Todos los mitos de Ada Colau se han deshinchado

Colau ha vivido, en parte lo hace aún, de las rentas de unos mitos. Uno de ellos muy importante el de defensora de la vivienda al alcance de la gente. Es público y notorio, es decir, ya no es noticia, que ha fracasado tajantemente en la construcción de nueva vivienda pública, pero es que además también lo ha hecho en toda la serie de políticas dirigidas a que hubiera más viviendas sociales de alquiler, aunque ésta fuera de promoción privada.

Sin embargo, el resultado es aún peor porque no es que en Barcelona el piso social vaya muy escaso, hasta el extremo de que Ada Colau utilice contenedores como sustituto, sino que es la oferta de pisos y el coste del alquiler lo que está asfixiando a la población.

Barcelona encabeza el aumento del coste del alquiler de toda España y al mismo tiempo la reducción de la oferta. Ambas magnitudes están relacionadas: a menor oferta más coste. Tanto el portal Idealista como Fotocasa señalan que el aumento del alquiler puede estar en torno al 18-20% y que la oferta de nuevos pisos ha caído el 60%. Si a estos hechos, fruto de las políticas equivocadas llevadas a cabo por Ada Colau, con la ayuda decisiva de la legislación de la Generalitat de Pere Aragonès, se le añade la vuelta de los turistas, los estudiantes y el final del teletrabajo, el resultado es que nunca como ahora, al final del mandato de Colau, la vivienda ha sido un bien tan escaso y caro en Barcelona. Deberíamos retroceder muchas década en el tiempo para encontrar un escenario similar, con una diferencia radical, entonces, de mejor o peor calidad, había una importante producción de las denominadas viviendas protegidas, las que hoy denominamos sociales, que ahora no existen.

La segunda característica del mito de Colau ha sido que impulsaba la justicia social a escala de barrios, velando para que los que se encontraban con mayores dificultades pudieran emerger. La estadística señala que no es así. Las diferencias han crecido en lugar de reducirse, algo que evidentemente no es de la responsabilidad de Colau porque las crisis han castigado más a unos que a otros, pero lo que sí es responsabilidad suya es el olvido de los barrios peor situados y concretamente todos los del eje del Besòs.

Qué mayor contradicción, Colau fija su atención y quiere situar sus elementos emblemáticos y, por tanto el gasto, en el Eixample, con las manzanas y el tranvía, al tiempo que se ha olvidado del Besòs. Ahora a toda prisa y en el último pleno, todas las fuerzas políticas unánimemente han establecido un programa de actuaciones a largo plazo en los barrios del Besòs, el Maresme y Sant Martí. No es otra cosa que el gesto de quien se da cuenta del olvido cuando se avecinan las elecciones municipales, y se hace lo que resulta más fácil: un plan a largo plazo.

La realidad es que la situación social de los barrios ha empeorado y no solo de los periféricos, basta con ver lo que ocurre en el Raval, en el Gòtic, la Barceloneta, incluso en Gràcia para constatar cómo se degradan las concisiones ambientales que son las que en definitiva terminan determinando el bienestar, también económico, de cada territorio. Porque la degradación ambiental comporta también deterioro económico.

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