Los hijos: la inversión que puede valer más que un piso o fondo indexado

En este artículo voy a especular un poco, es cierto, pero siempre partiendo de tendencias que hoy ya son una realidad o que posiblemente lo serán en el futuro. Estas dinámicas llevan a una conclusión que, en el contexto actual, puede parecer descabellada: lo que más valdrá a un joven de hoy no será ni una pensión pública ni ningún producto financiero, sino sus hijos.

Empecemos por el envejecimiento de la población.

Según el INE, la población de 16 a 64 años pasará del 65% del total en 2022 al 57% en 2050 en España, mientras que los mayores de 64 años pasarán de representar un 20% a un 30%. La tasa de dependencia, que en 2022 era del 31%, alcanzará el 53,7% a mediados de siglo (Ivie, a partir de proyecciones INE-INSS, 2023).

De ahí el primer efecto. Un joven del 2050 formará parte de una generación poco numerosa, y lo será aún más el grupo de los que tengan estudios. Cuando algo escasea y mucha gente la quiere, a la fuerza hay que pagar más caro. El talento joven será justamente esto.

Alguien pensará que ya importaremos, como hacemos ahora. El problema es que esa fuente también se está reduciendo. El último estudio de The Lancet (GBD 2021, IHME, 2024) calcula que hacia el 2050 tres de cada cuatro países habrán descendido del umbral de 2,1 hijos por mujer, y que a finales de siglo únicamente habrá seis por encima. El grueso de los nacimientos del mundo se concentrará en el África subsahariana.

En conjunto, la fecundidad mundial bajará hasta los 1,83 hijos por mujer en el 2050. Jesús Fernández-Villaverde, catedrático en la Universidad de Pensilvania, hace años que lo cuenta en The Wealth of Working Nations (2023), y avisa de que menos nacimientos también quieren decir menos emigrantes. Si esto ocurre, en el 2050 España no elegirá qué inmigrantes deja entrar, sino que competirá con otros muchos países para atraerlos.

Que esta escasez acabe beneficiando a los trabajadores jóvenes tampoco es una idea original. Es lo que sostienen Charles Goodhart y Manoj Pradhan en The Great Demographic Reversal (2020): se acabaron las décadas de una oferta de trabajadores prácticamente ilimitada.

En cuanto a las pensiones 

AIReF prevé que el gasto subirá del 12,9% al 16,1% del PIB entre 2023 y 2050 (AIReF, 2025). La pregunta, ante esa evolución, es quién lo pagará.

Hacia finales de la década de 2050 habrá sólo 1,4 personas en edad de trabajar por cada persona dependiente, cuando ahora son dos.

De hecho, la AIReF calcula que, solo para mantener constante la relación actual entre trabajadores e inactivos, se necesitarían más de un millón de personas al año adicionales a las que ya prevé (unas 288.000), un flujo que la propia institución descarta.

Aquella promesa, por tanto, deberá sostenerse con más impuestos, más deuda o más reformas. Visto así, confiar en ella toda la vejez sin ninguna alternativa no parece muy sensato.

Con la vivienda, que es el principal activo de la mayoría de familias, existe un factor que suele quedar escondido detrás del volumen total de población: no es lo mismo que una sociedad sea joven que envejecida.

El precio no depende solo de cuánta gente hay, sino también de cuántos hay en edad de comprar y cuántos en edad de vender. Se compra un piso de joven y, de mayor, uno se desprende o simplemente no compra más. Hasta ahora hemos tenido muchas más personas comprando que vendiendo, lo que ha empujado los precios al alza.

Ahora mismo, en España, la llegada de inmigrantes todavía refuerza esa demanda. Pero si este flujo se seca —como apuntan las tendencias que hemos visto—, ambas fuerzas se alinean a la baja: una población que deja de crecer y que, además, envejece.

El economista Előd Takáts lo midió en 22 países ricos y concluyó que la demografía, que durante décadas había sido un viento de cola para los precios, se convertirá en un viento de cara, sobre todo en Europa (Takáts, Ageing and Asset Prices, BIS Working Papers núm. 318, 20).

Sumando todos estos elementos, el resultado cambia una realidad que ahora nos parece normal.

Menos jóvenes y muy buscados. Una inmigración que deja de ser la solución de siempre. Unas pensiones que se sostienen sobre cada vez menos cotizantes. Un patrimonio inmobiliario con la demografía en su contra.

En este mundo que viene, parece que los hijos tendrán que volver a ser el apoyo clave en la vejez de sus padres.

Quizás, pues, la inversión con más futuro para un joven de hoy no sea un piso ni un fondo, sino una decisión que hace tiempo que no está de moda: tener hijos y educarlos bien.

¿Y si la mejor inversión de un joven hoy no fuera un piso ni un fondo indexado? ¿Y si fueran los hijos? La demografía, las pensiones y el mercado laboral apuntan hacia un futuro bastante diferente al que imaginamos. Compartir en X

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