8-M

El 8-M no justifica la irresponsabilidad

El 8-M se ha convertido, no tanto en una reivindicación, como en una celebración institucional del poder político y mediático, derivando cada vez más hacia una «pose», que a un abordaje real de la situación de la mujer. Véase sino la declaración de huelga por parte de la empresa, una práctica realmente sorprendente, de Ferrocarriles de la Generalitat y de Transportes Metropolitanos, con unos servicios mínimos del 85% !; es decir, es una declaración de huelga sin huelga.

Este poder institucional tiene manifestaciones de gran irresponsabilidad social que no pueden pasarse por alto por mucho poder que tengan.

Por la tarde del domingo en Barcelona se produjeron pequeñas manifestaciones feministas, pero de una gran agresividad. Pintaron, es decir, ensuciaron, escaparates de tiendas, como si ya no tuvieran suficiente castigo con lo que está pasando, y también de iglesias. En la parroquia de Santa Teresita se podía leer una pintada feminista tan «convivencial» como «Fuego en la Iglesia».

8-M

La comunidad científica ha reiterado una y otra vez que no se deben producir concentraciones ni manifestaciones, por mucho que se diga que se mantendrán condiciones de seguridad, por la sencilla razón de que este tipo de práctica no es posible cuando se concentran numerosas personas que gritan y se excitan, y más cuando en la finalización y el inicio se producen desplazamientos en grupo, y todo ello facilita el contagio .

En esta ocasión el Gobierno ha aprendido la lección del 8-M del año pasado y ha manifestado rotundamente que no se hagan manifestaciones. Volver a pasar por el riesgo de tener ministras contagiadas es una exposición demasiado peligrosa para la imagen política del gobierno. Por su parte, el delegado del gobierno en Madrid ha prohibido las manifestaciones y el Tribunal Superior de Justicia le ha otorgado la razón porque ante el conflicto de dos derechos contrapuestos, el de la manifestación y el de la salud, ha considerado que debe prevalecer este segundo. Pero, una vez más, la Generalitat de Cataluña va por otro lado y ha autorizado para este lunes una manifestación en el Paseo de Gracia.

Por un lado, las autoridades sanitarias catalanas no se cansan de advertir que la situación no es buena. Ciertamente, no lo es, porque a pesar del rigor de las restricciones y su duración, Cataluña no acaba de conseguir una buena reducción de los contagios. Después de Madrid y el País Vasco, nuestro país es, junto con Asturias, la comunidad en la que todavía se presenta una mayor incidencia y donde hay más gente en las UCI.

El temor generalizado a una cuarta ola sin haber vaciado las unidades de críticos planea sobre nuestro escenario. Tampoco ayuda la lentitud en la vacunación.

A pesar de ello, las feministas y los sindicatos, UGT y CCOO, con el visto bueno del gobierno de la Generalitat, han decidido pasarse el riesgo por el forro e ir a una manifestación claramente innecesaria. Después, los políticos se extrañarán de la desafección ciudadana, pero ¿qué pueden pensar los bares y restaurantes obligados a cerrar a las 5 de la tarde, los comercios que tienen que atender con restricciones, los centros comerciales que han sido cerrados durante meses, y tantas otras actividades? ¿Qué pensar del toque de queda a las 10 de la noche, cuando esta tarde de lunes se concentrarán unos miles de mujeres en el Paseo de Gracia? Después se extrañarán de que tantos jóvenes se dediquen a hacer fiestas por su cuenta saltándose las medidas cuando ven actuaciones institucionales de este tipo.

Seria bo per Catalunya un govern amb ERC, JxCat i la CUP?

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