Europa: militarismo sin ejército

Con la excepción de Hungría, los países europeos están de acuerdo en proceder a un rearme masivo, pero no está nada claro el cómo ni el porqué; parece que predominan más las prisas que los compromisos firmes.

Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, lo ha establecido en los siguientes términos: movilizar hasta 800.000 millones de euros en los próximos cuatro años. La financiación se realizará a través de varias vías:

  1. Presupuestos nacionales: Se espera que los Estados miembros aumenten su gasto en defensa hasta el 2% del PIB, lo que podría generar alrededor de 650.000 millones de euros en cuatro años. España hasta ahora no se ha comprometido a nada concreto. Además, parece que el gobierno de Sánchez ni siquiera va a presentar los presupuestos para este año, como tampoco lo hizo en el pasado. Italia y Grecia presentan muchas resistencias a un mayor gasto, mientras que Hungría se opone directamente. Los más decididos son los países bálticos, Finlandia y Polonia.
  2. Nuevo instrumento de defensa : La Comisión Europea propone crear eurobonos por valor de 150.000 millones de euros, que se distribuirían en forma de préstamos a los Estados miembros. No todo el mundo está de acuerdo. Especialmente Países Bajos y Alemania se muestran poco favorables.
  3. Flexibilización de las reglas fiscales: Se activaría la cláusula de escape nacional del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, permitiendo a los países aumentar el gasto en defensa sin que cuente en el déficit. Sánchez intentará utilizar ese mecanismo para hacer pasar como defensa gastos que, en realidad, no lo son.
  4. Posible banco de rearme: La UE está en conversaciones con EE.UU. y Reino Unido para crear un “banco de rearme” que emitiría bonos triple A con el apoyo de las naciones accionistas. Pero este tema está todavía muy verde.
  5. Compra y producción conjunta : Se propone la adquisición y fabricación colectiva de armamento para aumentar la eficiencia y reducir costes. El problema a corto y medio plazo es la gran dependencia europea de Estados Unidos. En el mejor de los casos, se calcula que un tercio del gasto serán compras a  Estados Unidos. Además, existen sistemas de armas y de detección y defensa aérea (el “escudo de hierro”) que la dependencia no es parcial, sino total, respecto al otro lado del Atlántico.

Sin embargo, existen debates y desacuerdos entre los Estados miembros sobre cómo implementar estas medidas.

Además, algunos países, como España y Francia, defienden la creación de eurobonos en forma de ayudas, similares a los fondos de recuperación por la COVID-19. Son los países endeudados, pero no parece que la idea prospere, porque otros, como Alemania y Países Bajos, se muestran escépticos o la rechazan. Algunas naciones consideran aumentar impuestos para financiar el rearme, como es el caso de Estonia.

En el caso de España, si en un escenario improbable cumpliera con el compromiso de un gasto importante, parece difícil que lo consiga sin mayor presión fiscal, salvo que aplique recortes en otras partidas, básicamente en el gasto social, que es de lejos el mayor, y porque no se atreverá a revisar la aportación creciente al sistema público de pensiones.

Las primeras consecuencias ya son visibles

El aumento del gasto en defensa ya tiene un impacto en los mercados financieros, elevando el coste de financiación de los Estados miembros en aproximadamente 50 puntos básicos.

La reunión del Consejo Europeo de 20 y 21 de marzo de 2025 aprobará el rearme de Europa, con la excepción de Hungría. La información proporcionada en los resultados de búsqueda no menciona esta reunión ni esta decisión, que era dirigida a tratar la situación en Ucrania, con el resultado de reiterar su apoyo incondicional. Kallas, la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, solicitó un compromiso inmediato de 40.000 millones, pero solo logró 5.000 millones para lo más urgente: la munición.

Un segundo tema era la trágica situación de Oriente Medio, y concretamente la nueva intervención militar en Gaza por parte de Israel, pero no ha habido grandes pronunciamientos. Este es uno de los grandes flancos más débiles de la credibilidad mundial de la UE: intransigente con la agresión rusa y empeñada en lograr una guerra más amplia, mientras que a la vez muestra un desinterés total por la masacre continuada de civiles en Gaza, que no tiene parangón con lo que sucede en Ucrania en este aspecto concreto.

Sin embargo, el tema clave era el de la defensa, aunque también debía tratarse la competitividad, pero se desconocen los posibles acuerdos en este sentido.

Sumando y restando, todo parece muy improvisado en la cuestión del rearme de Europa, ya sea por la fragilidad de algunos socios como España, que mientras estaba en la reunión se encontró con una propuesta de una parte de su gobierno y aliados parlamentarios contraria al rearme e incluso favorable a la salida de la OTAN; ya sea por la falta de claridad en los objetivos del rearme y la mencionada dependencia de Estados Unidos.

Pero, sobre todo, resulta inviable hablar de defensa europea sin planificar la forma de construir un ejército de este nivel. La inferioridad de Europa no radica en que gaste poco en comparación con Rusia (de hecho, tiene el triple de recursos), sino que gasta mal porque está fragmentada y descoordinada entre 21 ejércitos distintos.

Pero de eso ni se habla. Nos están metiendo en una escalada militar de una forma improvisada y muy peligrosa, cuando la UE debería ser la primera interesada en conseguir la paz en Ucrania y la mejora de las relaciones con Rusia. Pero parece que quien dirige hoy la estrategia europea son los tres países bálticos, Finlandia y Polonia. No vamos nada bien.

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