Sánchez: el agujero negro del sistema político español

Un agujero negro es una región del espacio-tiempo donde la concentración de masa genera una gravedad tan extraordinaria que, una vez atravesado el horizonte de sucesos, ni siquiera la luz puede escapar de él. Todo lo que cae más allá de esta frontera queda definitivamente fuera de nuestro alcance.

La metáfora sirve para describir un fenómeno de la política española:

la capacidad de Pedro Sánchez para mantenerse al margen de las consecuencias políticas de los grandes fracasos producidos durante sus ocho años de gobierno.

La cuestión no es únicamente la sucesión de desastres. Es su digestión política. La actualidad devora el escándalo anterior y una poderosa estructura de comunicación, con cientos de asesores y una intensa actividad mediática, contribuye a desplazar la atención hacia el relato del día siguiente.

Pero la democracia no consiste solo en ganar elecciones. Exige rendir cuentas, asumir errores y depurar responsabilidades. Cuando estas exigencias se debilitan, también lo hace la confianza en las instituciones.

Urda y Adamuz: 115 muertos bajo un mismo ministerio

El 28 de octubre, la colisión ferroviaria de Urda dejó al menos 69 muertos. Nueve meses antes, Adamuz había causado 46. Ciento quince víctimas mortales en dos catástrofes de alta velocidad durante el mandato ministerial de Óscar Puente.

La responsabilidad causal de los accidentes corresponde determinarla a las investigaciones. La responsabilidad política, sin embargo, plantea una pregunta diferente: ¿qué ha fallado en la supervisión, el mantenimiento, los procedimientos y las garantías de seguridad del sistema?

En Urda, el fallo del sistema automático LZB precedió a una autorización de circulación que se ha convertido en objeto central de la investigación. Puente señaló la decisión de un operador como inexplicable.

Pero un ferrocarril de alta velocidad no puede depender exclusivamente de la infalibilidad de una persona. Precisamente existen sistemas de seguridad para impedir que un error humano se convierta en una masacre.

Y aquí emerge la cuestión política:

Después de Adamuz, con abundantes recursos presupuestarios y europeos disponibles, ¿qué deficiencias se detectaron y corrigieron? ¿Por qué una nueva catástrofe ha vuelto a poner en cuestión la solidez del sistema?

La DANA: las obras que siguen pendientes

Dos años después de la DANA valenciana, que provocó 233 muertos y miles de heridos, sigue pendiente la gran actuación hidráulica destinada a desviar las aguas del barranco del Poyo hacia el nuevo cauce del Turia.

No se trata de una necesidad descubierta después de la tragedia. El proyecto se remonta a 2006 y disponía de una declaración de impacto ambiental desde 2011. Gobiernos de distintos colores dejaron pasar los años sin ejecutarlo.

La gestión de Carlos Mazón, el retraso de la alerta y sus responsabilidades políticas ocuparon, justificadamente, el primer plano. Mazón acabó dimitiendo.

Pero existe otra pregunta igualmente exigente:

¿Por qué el Gobierno central, responsable de aquella infraestructura hidráulica, tampoco ejecutó la actuación preventiva durante sus ocho años de mandato? ¿Por qué no lo ha hecho, pese a disponer de una cantidad de fondos europeos sin precedentes?

No se puede afirmar que esta actuación hubiera evitado todas las muertes, pero sí la mayoría, ya que estaba concebida para reducir el riesgo de inundación en una zona que después resultaría devastada.

El gran apagón: explicaciones sin responsabilidades

El 28 de abril de 2025, España sufrió un apagón eléctrico general.

Tras los informes gubernamentales y europeos, conocemos la sucesión de oscilaciones, problemas de control de tensión y desconexiones que condujeron al colapso.

Pero sigue sin quedar satisfactoriamente aclarado por qué el sistema llegó a aquella situación ni qué responsabilidad corresponde a cada uno de los actores. Las discrepancias entre el gestor de la red y las empresas eléctricas persisten.

Mientras tanto, la operación reforzada posterior ha incrementado los costes de ajuste del sistema, con repercusiones sobre los consumidores.

¿Y la responsabilidad política? Ninguna dimisión ministerial como consecuencia directa del apagón.

Ceuta: una frontera y demasiados interrogantes

Los días 30 y 31 de julio de 2026, Ceuta vivió una entrada masiva de personas procedentes de Marruecos. Las estimaciones institucionales oscilaron entre las 70.000 y las 80.000 personas. Hoy, la cifra se acerca más a las 100.000.

Mandos policiales han declarado haber observado embarcaciones militares marroquíes y una actitud de pasividad por parte de las autoridades del país vecino. La justicia sigue investigando qué sabían las autoridades españolas y qué decisiones adoptaron.

La dimisión del jefe de gabinete de la Delegación del Gobierno no ha cerrado el asunto. La jueza ha reclamado más documentación de inteligencia.

No es una incidencia fronteriza ordinaria: es una crisis de seguridad nacional que exige explicaciones completas.

Cuando la responsabilidad sí tiene consecuencias

En Grecia, el ministro de Transportes dimitió tras la catástrofe ferroviaria de Tempe, en 2023, que causó 57 muertos.

En Serbia, el derrumbe de una marquesina de la estación de Novi Sad, con 16 víctimas, desencadenó un movimiento ciudadano contra la corrupción que, dos años después, ha contribuido a la derrota electoral del poder establecido.

Son respuestas diferentes, en circunstancias diferentes. Pero recuerdan un principio fundamental: una tragedia institucional puede tener consecuencias políticas.

España se enfrenta a una cuestión de fondo. Cinco episodios de distinta naturaleza han puesto a prueba infraestructuras, sistemas de prevención, servicios esenciales y seguridad del Estado.

La pregunta no es si un Gobierno puede impedir cualquier desgracia. Ningún Gobierno puede. La cuestión es si está dispuesto a responder políticamente cuando fallan los sistemas que tiene la obligación de dirigir y supervisar.

Sin esta exigencia, el agujero negro de la metáfora acaba devorando algo más importante que la reputación de un gobierno: la credibilidad de la democracia.

La actualidad devora el escándalo anterior y una poderosa estructura de comunicación, con cientos de asesores y una intensa actividad mediática, contribuye a desplazar la atención hacia el relato del día siguiente. #PedroSánchez Compartir en X

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