Todos los Santos frente a Halloween: defendamos las tradiciones catalanas

Cada año, cuando se acerca el 31 de octubre, las calles, los escaparates, las escuelas y los centros comerciales se llenan de calabazas iluminadas, esqueletos, brujas, fantasmas y todo tipo de decoraciones inspiradas en Halloween. La celebración, importada de la cultura anglosajona y difundida por todo el mundo por la industria del entretenimiento, ha ido ganando terreno en Cataluña hasta el punto de que, para muchos niños, las calabazas y el truco o trato parecen haber desplazado las tradiciones que durante generaciones habían dado personalidad propia a nuestra festividad de Todos los Santos.

No se trata de negar que las tradiciones evolucionen, ni de pretender que los niños no se diviertan disfrazándose. Tampoco tiene mucho sentido convertir esta cuestión en una batalla contra cualquier influencia extranjera. Las culturas siempre han intercambiado costumbres, y Cataluña nunca ha sido una excepción.

Pero una cosa es incorporar elementos nuevos y otra, muy distinta, ir arrinconando las tradiciones propias hasta hacerlas casi invisibles.

Y este es el riesgo que deberíamos saber reconocer.

Panellets, castañas y boniatos: el sabor de nuestro otoño

Todos los Santos es una de las celebraciones más arraigadas en la cultura popular catalana. Su proximidad con la Castañada ha hecho que ambas fechas queden estrechamente vinculadas en el imaginario colectivo.

Los panellets, elaborados tradicionalmente con almendra y azúcar y a menudo recubiertos de piñones, son una de las grandes expresiones de la repostería popular catalana. En las pastelerías, los hogares y los obradores, su preparación y degustación forman parte de una costumbre que se transmite de generación en generación.

Las castañas asadas, vendidas tradicionalmente en los puestos callejeros cuando llega el frío, y los boniatos, cocidos al horno y consumidos bien calientes, completan esta estampa otoñal tan nuestra. Son alimentos sencillos, vinculados al calendario, al paisaje y a una forma de vivir las fiestas que no necesita grandes artificios comerciales.

La castañera, con su delantal, el pañuelo en la cabeza y la cesta de castañas, es también una figura entrañable de la cultura popular. En las escuelas infantiles y los centros educativos, su presencia ha servido durante muchos años para acercar a los más pequeños a los ritmos de las estaciones y a las tradiciones del país.

Todo ello constituye un patrimonio cultural que merece ser conocido, practicado y transmitido.

Recordar a quienes ya no están

Pero Todos los Santos no es solo una fiesta gastronómica. Su sentido tradicional está profundamente vinculado al recuerdo de los difuntos.

El 1 de noviembre, muchas familias visitan los cementerios, limpian y adornan las tumbas y llevan flores. Es una jornada de recuerdo, de reencuentro con la memoria familiar y de reflexión sobre el paso del tiempo. Al día siguiente, en el Día de los Difuntos, la tradición cristiana dedica una atención especial a la oración por quienes han muerto.

Esta dimensión de la festividad, más serena e íntima, contrasta con el ambiente lúdico y comercial que acompaña a Halloween. No son necesariamente celebraciones incompatibles, porque nada impide que una familia participe en ambas. Sin embargo, conviene recordar que Todos los Santos tiene un significado propio, que va más allá de los dulces y las actividades infantiles.

Una sociedad que pierde la capacidad de recordar a sus difuntos, honrar a sus antepasados y dar un sentido colectivo al duelo corre el riesgo de convertir todas las celebraciones en simples ocasiones de consumo.

Halloween: una fiesta cada vez más presente

La implantación de Halloween en Cataluña es cada vez más visible. Los comercios le dedican escaparates y campañas específicas; las escuelas organizan actividades temáticas; las discotecas y los establecimientos de ocio preparan fiestas de disfraces, y las plataformas audiovisuales contribuyen a popularizar su imaginario.

Las calabazas recortadas, las brujas, los monstruos y la costumbre de pedir golosinas casa por casa forman parte de una escenografía que muchos niños conocen tan bien como, o incluso mejor que, las tradiciones catalanas de la misma época.

Cabe precisar que Halloween no es una invención exclusivamente norteamericana. Tiene raíces históricas diversas, entre las que se encuentran la celebración cristiana de la víspera de Todos los Santos y las costumbres desarrolladas en las islas Británicas.

Su expansión contemporánea, sin embargo, se ha visto muy favorecida por la cultura popular norteamericana, el cine, la televisión y el marketing comercial.

El problema, por tanto, no es el origen extranjero de una fiesta. El problema es el desequilibrio entre la capacidad de difusión de un modelo global y la fragilidad con la que, a veces, transmitimos nuestras propias tradiciones.

Cuando una escuela dedica semanas a preparar disfraces de Halloween, pero apenas explica de dónde viene la Castañada; cuando los escaparates se visten de calabazas y esqueletos, pero la castañera queda relegada a un rincón; o cuando los niños identifican inmediatamente el truco o trato, pero no saben explicar qué celebramos por Todos los Santos, algo se está perdiendo.

No es una cuestión menor. Las tradiciones son una parte de la memoria compartida de un pueblo.

La responsabilidad de las familias, las escuelas y las instituciones

Ante esta situación, no basta con lamentarse. Si queremos que las tradiciones catalanas sigan vivas, hay que practicarlas y transmitirlas.

Las familias pueden preparar panellets en casa, comprar castañas, asar boniatos y explicar a los niños el significado de Todos los Santos. Las escuelas pueden mantener la Castañada como una celebración central del calendario otoñal y dar a conocer las canciones, los dichos, los cuentos tradicionales y los personajes de la cultura popular catalana.

Los ayuntamientos, las asociaciones culturales y las entidades de barrio también pueden contribuir organizando ferias, talleres, puestos de castañas y actividades que acerquen las tradiciones a las nuevas generaciones.

Y los medios de comunicación del país tienen igualmente una responsabilidad: dar visibilidad al patrimonio cultural catalán, explicar sus orígenes y evitar que las celebraciones importadas acaparen toda la atención mediática.

No se trata de prohibir Halloween, ridiculizar a quienes lo celebran ni convertir la Castañada en una obligación identitaria. Se trata de garantizar que los niños tengan la oportunidad de conocer ambas celebraciones y comprender que la cultura catalana no es una pieza de museo, sino una realidad viva que necesita continuidad.

Una cultura viva debe preservar sus raíces

Cataluña es un país abierto, acostumbrado al contacto con otras culturas. Esta apertura es un valor, siempre que no implique el desconocimiento o el abandono de la propia identidad cultural.

Podemos disfrutar de los disfraces, las calabazas y las actividades de Halloween sin renunciar a los panellets, las castañas, los boniatos ni al recuerdo de nuestros difuntos. No existe ninguna contradicción inevitable entre una cosa y otra. Pero sí hay una responsabilidad colectiva: evitar que aquello que nos llega de fuera desplace, por simple inercia comercial o cultural, aquello que hemos heredado de las generaciones anteriores.

Las tradiciones no sobreviven solo porque hablemos de ellas con nostalgia. Sobreviven cuando las practicamos, cuando las explicamos a nuestros hijos y nietos y cuando les damos un lugar en la vida cotidiana.

Así pues, este Todos los Santos, llenemos las mesas de panellets, asemos castañas, comamos boniatos y dediquemos un rato a recordar a quienes nos han precedido. Expliquemos a los más pequeños quién era la castañera y por qué visitamos los cementerios. Hagamos que conozcan nuestras canciones, nuestros dichos y nuestras costumbres.

Que las calabazas y las brujas no nos hagan olvidar las castañas y los panellets.

Porque un país que deja perder sus tradiciones no se vuelve necesariamente más moderno ni más abierto. Simplemente, corre el riesgo de dejar de reconocerse a sí mismo.

Debemos evitar que aquello que nos llega de fuera desplace, por simple inercia comercial o cultural, aquello que hemos heredado de las generaciones anteriores. #TodosLosSantos #Halloween Compartir en X

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