Sánchez es un peligro para (casi) todo el mundo

A medida que se extiende el mandato de Sánchez se hace evidente que su ansia de poder le convierte en un peligro para todos, con la única excepción de sus seguidores, excepto cuando le molesten.

Hay un famoso poema, polémico en su autoría, que hace mucho el caso. Es aquel que dice:

Primero vinieron por los socialistas,
y yo no dije nada, porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos,
y yo no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí,
y no quedó nadie para hablar por mí.

Su autor fue el pastor luterano alemán Martin Niemöller (1892-1984) y era una protesta ya la vez un llamamiento dirigido a las élites alemanas que no hablaron fuerte y claro con la llegada de los nazis al poder.

Muchos achacan la autoría a Bertolt Brecht, pero todas las evidencias señalan lo contrario.

Hay otra versión de Elena Weigel (1900-1971) que afirmaba que el texto era realmente de Brecht y que se parecía, pero no era exactamente igual que el anterior. Decía así:

Primero se llevaron a los judíos,
pero a mí no me importó porque yo no lo era.
Luego arrestaron a los comunistas,
pero como yo no era comunista, tampoco me importó.
Más adelante detuvieron a los obreros,
pero como no era obrero, tampoco me importó.
Luego detuvieron a los estudiantes,
pero como yo no era estudiante, tampoco me importó.
Finalmente detuvieron a los curas,
pero como yo no era religioso, tampoco me importó.
Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde.

Éste es exactamente el riesgo que sufrimos con Sánchez. En la medida en que choca con dificultades para mantenerse en el poder reacciona agrediendo a grupos y personas en función de sus intereses.

Ahora, con un gobierno paralizado que después de 8 meses solo ha sacado dos decretos y tres leyes de las que sólo una ha sido refrendada por el Senado, tira del recurso habitual de sacar a pasear a la Iglesia católica y focalizar en ella el conflicto.

Lo hace a cuenta de un pretendido plan de indemnización de las víctimas de la pederastia en el seno de la iglesia.

Podría ser un propósito excelente a menos que todos los datos disponibles, incluidos los que maneja el ministerio del Interior sobre denuncias de abusos a menores, menos de un 1% de las víctimas pertenecen al ámbito eclesial.

El último estudio de la Fundación ANAR, especializada en la asistencia a menores, mostraba claramente la extrema marginalidad de los casos que tenían como autores religiosos o personas vinculadas a instancias oficiales católicas y que la inmensa mayoría se producían en la familia o entorno familiar seguido de otras instancias externas. Por tanto, cuando actúa así el gobierno lo que hace es mirar hacia otro lado y dejar sin atención el 99% de los casos y, lo que es tanto o más grave, dejarlos además sin políticas de prevención.

Además, por lo que se conoce del plan, es una monstruosidad desde el punto de vista jurídico, porque solo exige, por considerar a una persona víctima y reclamar una indemnización, exactamente que lo diga.

No importa los años que hayan pasado, pueden ser 50, le da igual, ni que el posible delito haya prescrito o que no haya denuncia ni juicio. Nada. Únicamente hace falta que se presente y levante el dedo. Como detrás de este presentarse existe la posibilidad de una indemnización, es evidente que el abuso jurídico del gobierno es absoluto.

Y aquí hay que recordar la frase de Montesquiu: «algo no es justo por ser ley. Debe ser ley porque es justo». Y este texto es de una injusticia y arbitrariedad flagrantes.

A la iglesia le queda el recurso de quedar en la picota si no reacciona bien y decir que no acepta el abuso. Da igual. Entonces entrará en juego la segunda parte del plan, la actuación directa del gobierno que previsiblemente trae un corolario no escrito. El estado pagará lo que sea, y para quien lo solicite, y después le pasarán la factura a la iglesia restándole los recursos que el estado le traspasa.

Ahora el gran interrogante es si una vez más la iglesia consentirá el ser el asno de los golpes de Sánchez o por una vez será capaz de levantar la cabeza.

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