Barcelona volverá a ser escenario de un momento histórico para la Iglesia católica y para la propia ciudad. El Papa León XIV visitará la capital catalana el próximo mes de junio, repitiendo el gesto de sus predecesores —Benedicto XVI y san Juan Pablo II— y situando nuevamente el centro espiritual de la visita en la basílica de la Sagrada Familia.
El acto central será la bendición de la torre de Jesucristo, la más alta del templo, que con 172,5 metros culmina el proyecto visionario de Antoni Gaudí. El evento coincide con el centenario de la muerte del arquitecto (1926-2026), declarado recientemente venerable por la Iglesia, un paso previo a su eventual proceso de beatificación. La visita incluirá también una ofrenda a la tumba de Gaudí y una misa solemne en la basílica.
La jornada clave se espera el 10 de junio, dentro de un viaje papal más amplio por España -Madrid y las Islas Canarias- que tendrá lugar entre el 6 y el 12 de junio.
Todo ello debería ser una ocasión de orgullo para Barcelona: la ciudad que acoge el templo más universal del cristianismo contemporáneo y el legado espiritual y arquitectónico de uno de sus hijos más ilustres.
Pero el contexto en el que se organiza la visita contiene una paradoja difícil de ignorar.
Una ciudad que celebra el islam pero silencia el cristianismo
Mientras se prepara la visita papal, el Ayuntamiento de Barcelona ha pedido a las escuelas públicas que no programen actividades extraescolares de música o danza durante el Ramadán, por respeto a la celebración religiosa musulmana.
La instrucción tiene un objetivo explícito: evitar que las actividades puedan incomodar a los alumnos musulmanes durante el período de ayuno y recogimiento espiritual.
El problema no es el respeto. El respeto religioso es una virtud cívica elemental en una sociedad plural. El problema es la desigualdad con la que se distribuye este respeto.
Las actividades extraescolares a que se refiere la recomendación municipal son voluntarias. Ningún alumno musulmán está obligado a participar. Por tanto, no se trata de evitar una imposición religiosa, sino de adaptar la actividad general de la escuela a los sentimientos de una comunidad concreta, condicionando también a los alumnos que no forman parte de ella.
El Ayuntamiento ha ido aún más allá. También recomienda que los centros habiliten espacios para que los alumnos musulmanes no tengan que ir al comedor a la hora de comer, evitando así ver cómo los demás comen durante el ayuno. Y al mismo tiempo establece que estos alumnos no sean enviados a casa.
Se trata, pues, de una política activa de acomodación religiosa en la escuela pública.
Nada que decir —si no fuera porque ese mismo criterio desaparece completamente cuando la religión es el catolicismo.
Navidad, Cuaresma y silencio institucional
Barcelona es una ciudad mayoritariamente de raíz cultural cristiana. Pero en las instituciones municipales ese hecho parece incurrir en una especie de sospecha permanente.
El Ayuntamiento evita felicitar la Navidad (una palabra proscrita en el lenguaje institucional) y sustituye cualquier referencia directa al hecho cristiano por expresiones neutras o ambiguas.
No existe ninguna iniciativa municipal que invite a respetar el recogimiento de la Cuaresma, que coincide en calendario con el Ramadán. Tampoco se ha asumido la petición para que los alumnos que lo deseen puedan abstenerse de carne los viernes de Cuaresma, una práctica tradicional de muchos católicos, facilitando, por ejemplo, un menú alternativo de pescado.
La diferencia es evidente: lo que se considera pluralismo cuando se trata del islam, se califica de ruptura de la neutralidad religiosa cuando se refiere al catolicismo.
El caso más simbólico de esta actitud es la decisión de retirar el pesebre municipal de la plaza Sant Jaume. Ni siquiera Ada Colau se había atrevido a hacerlo. El actual alcalde, Jaume Collboni, sí.
También se mantiene el veto a incluir en el programa oficial de las Fiestas de la Mercè la misa en honor de la patrona de Barcelona. Escribir simplemente en el programa: “11.00 h, misa en la basílica de la Mercè” es considerado incompatible con la neutralidad institucional.
Pero felicitar al Ramadán o recomendar restricciones musicales para acompañar el recogimiento islámico sí que es interpretado como una expresión de pluralismo.
Cuando la neutralidad se convierte en selección
La neutralidad religiosa de un poder público significa no privilegiar ninguna religión frente a otra. No significa borrar una tradición concreta mientras se acomodan activamente las demás.
Cuando esto sucede, la neutralidad se transforma en una forma de selección cultural.
El fenómeno es tan evidente que incluso un sindicato de profesores de religión —el PREC— ha pedido al Ayuntamiento recibir el mismo trato que la comunidad musulmana.
La petición no es extravagante: pide simplemente igualdad de criterio.
La paradoja es que este debate no tiene lugar en Rabat ni en Ammán, sino en Barcelona, capital de Cataluña, ciudad que creció en torno a parroquias, cofradías y basílicas, y que hoy es conocida en todo el mundo precisamente por una obra nacida de la fe cristiana: la Sagrada Familia.
La ciudad de Gaudí recibe al Papa
Y es en ese contexto que Barcelona prepara la visita del Papa.
El pontífice vendrá a culminar simbólicamente la obra de Gaudí, bendiciendo la torre de Jesucristo y recordando el legado espiritual de un arquitecto que concebía la arquitectura como una forma de oración.
La ciudad que acogerá este momento es la misma que se resiste a reconocer públicamente sus propias raíces religiosas.
No deja de ser una escena casi literaria: una ciudad que exhibe al mundo el templo más universal del cristianismo mientras evita pronunciar el nombre de Navidad.
Cuando el Papa llegue a Barcelona, el mundo mirará a la ciudad de Gaudí.
La pregunta es si Barcelona también será capaz de mirarse a sí misma y si quiere un alcalde que privilegia al Islam y cancela toda referencia católica.
Respeto por el Ramadán en las escuelas públicas, pero ningún gesto equivalente por la Cuaresma. ¿Es esto neutralidad religiosa? #Religion #Barcelona #Pluralismo Compartir en X





