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Generalitat: destruyendo a los Mossos d’Esquadra

Destruir el prestigio de una organización policial es relativamente fácil. Los Mossos, una policía de nueva planta, no sin dificultades, han conseguido la imagen de una policía tan eficaz y eficiente como cualquier otra y en algunos aspectos incluso mejor. Superó pruebas extraordinariamente complicadas, y lo hizo con buena nota, como la del atentado terrorista, los disturbios del 1-O y las tensiones con la instancia judicial.

No puede negarse que Trapero ha sido en este sentido una persona clave para navegar en este mar tan difícil. Él y su equipo han salido, como cuerpo policial, bien parados. Pero al final ERC ha pagado la hipoteca comprometida con la CUP y de paso JxCat ha saldado la cuenta pendiente que tenía con Trapero, al haber anunciado en el juicio que habría detenido al presidente de la Generalitat si la justicia le hubiera pedido, y no sólo lo han destituido a él, sino también a su equipo, creando un precedente terrible, porque entre estas instituciones se encuentra la del responsable del ámbito de investigación de la corrupción que, entre otras, afecta a personas de la Generalitat, como es el caso de la presidenta del Parlamento y del anterior consejero de Gobernación.

En este sentido, el conseller Elena es el responsable personal de haber ejecutado una política que está en la destrucción de los Mossos d’Esquadra. Pero por si esto no fuera suficiente, Elena da un paso más que contribuirá de forma también importante al debilitamiento de esta organización policial, porque en su línea de feminizar a los Mossos, ha llevado este objetivo a una escala incompatible con lo que es la finalidad principal de la policía, la de proteger a los ciudadanos.

Como es de toda lógica, es bueno que ingresen mujeres en la policía, lo que no es bueno es que se haga de forma discriminatoria y de repente, porque entonces ya no hay valoración objetiva de los candidatos, sino que el hecho de ser mujer concede privilegios extraordinarios. Y eso es peligroso cuando resulta que de los 840 nuevos policías que se van a promover, prácticamente la mitad, 400, son mujeres. Es un número muy importante que desequilibrará la prestación de servicios.

Ante esta consideración, la pregunta lógica es ¿por qué el hecho de ser mujer ocasiona esta circunstancia? La respuesta es muy concreta y natural, porque ellas pueden desempeñar muchas de las funciones con igualdad de condiciones, pero no ninguna de aquellas que exijan unas determinadas prestaciones físicas, que son la mayoría de las que llevan a cabo los Mossos d’Esquadra. Este hecho se multiplica en su aspecto negativo si se considera que, además, la preparación física que reciben los Mossos de forma reglada una vez que han ingresado en el cuerpo es absolutamente marginal.

Como puede constatarse, por las exigencias en las pruebas físicas de acceso a Mossos, las diferencias entre si uno es hombre o mujer, son muy sustanciales. Para la carrera de agilidad, el saco que debe cargar un hombre es de 20 kg., mientras que la mujer lo hace con sólo 15kg. Es un 25% de diferencia, una pequeña magnitud. En el caso de la prueba de fuerza, la diferencia es mayor. El peso que debe levantar en el press de banca un candidato a Mosso, haciendo varias repeticiones, todas las posibles, es de 40k, pero si es una mujer sólo es de 15kg., es decir, casi un 40% menos. Y también en las pruebas aeróbicas la diferencia es notable. Para aprobar en éstas, en la denominada carrera de lanzadera, a una mujer le basta con obtener 7 puntos, mientras que un hombre necesita alcanzar 9. De hecho, si una mujer alcanza esta calificación obtiene en su escala de valores una nota de excelente, un 8 sobre 10, mientras que su equivalente para hombre se ubica sólo en el 4.

Para situar uno de los muchos ejemplos de la importancia física de los Mossos sólo hay que considerar cuando el 7 de noviembre del pasado año una turba asaltó las patrullas de los Mossos de Nou Barris. Los policías habían detenido a un hombre que había robado en un bar y finalmente la multitud les agredió y les obligó a liberarle. Fue una situación difícil, guiada por la impunidad de la masa. Son circunstancias que cada vez se dan más. La apariencia y capacidad física de los Mossos en estas circunstancias son muy importantes porque marcan la diferencia entre salir bien o mal parado.

En este mismo sentido hay que recordar, y este hecho se acentuará por la carencia de entrenamiento reglado de los Mossos, que la condición física decae velozmente a partir de los 35-40 años si no es fuertemente entrenada. Y ese proceso se da de forma más acentuada en las mujeres. Por tanto, las pruebas están pensadas considerando que en general las mujeres son mucho menos fuertes, menos ágiles y con menos capacidad aeróbica. El problema práctico comienza cuando una policía debe hacer frente físicamente a un delincuente que, evidentemente, no varía su entidad física para que el policía que le afronte sea una mujer. También tiene menos capacidad de superar dificultades físicas en una persecución, en una defensa, en la salvación física de una persona a quien deba sacar de una situación difícil, de un coche accidentado, de un hogar en peligro, etc.

En este punto cada vez más la ideología del feminismo radical, y la irresponsabilidad de Elena en esto es muy grande, se antepone a la finalidad del cuerpo de proteger al ciudadano.

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Todas estas consideraciones, como es lógico, no tendrían lugar si las pruebas físicas de hombres y mujeres fueran las mismas para el acceso general al cuerpo y, en cualquier caso, se limitaran las diferencias, haciéndolas más fáciles para aquellas mujeres que después tuvieran que optar necesariamente a actividades policiales que no exigen en ninguna circunstancia disponer de determinadas capacidades físicas. Mientras esto no se adapte, cabe decir que lo que está haciendo el departamento de Interior es, por partida doble, con las destituciones y con la arbitrariedad, conducir con la feminización del cuerpo a su destrucción.

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