Trump, Venezuela y el nuevo orden global: 10 consideraciones clave

La operación sorpresa de Estados Unidos en Venezuela ha desquiciado el escenario internacional con una contundencia inesperada. Más allá del hecho militar en sí —quirúrgico, eficaz y sin bajas propias—, lo que se pone sobre la mesa es un cambio de paradigma: una advertencia sin matices y una sacudida al orden posbélico establecido en 1945.

Superioridad militar absoluta… y descarada

La eficacia militar estadounidense sigue siendo de otra galaxia. La operación ha confirmado una realidad: tecnología, logística, información, estrategia y capacidad operativa hacen del Pentágono una fuerza sin rival. Según el Congressional Budget Office, el presupuesto militar de EE.UU. supera los 800.000 millones de dólares anuales, más que la suma de los diez países siguientes juntos.

Su único punto débil es la vulnerabilidad frente a misiles intercontinentales y ataques desde satélites, lo que marca la nueva prioridad en defensa. El reciente informe de Office of the Director of National Intelligence (ODNI, 2023) advierte que “EUA podría perder la ventaja si no refuerza su capacidad de afrontar amenazas híbridas y espaciales, especialmente de Rusia y China”.

El mito del orden internacional

La acción de Trump en Venezuela rompe formalmente con las reglas del sistema de seguridad global establecido después de la Segunda Guerra Mundial. Pero estas normas ya estaban muertas desde la caída del muro de Berlín. Los grandes actores —Estados Unidos, Rusia, China— llevan décadas actuando según sus intereses.

Por ejemplo, la anexión del Tíbet por parte de China (1950), ampliamente condenada por la ONU, nunca fue revertida, y los bombardeos de la OTAN en Serbia (1999), liderados por EUA, se realizaron sin autorización del Consejo de Seguridad.

El analista Stephen Walt (Harvard Kennedy School) señala: «La hipocresía moral en política internacional es la norma. El problema no es lo que se hace, sino cómo se justifica». Trump, a diferencia de sus predecesores, simplemente no se molesta en disfrazar sus acciones.

El aviso: Trump dice lo que hace, y hace lo que dice

Este es el mensaje: Trump actúa. La doctrina de la “respuesta desproporcionada”, heredada de su anterior mandato (2017–2021), se hace efectiva en este nuevo contexto. El Council on Foreign Relations ya había advertido de que Trump considera la “proyección directa de fuerza” más eficaz que la diplomacia multilateral.

Los gobiernos que hasta ahora jugaban a la indefinición -especialmente los de América Latina y Europa- se ven ahora forzados a tomar partido.

Nueva configuración geopolítica: esferas de influencia con límites

La actuación en Venezuela reabre la lógica de la Guerra Fría: reparto de esferas de influencia. Pero con un matiz: solo mientras no choquen con los intereses estructurales de Estados Unidos.

China, por ejemplo, ha llegado a controlar cerca del 49% de la producción petrolera venezolana a través de joint ventures con PDVSA, según China-Latin America Finance Database (Inter-American Dialogue). El renminbi (moneda oficial de China) ya se utilizaba en contratos de petróleo, lo que ponía en riesgo la dominancia global del dólar, como han advertido informes del US-China Economic and Security Review Commission (2022).

Esto sitúa a Venezuela como pieza clave en la estrategia de Washington para frenar la expansión de China en el continente americano. La intervención es, pues, un aviso: sí en las esferas de influencia, pero no si afectan a la hegemonía del dólar.

Países en estado de riesgo: Cuba, México, Irán…

Cuba ha quedado huérfano. Según datos de Reuters y del propio gobierno cubano, la producción eléctrica se ha desplomado por la pérdida del suministro de petróleo venezolano. El régimen, sin divisas ni energía, afronta su mayor crisis desde la década de los 90.

México, como han señalado analistas como Robert D. Kaplan (The Revenge of Geography), podría ser el escenario de un futuro conflicto interno por parte de EE.UU., utilizando como justificación el narcoterrorismo. Trump ya lo insinuó en el 2020, y el Pentagon Defense Posture Review del 2023 lo contempla como plausible escenario.

Irán, señalado de nuevo, es el enemigo sistémico. El ataque a distancia —modelo ya ensayado con el asesinato de Qasem Soleimani en el 2020— podría repetirse. La alianza tácita entre Israel y los países suníes (Arabia Saudita, EAU) lo facilitaría, como recoge el último informe del Middle East Institute.

Dinamarca y la UE: tensiones por Groenlandia y fracaso europeo

Groenlandia, territorio clave para el control del Ártico, vuelve a estar en el foco. Trump ya intentó comprarla en el 2019. El Danish Foreign Policy Review advierte que la presencia militar estadounidense en Thule no es solo simbólica.

Mientras, la Unión Europea ha quedado descolocada. El European Council on Foreign Relations ha publicado un informe durísimo sobre la incapacidad de la UE para generar una política exterior autónoma. EE.UU. lo sabe.

Consecuencias económicas: el “fideicomiso” energético

Trump ha anunciado que Estados Unidos “administrará” Venezuela y sus recursos hasta garantizar una transición segura (Fox News, 2026-01-03). Esto incluye la llegada de petroleras como ExxonMobil, Chevron o Shell, que ya se han posicionado para firmar acuerdos de reconstrucción y explotación.

¿Pero quién firma estos contratos? Si el gobierno de EE.UU. actúa como administrador de facto, la recuperación será rápida, pero pondrá en duda la soberanía económica.

Terremoto diplomático en Latinoamérica

Se ha roto la bóveda de la diplomacia tradicional.

  1. Fin de la ambigüedad: España, Colombia y otros tendrán que posicionarse. La neutralidad ya no es viable.
  2. Ascenso del pragmatismo autoritario: El éxito táctico refuerza la idea de que la fuerza obtiene resultados. Trump impone una narrativa clara: menos palabras, más acciones.

España y Cataluña: efectos colaterales

Pedro Sánchez podría intentar capitalizar la oposición a Trump para reforzar la izquierda. Pero es un juego arriesgado: EE.UU. tiene varias cartas, como el apoyo tácito a Marruecos en el caso del Sáhara Occidental (Politico, 2025-12), lo que puede tensionar las relaciones bilaterales.

En Cataluña, Aliança Catalana podría sacar provecho de ser la única fuerza en apoyar de forma explícita a Trump, ocupando espacios políticos que Junts no acaba de definir.

Conclusión: una advertencia global

La actuación de Trump no es solo una intervención puntual. Es una señal global. Marca el retorno a la política de fuerza, al dominio geoeconómico sin disimulos y a la redefinición del orden internacional. Ignorarlo es jugar con normas que ya no son válidas.

Trump no ha roto el orden internacional. Lo ha hecho visible. Venezuela es el primer aviso claro del nuevo orden global: poder, energía y fuerza sin maquillaje. #Trump #Venezuela Compartir en X

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