En 1511 Erasmo de Rotterdam publicó, en latín, su famosa Stultitiae laus −Elogio de la estulticia− (que hoy conocemos, mal traducida, como Elogio de la locura). Es una sátira con la que quiere convencer al mundo de que la Estulticia es el origen de todas las bondades, diversiones y deleites que el ser humano disfruta. Erasmo hace una relación puntual de las «ventajas» de la Estulticia sobre la Razón y señala lo felices que son los hombres cuando viven abrigados por la estulticia, situación de la que nadie escapa.
La Estulticia se vanagloria de que sus muchos beneficios se reparten entre todo tipo de personas, desde las más vulgares hasta los reyes, ya que ella es insensata, sabedora de ser la única capaz de alegrar por igual a los hombres y los dioses, defensora de su derecho a «autoelogiarse», por lo que se jacta de: «¿Quién puede hablar mejor de mí que yo misma?». Acompañada de la ebriedad, la adulación, la pereza o la ignorancia, reclama sus méritos con descaro y gracia, en un discurso impregnado de ironía.
La palabra estulticia significaba, originariamente, la rigidez de rocas de textura gruesa y grosera. Más adelante sirvió para designar objetos pesados e inamovibles. Finalmente se refirió a aquellas personas que se recrean en su ignorancia, incapaces de modificar un punto sus posiciones o conductas, imposibilitadas por querer comprender o –como es el caso que nos ocupa– que actúan con presunción. ¡Este es el estulto!
En la recepción en el Parlamento español, cuando el Papa saluda a cada uno de los parlamentarios, el protocolo dice que se da la mano y se saluda con una pequeña inclinación de cabeza, pero dos de los parlamentarios de Junts, una mujer y un hombre, rompieron el protocolo. Primero, la mujer cogió la mano del Papa con las dos manos y con una risita sarcástica en la boca le soltó, en inglés, esta amonestación:
«−His Holiness, like Gaudí, I am Catalan. Speaking language of the land that welcomes you is a wonderful act of love and respect. Y hope you enjoy your visit to Catalonia, my nation».
Poco después, el hombre le repitió lo mismo, aunque con otras palabras y en italiano:
«−Santità, come Antoni Gaudí e Pau Casals, sono catalano. Parlare la lingua della terra che vi accoglie é un bellissimo atto di rispetto e amore».
Supongo que estas dos personas no conocen el protocolo ni el castellano y por eso hablaron en inglés e italiano al Papa para hacerle saber que estaba en Catalunya y que aquí hablamos catalán (como si no lo supiera). Este acto de presunción no hacía falta, pero claro, poder hacerse la foto con el Papa y pretender darle lecciones no pasa cada día.
Me imagino que esas mismas personas, cuando visiten al lehendakari o a los señores Putin o Xi Jinping, les hablarán en euskera, ruso o chino, por aquello de: «Speaking the language of the land that welcomes…» y también: «Parlare la lingua della terra che vi accoglie…».
La Estulticia es muy corriente, tanto que su manifestación no acabó aquí.
Continuó en la Sagrada Família al final de la bendición de la Cruz. Un grupo de cantores pensaba hacer un acto reivindicativo independentista promovido por Junts, la ANC y Òmnium Cultural bajo el lema:
—¡Tenemos que recibir al papa con «estelades»!
La policía se enteró y les hizo salir del templo tan pronto como terminó el acto.
Algunos cantores se quejaban de que la policía y los Mossos los habían echado sin consideraciones y que habían sufrido una «represión inaceptable».
−Nos han expulsado, ¡pero nosotros teníamos que cantar!
−¿Y qué tenían que cantar?
−Els Segadors y sacar las «estelades» que llevábamos escondidas entre las partituras.
−¿No sabían que no estaba permitida ninguna manifestación política de cualquier color?
—Sí, ¡pero teníamos que manifestar nuestra protesta independentista!
El presidente del Parlament de Catalunya, de Junts, en su vídeo publicado en Instagram en el que glosa la visita del Santo Padre, en ningún momento habla de hacer una manifestación independentista en el acto de la Sagrada Família ni de saltarse los protocolos… porque ya sabía que no estaba permitido. Pero algo debió saber de este affaire cuando al día siguiente expresó su «solidaridad» con los cantores expulsados: «Es algo grave, preocupante e incomprensible en democracia».
Otra manifestación estulta fue la de la señora presidenta de AC, que declinó ir a la recepción del Santo Padre porque no hizo todos los parlamentos en catalán, como si no supiera que sería así cuando aceptó ir.
La última fue la del titular del diari Ara: «La presidenta de AC planta al Papa y no irá a la Sagrada Família», como si el Santo Padre estuviera pendiente de recibirla a ella sola…
La estulticia no muere, sigue viva…
«¿Quién puede hablar mejor de mí que yo misma?», dice Erasmo a la Estulticia. Cinco siglos después, sigue encontrando portavoces. Compartir en X


