Yo acuso: el fraude del cambio de nombre de las calles de las tres Santas de Gràcia (I)

El diario El Punt Avui (31-08-2024) publicó una entrevista a Josep Maria Contel, miembro de la comisión del Nomenclátor de Gràcia, entidad que promovió estos cambios de nombre. El texto de la entrevista es muy interesante porque contiene un concentrado de las motivaciones y pretextos que abocaron a la estrafalaria mutación que han sufrido unas calles que, de llamarse Santa Àgata, Santa Rosa y Santa Magdalena, hace un año y medio se convirtieron en Àgata Badia Puig-rodon, Rosa Puig-rodon Pla y Magdalena E. Blanc.

Cito, numerados y en cursiva, algunos párrafos de las respuestas del sr. Contel y los comento:

1. “El Ayuntamiento de Barcelona de 1830, en el mismo momento de poner nombre a las calles, decidió homenajear a las urbanizadoras, pero en vez de poner su nombre puso el de las santas que llevaban su nombre.”

La cosa no fue así, en absoluto. El Ayuntamiento de entonces no impuso los nombres de las santas. Los acordó con Àgata Badia, que de todo corazón quería que estas calles se llamaran como se han llamado durante 200 años, hasta que la actual comisión del Nomenclátor ha conseguido darle la vuelta a la voluntad de esta mujer.

Las otras dos mujeres no fueron “urbanizadoras”, ni podían serlo, porque cuando Àgata decidió urbanizar (1825) hacía años que habían muerto: Rosa, su madre, en 1816, y Magdalena, su suegra, en 1794.

El proyecto tuvo un proceso enrevesado que va de 1825 a 1830. Transcribo sólo el acuerdo final del Ayuntamiento:

16 de febrero 1830.

“Acuerda que la Plaza que, a tenor de lo que lo fue en el Ayuntamiento a cinco del actual, se forma en el Campo de Dª Agueda Trilla, en el barrio de Gracia, se denomine de la Reyna Christina; que las calles comprendidas en el mismo proyecto en que ya hay edificios construidos conserven la respectiva denominación que actualmente tienen de Santa Agueda, de Trilla y de Badia; y las dos restantes se denominen de Sta. Magdalena y de Sta. Rosa con el modo que se demuestra en el plano inserto en el indicado acuerdo a cinco de este mes.”

El plano citado indica los nombres con los que Àgata quería bautizar la plaza y cada una de las calles. El Ayuntamiento concedió la aprobación en todas las calles, pero la plaza, que debía ser de Sant Antoni (en homenaje a Antoni Trilla, el marido difunto de la propietaria), ordenó que se llamara de la “Reyna Christina”; es decir, que prefirió el nombre de una mujer al de un hombre. Sin embargo, en estos momentos ostenta un apellido asexuado: plaza de Trilla.

2. “estas santas no tienen nada que ver con el barrio, no tiene ningún sentido darles el nombre de una calle.” «(…) los nombres originales son los que se han puesto, porque eran calles con nombre de santas en honor de las tres señoras reales. Después de casi 200 años pensamos que ya era hora de devolver a las calles los nombres que les corresponden. Es muy importante recuperar topónimos, porque marcan un territorio y recuerdan una parte de la historia.»

Que lo expliquen a Dª. Àgata, que los nombres que quiso poner en las calles no tienen sentido. Fue ella quien les dio el sentido, ella y los doscientos años de historia durante los que han formado parte de la vida cotidiana del barrio. Los que nada tienen que ver ni les corresponden son los nombres que les han colgado ahora. No es cierto que los hayan devuelto ni recuperado, porque nunca han sido los nombres originales.

Los nombres que marcan el territorio y recuerdan a una parte de la historia de Gràcia son los que han tenido desde 1830 hasta que la comisión del Nomenclátor se confabuló con el Ayuntamiento para taparlos con los nombres y apellidos de unas personas que ya figuraban representadas por las santas de sus nombres de pila. Además: la suegra de Àgata Badia, la que llaman Magdalena E. Blanc, ya había muerto (1794) cuando su hijo, Antoni Trilla, adquirió la finca (1803). En Gràcia, pues, nunca vivió. ¿Qué territorio marca y qué historia recuerda el nombre de esa mujer en una calle del barrio?

Con el fin de justificar la cancelación de las santas, primero hicieron correr la berrea mediática que entonces no se podían poner nombres de mujeres en las calles: “En aquella época, en el siglo XIX, las vías públicas no se bautizaban con nombres de mujeres, por lo que se utilizaron los de las santas” (el Ayuntamiento dixit). Esto es tan descaradamente falso que el propio Sr. Contel tuvo que admitir en la entrevista que poner nombres de santos era «muy usual», y que también se practicaba con hombres, ya que expone el caso de la «calle San Marcos, que debería ser Marc Olivés, un menorquín que era el propietario de ese terreno que también urbanizó».

Ya tenemos, pues, a otra víctima en perspectiva. Este propietario solo puso nombres de santos y santas —siete en total— en las calles que urbanizó en 1831, pero ahora ya se han metido entre ceja y ceja que la calle que él quiso que se llamara “San Marc” debe llamarse “de Marc Olivés”. Y todavía lo presentan como si le hicieran un favor.

3. “Ahora tenemos otra propuesta: la de contar como sea, quizá con una placa o poniendo una pizarra, a quién se dedicó la calle de las Tres Senyores, detrás de la plaza Rovira.”

Excelente ocurrencia, lo de la placa o la pizarra. Lástima que no lo hayan aplicado en el caso de las tres señoras que tenían nombres de santas. Era muy sencillo, muchísimo más barato y con daños colaterales cero.

Sin embargo, si ahora lo aplican en la calle de las Tres Senyores perpetrarán un agravio comparativo, porque si Àgata, Rosa y Magdalena, que también son tres señoras, tienen cada una una calle con su nombre y apellidos, la calle de las Tres Senyores debería pasar a llamarse “calle de Mercè Frigola y Poch, Teresa Rabassa i Puig i Teresa Batet i ???

Ahora bien, ¿no sería más sensato que devolvieran a las calles de las tres santas los nombres que les corresponden y colocaran una placa o pizarra que informara sobre la identidad de las señoras correspondientes, al igual que piensan hacer con la calle de las Tres Senyores?

4. «tenemos una calle Santa Teresa, una calle Santa Tecla, que son nombres que han puesto y no tienen nada que ver con la zona ni la historia.»

Pues Gràcia está llena de nombres de calles de este tipo y que, además, no son de santas. Mozart y Verdi crearon una música que tiene mucha gracia, pero con la zona de Gràcia nada tienen que ver. ¿Quizás había una mina de oro en la calle de l’Or? ¿Es que en la plaza del Diamant encontraron un diamante? No: esos nombres, y los de Topazi, Robí y Perla, los escogió un joyero para bautizar las calles que había hecho urbanizar. Si esto está admitido y consolidado, ¿por qué no se han respetado los nombres que, de forma similar, escogió Àgata Badia? Si Josep Rosell e Imbert era un fervoroso joyero, Àgata Badia y Puig-rodon era una fervorosa católica , como se puede constatar leyendo su testamento.

Si uno puso nombres de joyas, la otra puso nombres de santas. ¿Con qué derecho han vulnerado su voluntad? Está claro que con el derecho que otorga la ley del más fuerte, aprovechando que ella no tiene fuerza humana para protestar ni reclamar. Ya se sabe que la Comisión y el Ayuntamiento tienen la sartén por el mango y no la sueltan, faltaría más; pero entonces no hace falta que esgriman falornias para blanquear unos cambios de nombre con los que han dañado una parte de la memoria histórica del barrio de Gràcia.

Para que quede claro cómo funcionaban estas cosas en aquellos tiempos, copio un párrafo del libro Carrers de Barcelona , ​​de J. Fabre y Josep M. Huertas:

«Era bastante corriente buscar el nombre de un santo de acuerdo con el nombre del propietario o propietaria del lugar. El primero de enero de 1847, Miquela de Paguera y de Borràs pedía permiso para parcelar un campo que tenía en el Camp de l’Arpa en el Ayuntamiento de Sant Martí de Provençals, y proponía:

“Abrirá cuatro espaciosas calles, que desea denominar: 1ª, de Don Juan de Paguera; 2ª, del Beato Miguel; 3ª, de la Virgen del Carmen; 4ª, de la Eterna Memoria, para pagar de este modo un justo tributo a la de su difunto esposo, que hizo su felicidad.”

La petición fue bastante atendida, ya que los nombres fueron puestos en las nuevas calles tal y como lo pedía la señora Miquela, salvo el Beato Miguel, que fue traspasado a San Miquel y San Maties.”

5. El Punt Avui: Cuando ahora hicieron el cambio de nombre de las calles de las santas hubo muchas quejas.

SR. Contel: Sí, los Abogados Cristianos recogieron 20.000 firmas en contra porque decían que íbamos contra la Iglesia, algo que no es verdad. Algunos vecinos tampoco lo entendían (…)

Es natural que hubiera muchas quejas. Los seres humanos estamos dotados de un entendimiento que, a fin de protegernos, impide que entendamos las actuaciones absurdas. Por eso nos quejamos cuando nos las imponen, porque no las entendemos. Otra cosa es que haya personas que, según sople el viento, antepongan visceralidades ideológicas a los juicios de la razón y acaben incluso aplaudiendo cambios de nombres tan desrazonados como estos.

Que yo sepa, la asociación «Abogados Cristianos» no es la que recogió estas firmas, sino «e-cristians», por medio de un escrito enviado al alcalde Collboni, en el que no se recriminaba que fueran contra la Iglesia, sino la «cancelación de toda referencia a la cultura tradicional de la ciudad, por el hecho de tener un significado católico».

Sea como fuere, y sin hacer un juicio de intenciones, el resultado es que han borrado los nombres de tres santas del nomenclátor, con lo que han secundado, mira por dónde, las intenciones declaradas de la Primera República española, que sólo duró un año pero tuvo tiempo de promulgar la siguiente ordenanza:

“Que en virtud de no estar debidamente rotuladas las calles y al objeto de que no tengan sus números el color religioso que hoy tienen, se cambian los números de los santos por otros más adecuados y que simbolizan la época presente.” (Wikipedia: “Hodonimia de Barcelona”)

Al menos estos republicanos iban a cara descubierta, sin máscaras hipócritas.

Y ahora hacemos la prueba del algodón, a fin de evaluar los nuevos nombres:

—Señorita, dígame su nombre y la dirección, por favor.
—Me llamo Cel Ras i Curt y vivo en la calle de Àgata Badia Puig-rodon, esquina Pérez Galdós.

¿Alguien lo encuentra normal? Un servidor lo encuentra más bien galdoso.

Conclusión: a la vista de todo esto, me parece que resulta bastante evidente la poca vergüenza con la que se nos han rifado.

En el acto de inauguración de las nuevas placas (20-8-2024), la teniente de alcaldía de Gràcia, Laia Bonet, bien aposentada en este contexto empedrado de falsedades, hizo volar las siguientes palabras: «Recuperamos esta memoria que no deberíamos haber perdido. Ésta es la manera de trabajar para recuperar la memoria de las mujeres sin las cuales Barcelona y sus barrios no serían lo que son». Palabras grandilocuentes y vacías que esclatan como pompas de jabón cuando chocan con la verdadera realidad.

Y la concejala de Feminismos, Igualdad y Memoria Democrática, Raquel Gil, no se pudo estar de proclamar esta frase pletórica de vacuidad: «Hoy decidimos que las mujeres tenemos nombres y apellidos más allá de creencias y otras cuestiones.» Que, además, debió de decir después de destapar la placa de la calle Magdalena E. Blanc, una mujer a la que han reducido el primer apellido a una miserable “E”,

Cambiar nombres de calles no es solo cambiar placas: es reescribir la memoria de un barrio. #Gràcia Compartir en X

Entrades relacionades

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.