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Escuela concertada, cuestión de país. Siete razones

La escuela concertada es una “cuestión de país” en este momento en Catalunya. Este comentario trata sólo sobre la escuela concertada en Catalunya. Ésta no es sólo una cuestión propia de la Iglesia católica, o de las órdenes y congregaciones, o del centroderecha, o de los nacionalistas, o de los liberales. Es una cuestión de esos colectivos y sensibilidades, pero no sólo de ellos.

Algunos que simplemente somos ciudadanos y cristianos que trabajamos por el desarrollo y la iniciativa social en Catalunya, la consideramos una “cuestión de país”. El colectivo Treva i Pau publicó una mesurada, clara y rigurosa colaboración sobre la ley de educación recién aprobada en La Vanguardia de 19-II-2021: “Llei Celaá, qualitat i equitat?”. Es de agradecer. En las mismas fechas se publicaron otros interesantes escritos sobre la cuestión de la escuela concertada.

Para algunos, para quien escribe, ésta es una “cuestión de país”, es decir, una de aquellas cuestiones que permiten tomar decisiones estratégicas y empujar, acompañar o frenar procesos con consecuencias duraderas e importantes para todos.

Es decir, en opinión de quien firma este escrito, las decisiones que se vayan tomando en los próximos años tendrán importantes consecuencias para el conjunto de nuestra sociedad catalana. ¿Por qué la de la escuela concertada es una cuestión de país?

He aquí siete razones.
  1. La escuela concertada es cuestión de país para la integración del territorio, de las comarcas. La existencia de escuelas concertadas en cada comarca no es de ninguna manera secundaria para la “habitación” del territorio. Una comarca que perdiese centros concertados, perdería cohesión, habitabilidad, atractivo.
  2. La escuela concertada es cuestión de país para el desarrollo rural que, como es bien sabido, implica mucho más que productividad agraria, pues afecta a la población, a la red de infraestructuras energéticas, viarias, a la sostenibilidad del espacio rural, a las posibilidades del neo-ruralismo. El rus es mucho más que el ager, como nos enseñó Joan Vilà i Valentí.
  3. La escuela concertada es cuestión de país como uno de los pilares del llamado “ascensor social” para las capas medias, medias bajas y bajas en la percepción de la renta. La escuela concertada desde el siglo XVI ha sido “ascensor social”. No me he equivocado, desde el siglo XVI ha funcionado como “ascensor social”. La escuela concertada, como las estructuras familiares y de transmisión de la tierra, tiene mucho que ver con el aumento o disminución de las desigualdades en Europa, como muestran estudios diversos (E. Todd, Th. Piketty). Se puede cartografiar nuestro contiene, nuestro país con los mapas de la escuela concertada.
  4. La escuela concertada es cuestión de país como institución originaria en Catalunya pues existe mucho antes que la escuela pública e incluso que el nombre. Así es un país, en un territorio, en una sociedad, en el nuestro, en Catalunya. Por otro lado, es al menos trescientos años anterior al Estado liberal. Ningún Estado ha creado la escuela concertada, sino que a lo sumo la ha reconocido, ha regulado algunos de sus aspectos organizativos y ha contribuido a su financiación. Escuelas concertadas fueron muchos de los primeros colegios jesuitas de Europa, y de otras partes del mundo, que se sostenían con apoyo de los príncipes, los señores laicos o eclesiásticos, los municipios, etc., o de fundaciones para los colegios, o de rentas siempre deficitarias y progresivamente insuficientes por la inflación de los precios tras la llegada del oro y de la plata americanos. Los primeros colegios escolapios de Europa, de Cataluña, fueron escuelas concertadas “avant la lettre” y a finales del siglo XIX aún eran conocidas como escuelas públicas; algo parecido ocurrió con los colegios de escolapias fundados en la Catalunya del siglo XIX y regentados durante tiempo por maestras pagadas con fondos públicos. De igual forma las “monjas de la Ensenyança”, como en nuestra tierra era conocida la Orden de Nuestra Señora desde el siglo XVII, y tantas otras congregaciones extendidas en la Catalunya decimonónica.
  5. La escuela concertada es cuestión de país pues forma parte de la secular red capilar de presencia de la Iglesia católica en centenares de pueblos y ciudades de toda Catalunya y es, por tanto, un medio esencial para la continuidad de esa presencia, para su pluralidad y para su calidad. Cuestionar el futuro de la escuela concertada, pondría en cuestión en el fondo y a medio plazo una forma de entender nuestro país desde hace muchas generaciones y por tanto contribuiría a desnaturalizar esta presencia en uno de los medios esenciales que tiene de servir al país a través de la educación, la cultura y la cohesión social.
  6. La escuela concertada es cuestión de país como medio de integración social, pues por su medio, quienes desde regiones diferentes de España emigraron a Catalunya a lo largo del siglo XIX y buena parte del siglo XX se hicieron ciudadanos de Catalunya. En los últimos decenios ha sido clave de integración de los inmigrados a Catalunya desde África, América latina u otros lugares. Los que viven y trabajan en muchos pueblos y ciudades de nuestro país lo saben bien, lo han vivido hace años o lo están viviendo en las actuales circunstancias de precariedad social en las que la capacidad de respuesta de la iniciativa social ha pasado en muchos casos a través de la escuela concertada.
  7. La escuela concertada es, por último, cuestión de país por una última razón principal. La iniciativa social es una forma cooperativa de contribuir a la construcción y transformación permanente de nuestra sociedad. Quienes creemos que Catalunya no saldrá adelante de la actual crisis capitalista y post-nacional sin el concurso de todos los buenos catalanes, como otros muchos, más allá de diferentes y legítimas pertenencias o adscripciones colectivas, creemos también que la iniciativa social no es contraria ni se opone a la iniciativa privada regida por la concurrencia libre de intereses, ni al principio de justicia, garantizado y servido por las administraciones públicas, creemos que la iniciativa social no es secundaria ni, en este preciso sentido, subsidiaria de los espacios (público y privado) mencionados, sino complementaria y esencial para la innovación y desarrollo social. Si pretendiésemos confiar esta reconstrucción sólo a las administraciones públicas o al mercado privado, no sólo polarizaríamos a los actores sociales, simplificando un territorio complejo, sino que empobreceríamos el concurso de muchos, que pueden aportar decisivamente algo para dicha construcción. ¿Por qué limitarnos a confiar sólo en la iniciativa privada o sólo en la gestión pública? La respuesta a la actual crisis será insuficiente si no contamos con la iniciativa social que sabrá leal y lúcidamente recibir, impulsar y desarrollar con eficiencia y eficacia proyectos de transformación económica financiados con los fondos Next Generation-EU, siguiendo los parámetros de aumento de la productividad, resiliencia y sostenibilidad dentro del sistema europeo constitucionalizado de economía social de mercado.

Por estas razones me permito afirmar que la escuela concertada hoy en Catalunya es una cuestión de país que nos afecta e importa a todos. La escuela concertada es una cuestión nuestra.

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