nivel de politización.
- Catalanidad igual a identidad. Es el nivel de la pertenencia.
- Catalanismo igual a proyecto. Es el nivel de la defensa y la articulación política.
- Nacionalismo pujoliano igual a soberanía. Es el nivel de la legitimación nacional del poder político.
Podríamos resumirlo así: la catalanidad significa ser; el catalanismo, preservar y promover; el nacionalismo pujoliano, decidir con el mínimo de limitaciones posibles, salvo las imprescindibles en cada contexto y ámbito.
Existen sin embargo tensiones y contraposiciones entre estas tres concepciones.
Una de las más frecuentes hoy es la catalanidad sin catalanismo. Es posible porque hay mucha gente que vive en catalán, ama la cultura catalana -y en ningún caso practica el autoodio-, se siente del país, pero rechaza la confrontación política o nacional asociada a esta causa. Esto genera una catalanidad despolitizada que, paradójicamente, el procesismo independentista y sus secuelas han contribuido a fomentar como reacción.
También existe el catalanismo sin nacionalismo. Es la gran tradición del catalanismo clásico, fundamentada en el autogobierno, el pactismo, el institucionalismo y la reforma de España, sin necesidad de un estado propio.
Más preocupante es el fenómeno del nacionalismo sin la suficiente catalanidad. Es un riesgo cada vez más visible. Lo representa una parte de ERC, que tiene a Gabriel Rufián su exponente más conocido, aunque no el único. También está presente, en menor medida, en sectores de Junts, como consecuencia de las carencias culturales de una parte de su cuerpo dirigente.
Este fenómeno aparece cuando el discurso nacional se convierte en puramente administrativo, electoral o identitario de superficie; sobre todo cuando la apelación a Catalunya se convierte solo en una forma de acceder o mantener el poder. Entonces se pierde densidad cultural, lingüística y moral; se desconoce o reduce la historia a unos pocos mitos. Aliança Catalana constituye, en este sentido, un caso extremo de depauperación. Es una forma de nacionalismo sin patria, y representa uno de los riesgos contemporáneos más importantes.
¿Cuál es, pues, la clave de fondo? Una adecuada relación jerárquica entre los tres conceptos. La catalanidad fundamenta el catalanismo, y el catalanismo puede desembocar -o no- en el nacionalismo pujoliano.
Cuando se invierte este orden, aparecen los problemas: nacionalismo sin una base cultural sólida, catalanismo sin una comunidad viva o catalanidad folklorizada sin proyecto. Todo ello debilita al país.
Si tuviera que formularlo en una sola frase, diría que la catalanidad es el alma histórica del país; el catalanismo, su conciencia activa; y el nacionalismo pujoliano, su formulación soberana.
La cuestión práctica es qué hacer hoy. La realidad y el horizonte de sentido ofrecen la respuesta: necesitamos extender la catalanidad a la gran mayoría del país, al 80 o 90% de la población, y transformar esa catalanidad compartida en catalanismo político.
Rehacer, reparar y regenerar Catalunya. Catalanidad, catalanismo y nacionalismo pujoliano (II)
Necesitamos extender la catalanidad a la gran mayoría del país, al 80 o 90% de la población, y transformar esa catalanidad compartida en catalanismo político. #Catalunya Compartir en X





