No es país para viejos. El escándalo de las residencias asistidas

Hay opiniones que sostienen que ahora no es momento de críticas, y que cuando esto pase ya se dará la ocasión. Es un error de apreciación grave. Porque la crítica, cuando es concreta y basada en hechos, sirve para que se rectifique, y la política seguida por los responsables del gobierno español tiene mucho que rectificar, porque cada error se paga con víctimas.

Ahora ha estallado el escándalo de los muertos en residencias de personas mayores.  Tres en Cataluña, donde impera la opacidad en este tipo de datos, otra más en Madrid, donde el virus ja ha matado a más de 54 ancianos, Vitoria, Ciudad Real, Valencia y Alicante. Y el problema seguirá porque es el desarrollo de una muerte anunciada, que la dirección de la respuesta sanitaria, con el doctor Simón y el ministro de Sanidad como cabezas visibles, no ha tomado en consideración.

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                ITALIA: MUERTES POR EDADES

Pero vayamos a los hechos. Para empezar, las autoridades no proporcionan la mortalidad por edades, pero Italia sí. Por ella sabíamos que el 88% de los muertos tienen 70 o más años, y un 8% están en la franja previa, de 60-69 años. Prácticamente casi no hay muertos en el resto de la población.

Sabemos también que la concentración de personas favorece la propagación del coronavirus, y ambos factores se concretan en las resistencias asistidas. A pesar de ello han sido las grandes ignoradas. No se ha adoptado ninguna medida para prevenir y en su caso contener estos focos, que no solo eran una gran amenaza para los propios residentes, sino para los trabajadores. La respuesta necesaria era evidente. Dar, desde principios de marzo, prioridad a un cribado de estos centros mediante las pruebas de coronavirus, las que se han venido reservando a las élites políticas. Era y es necesario su uso masivo para evitar ir siempre, como hasta ahora, detrás del virus, en lugar de anticiparse.

Repartir elementos de prevención pasiva, mascarillas, guantes, para el personal de estos centros, y disponer en definitiva de un plan de contingencia. No ha sido así. Ninguna medida especial, ninguna atención: nada. ¿Cómo se puede calificar este hecho?

Este abandono letal contrasta con la rápida preparación de un plan de contingencia a causa del coronavirus en relación con la violencia de género. Eso está muy bien, pero no obedece a ninguna prioridad sanitaria, como no lo fue incentivar las manifestaciones del día 8 de mayo, de aciago recuerdo. Ni se trata de población de riesgo, ni por edad, ni porque las mujeres se están viendo mucho menos afectadas que los hombres, ni se trata de focos.

Una vez más los a prioris ideológicos pasan por delante de las prioridades sobre la salud. No se puede confiar en quienes nos gobiernan bajo estos criterios. Y la rectificación no es para cuando esto acabe, sino ahora, para evitar más muertes.

Y no se trata solo de la responsabilidad del gobierno español. Aunque él lleva la dirección, nada impedía a las comunidades autónomas establecer planes de contingencia propios para las residencias de ancianos. En este aspecto el caso de Cataluña es sangrante. Por una parte, el gobierno catalán y TV3 utilizan la epidemia para atacar al gobierno español sistemáticamente, algo que por ejemplo el Gobierno vasco se cuida mucho de hacer, pero por otra, y esto es habitual, no hace lo que sí que puede hacer. En el caso de los ancianos y sus residencias también las ha ignorado.  Por desconocer incluso no sabemos cuántos muertos hay de estas características.

La conclusión es clara y urgente:

es necesario un plan de contingencia para todas las residencias de ancianos, y el uso masivo de pruebas de infección Clic para tuitear.

Necesitamos menos discurso y más hechos tangibles.

Más información sobre el coronavirus en ESPECIAL CORONAVIRUS

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