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Suspensión del Mobile World Congress: entre las deficiencias de gestión y la mano oscura

La suspensión del Mobile World Congress sigue despertando más preguntas que respuestas. No es para menos.

Las autoridades, gobierno del Estado, Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona, habían mostrado una inusual unanimidad para asegurar, incluso 24 horas antes, que no existía ningún motivo para la suspensión, y que la inmensa mayoría de empresas inscritas, del orden de 2000, no habían manifestado ninguna intención de suprimir su asistencia.

A pesar de ello, la organización responsable del Congreso lo desconvocó de forma precipitada el jueves, un día antes de la reunión anunciada para tomar una decisión. La propia Organización Mundial de la Salud que ha decretado una alerta mundial, informó que no había causa justificada para suspensión.

Por si esto fuera poco, se da el fuerte contraste con otros grandes congresos y salones que están anunciados o realizándose en Europa, sin ningún tipo de alarma y mucho menos riesgo de suspensión. A lo máximo que se ha llegado en alguno de ellos, es a situar dispensadores de solución desinfectante para las manos, lo cual lo es todo menos espectacular.

En Ámsterdam se celebra la feria Integrated Systems Europa (ISE) que reúne a la industria de los sistemas integrados de imagen y sonido. También es muy grande: 1300 expositores y una asistencia que el año pasado fue de 80.000 visitantes. Tiene además en común con él Mobile un buen número de empresas, Sony, Cisco e Intel, que se retiraron de Barcelona, pero están en Ámsterdam. También podemos encontrar el salón del motor en Ginebra, la Semana de la Moda en París, Incluso en España la feria de arte contemporáneo ARCO en Madrid. Todas ellas mantienen el evento sin especiales alharacas ni medidas extraordinarias de prevención.

¿Qué ha sucedido pues, en Barcelona?

Tres interpretaciones, a falta de más información, intentan explicar este formidable golpe al prestigio y la economía de una ciudad, y por extensión de toda Cataluña. También golpea a un sector que ha crecido a rebufo de este gran acontecimiento anual y que ahora puede ver su futuro comprometido si el Congreso del Mobile se tambalea en el futuro.

Y es que una de las teorías sobre la suspensión se refiere a una “mano negra” que persigue desplazar este gran acontecimiento a Oriente.  Habría, en este sentido, una pugna subterránea entre poderes para evitar que el Mobile continuara en Barcelona y se localizara en un espacio tecnológico más cercano a China, a su área de influencia. Sería una forma de jugar el coronavirus como una ventaja. Claro que no tiene porqué ser aquel entorno el beneficiado. Hay muchos intereses en desplazar el Mobile de Barcelona. El propio subdirector de La Vanguardia y delegado de este periódico en Madrid, Enric juliana, apuntaba en este sentido en la crónica del pasado jueves.

Una segunda versión apunta a la “guerra comercial” entre China y Estados Unidos, por la presentación por parte de Huawei de la nueva tecnología 5G en sus móviles.

La tercera versión es menos maquiavélica. Simplemente considera que hubo una sobreactuación por parte de los organizadores que, queriendo aportar mayores garantías, despertaron la alarma entre parte de los asistentes. Juega a favor de esta tesis el hecho de que ninguno de los otros grandes eventos haya anunciado medidas tan extraordinarias como omitir visitantes procedentes de China que no hiciera más de 14 días que estuvieran fuera de su país, o la absurda medida de vetar la entrada a los asistentes de la provincia que es el foco fundamental en China, cuando éstos, por decisión de sus propias autoridades, se encuentran impedidos de viajar por la cuarentena.

Las dudas continuarán porque no existe una explicación razonable de por qué tantas y tan grandes empresas decidieron rápidamente anular su presencia en Barcelona, más cuando algunas de ellas forman parte de la organización que controla el Congreso. En cualquier caso, es una mala noticia que se añade a otras más, de carácter reciente, los daños de la tormenta “Gloria”, la crisis profunda de la 2ª industria automovilística de Cataluña, Nissan. Todos ellos son golpes en un espacio de poco tiempo, que están incidiendo sobre la base económica de Cataluña. Todo esto en un escenario político, que si bien calmado, resulta todavía incierto, no es en ningún caso una buena noticia.

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