Con esta frase, pronunciada con ese aplomo que solo conceden los focos y la tarima, Sánchez se afanaba por cuadrar el balance de gobierno. Lo hacía en Ponferrada, junto al candidato socialista a la Junta de Castilla y León, Carlos Martínez, mientras las elecciones hacían esquina y olían a cartel recién enganchado.
Seguramente es cierto que España va como nunca. El desacuerdo está sobre la dirección. Y para saber hacia dónde navega la nave, nada mejor que observar los agujeros del casco. No por hacer sangre, sino por hacerse una composición de lugar, ejercicio que, en política, suele resultar excesivo.
- El gran apagón. España se quedó sin electricidad en todo el país. Las supuestas excelencias del sistema eléctrico quedaron en vilo. Todavía hoy no existe una explicación concluyente sobre la causa. Mientras, el nuevo régimen de producción para evitar otro apagón conlleva un coste elevado para los usuarios.
- El colapso de la red eléctrica y las limitaciones territoriales. En algunas provincias se combinan restricciones y autorizaciones discrecionales para nuevas instalaciones; en otros, las limitaciones son severas. El resultado es un castigo al crecimiento industrial y la inviabilidad de determinados planes de vivienda.
- La crisis de la alta velocidad ferroviaria. El antiguo éxito exhibido ha dejado de serlo. Un accidente mortal con decenas de víctimas evidenció deficiencias, pero no es algo aislado. La red ha estado ralentizada por la multiplicación de puntos de riesgo. Si el trayecto Barcelona-Madrid supera con frecuencia las tres horas y media o cuatro, la denominación “alta velocidad” resulta discutible.
- Retrasos en obras hidráulicas. Las desgracias derivadas de la DANA en Valencia, especialmente en el barranco del Poyo, no se explican solo por la gestión autonómica. Hay años de retraso en obras de regulación pendientes en la cuenca afectada.
- Crisis de la vivienda. Al llegar al poder, el problema era latente pero no explosivo. La acumulación de errores en la dirección gubernamental y ministerial ha desembocado en una grave falta de oferta, con impacto directo sobre ingresos, movilidad territorial y proyecto vital de las personas.
- Colapso de Cercanías en Cataluña. El mal funcionamiento es estructural: catenarias, vías, infraestructura, sistemas informáticos, coordinación e información al usuario. El servicio queda muy lejos del de Madrid, pero este, aunque menos, también presenta ya importantes deficiencias
- Abandono del ferrocarril convencional. Media y larga distancia presentan un deterioro general. El sistema ferroviario global se encuentra colapsado: ni AVE, ni convencionales, ni cercanías cumplen mínimamente.
- Conservación de carreteras. La carencia de inversión ha deteriorado asfalto y señalización de autopistas y carreteras, con riesgo para los usuarios.
- Estado de presas y embalses. Varias presas presentan síntomas preocupantes. Además, la colmatación de los embalses reduce su capacidad de regulación frente a lluvias torrenciales; algunos piden intervenciones urgentes.
- Estancamiento de la productividad. La consecuencia es que las perspectivas de crecimiento de la renta per cápita y los ingresos familiares son limitadas.
- Compresión salarial. El aumento del salario mínimo no ha ido acompañado de un incremento proporcional del conjunto de retribuciones. Cada vez más la diferencia entre el SMI y el salario más frecuente es menor hasta convertirse en poco significativa. Síntoma pésimo
- Inflación persistente. España registra niveles acumulados de inflación elevados en el contexto europeo, con especial impacto sobre rentas bajas y clase media.
- Baja ayuda a la familia. El conjunto de ayudas y desgravaciones representa entre el 50 y el 60% de la media de la Unión Europea.
- Elevada tasa de pobreza infantil. España encabeza para su vergüenza la clasificación europea en riesgo de pobreza infantil.
- Pobreza general Índice AROPE. El país ocupa posiciones de podio en ese indicador europeo de riesgo de pobreza y exclusión social.
- Resultados educativos (PISA). Deficiencias significativas, con fuertes oscilaciones entre comunidades: Castilla y León en posiciones destacadas; Cataluña en situación crítica.
- Reaparición de enfermedades desaparecidas. Ha reaparecido la viruela.
- Peste porcina africana (PPA). Reaparición en Cataluña sin control completo del foco.
- Tras más de siete años y medio de gobierno, el sistema sanitario no ha mejorado sino que ha empeorado. Las listas de espera se han acentuado y el malestar de los profesionales médicos ha crecido hasta el punto de amenazar con huelgas generalizadas y de larga duración. La tensión estructural del sistema es evidente.
- Educación y diferencias corporativas en Cataluña. El deterioro educativo se ha visto amplificado por huelgas de maestros que denuncian carencia de personal y sueldos insuficientes. Paralelamente, los Mossos d’Esquadra registraron aumentos salariales notables y reducciones de jornada. Este contraste corporativo resulta difícilmente justificable en términos de equidad pública.
- Barcelona y la pérdida de centralidad. En el transcurso de los años de gobierno socialista, Barcelona ha perdido su condición efectiva de cocapital con centralidad española y gran área de influencia. Hoy tiende a convertirse principalmente en capital turística, con una incidencia metropolitana debilitada por las dificultades de acceso, tanto por las deficiencias de Cercanías como por las restricciones a la movilidad privada.






