Nuclear

España investiga la bajada de su producción nuclear

El Consejo de la Seguridad Nuclear de España va a investigar las bajadas de producción de las centrales nucleares que no responden a una causa técnica. Las “bajadas de carga” han aumentado mucho desde el año pasado. El CSN las analizará desde el punto de vista de la seguridad, que es su competencia, por si ve necesario regularlas.

Desde la perspectiva de los usuarios, esta práctica de las empresas tiene implicaciones económicas, porque retira energía barata del mercado y puede hacer subir el precio de la luz.

Las “bajadas de carga” implican una bajada de la producción, y en los últimos años se han registrado, durante uno o más días en cada caso, con descensos de un 30%, un 35% y hasta un 43% en alguna central. Y no por problemas técnicos, sino por decisión de sus dueños.

Según datos del CSN a los que ha tenido acceso la Cadena Ser, en 2018 se sumaron apenas 230 horas de descenso de la actividad en el parque nuclear español por esta causa. En 2019 fueron 350. Pero en 2020 se dispararon hasta 2650. Y este año, sólo en enero y febrero, sumaron ya casi 800. La investigación del Consejo de Seguridad Nuclear se centrará a en los aspectos vinculados a la seguridad de esas prácticas, novedosas en su intensidad actual -informan fuentes próximas al regulador- para establecer posibles protocolos de actuación si lo ve necesario.

Pero desde la perspectiva de los consumidores la bajada de producción de una nuclear tiene incidencia en los precios: retira energía barata del mercado, y propicia que entre otra más cara para cubrir la demanda que marque precio a todas las demás, con lo que menos nuclear suele implicar una subida del recibo de la luz.

Este suceso coincide con la estrategia de la Unión Europea de crear un nuevo estándar de bonos verdes y apoyo a las empresas más pequeñas. No se ha acordado aún si los proyectos relacionados con energía nuclear y gas natural caben dentro de esta medida. Las opiniones sobre la idoneidad permanente o temporal de las tecnologías para los esfuerzos de descarbonización difieren sustancialmente entre los dos estados miembros más grandes de la UE, Francia y Alemania.

Alemania y otros estados más escépticos sobre el papel de la energía nuclear en el intento de Europa de volverse climáticamente neutral advirtieron contra la inclusión de la tecnología hasta poco antes del lanzamiento de la estrategia, citando preocupaciones sobre la seguridad de los reactores y la cuestión no resuelta del almacenamiento de desechos nucleares.

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