Los enigmas del barómetro del CEO: ¿por qué Aliança Catalana devora Junts?

El último barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO) ha provocado un eco extraordinario, sobre todo por la irrupción de Aliança Catalana como fuerza en clara expansión. Pero más allá de los titulares, la encuesta plantea varios enigmas. Algunos tienen una respuesta relativamente clara. Otros siguen abiertos y merecen una explicación pública.

El primero es institucional: ¿por qué ese barómetro se ha publicado tan tarde?

Habitualmente, tal y como ya explicó Converses en su momento, el primer estudio del año aparece en marzo o, a más tardar, durante la primera quincena de abril. En esta ocasión, en cambio, se ha hecho público ya entrado el verano. El retraso es insólito en la historia del CEO y tiene una consecuencia evidente: muy probablemente este año solo habrá dos barómetros.

No es una cuestión menor. El CEO es un organismo público y la regularidad de sus publicaciones forma parte de su credibilidad. Si el propio centro no ofrece una explicación convincente, correspondería al Parlament pedirla.

El segundo enigma es político: ¿por qué crece tanto Aliança Catalana?

La respuesta inmediata es conocida: porque absorbe una parte muy importante del voto de Junts. Pero esto solo describe el fenómeno; no explica sus causas.

Los datos son contundentes. Aliança presenta una fidelización del voto del 86%. Cierto que parte de una base electoral todavía modesta, pero casi todos sus electores repetirían el voto. Junts, en cambio, solo fideliza al 50% de sus votantes. Si esa estimación refleja la realidad, significa que uno de cada dos electores de Junts está dispuesto a abandonar el partido.

La principal transferencia es espectacular: 28 puntos proceden directamente de Junts. También capta unos 23 puntos procedentes de Vox -aunque, en términos absolutos, esta aportación es menor porque su base electoral es más reducida-, mientras que registra igualmente pequeñas transferencias provenientes de ERC y del PSC, de unos ocho puntos cada uno.

La pregunta es inevitable: ¿qué ofrece Aliança Catalana que Junts ha dejado de ofrecer?

Una primera respuesta es el liderazgo.

Las valoraciones de los dirigentes dibujan una realidad incómoda para Junts. Silvia Orriols obtiene una calificación muy elevada entre sus votantes: un 8 sobre 10, una nota que indica un liderazgo sólido y movilizador. Salvador Illa, pese a ser presidente de la Generalitat, solo alcanza el 6,5 entre los suyos. Oriol Junqueras tampoco destaca especialmente, con un 6,2.

Pero el dato más significativo es el de Carles Puigdemont. Entre los votantes que, según el mismo barómetro, seguirían apoyando a Junts, obtiene solo un 6,4. Es un aprobado cómodo, pero no expresa un liderazgo especialmente carismático. Es aún más revelador observar la valoración de los no votantes: Puigdemont recibe un 3,5 sobre 10, mientras que Orriols alcanza el 3,7, pese a ser una figura mucho más controvertida.

Este detalle es fundamental. Las valoraciones se realizan sobre el nuevo mapa electoral que dibuja el CEO. Esto significa que la nota de Orriols ya incorpora a los nuevos votantes que le atribuye la encuesta, mientras que la de Puigdemont corresponde a un electorado más reducido y más fiel. Ni siquiera entre quienes todavía le apoyan aparece como un líder excepcional.

Pero sería un error achacarlo todo al liderazgo.

En política existe un factor aún más determinante: el posicionamiento.

Los electores no votan únicamente a personas; votan también la percepción que tienen de los partidos. Y esa percepción depende de dos elementos esenciales: la distancia respecto al punto central de la opinión pública y la existencia de un espacio electoral propio.

Aquí es donde el CEO ofrece probablemente la clave más importante de todas.

En el eje que combina izquierda-derecha e identificación nacional -española o catalana-, Junts aparece, según la ubicación que refleja el CEO, muy alejado del centro de gravedad de la opinión catalana. De hecho, en el eje nacional ocupa una posición muy extrema, prácticamente en el nivel de la CUP.

Aliança Catalana también es claramente catalanista e independentista, pero aparece situada más cerca del centro de la distribución. Esa menor distancia respecto al elector medio explicaría que pueda captar votantes procedentes de sensibilidades diversas, incluso del PSC o de Vox, aunque sea de forma limitada.

Pero todavía existe un segundo elemento.

Aliança ocupa prácticamente en solitario el espacio del centroderecha catalanista y soberanista. Un espacio que va desde un catalanismo moderado a posiciones nacionalistas más contundentes, pero siempre dentro de un marco percibido como más conservador en el ámbito socioeconómico.

Junts, en cambio, ha ido desplazando su posicionamiento hacia un cuadrante mucho más congestionado: el del centroderecha moderado o incluso el del centroizquierda catalanista, según la lectura que hacen muchos electores. Allí comparte terreno con ERC, Comuns, PSC y, en algunos aspectos, incluso con la CUP. Naturalmente, cada uno ocupa una posición diferenciada, pero todos compiten dentro de espacios políticos fronterizos.

Esto significa que Junts ha abandonado, al menos en la percepción de una parte muy importante de los electores, ese espacio central del catalanismo que durante décadas había ocupado Convergència i Unió.

Y la política detesta el vacío.

Este espacio es precisamente el que ahora ocupa Aliança Catalana. No porque sea una continuación de Convergència —las diferencias son evidentes tanto en las formas como en la radicalidad de algunos planteamientos—, sino porque una parte creciente de los electores la sitúa mucho más cerca de ese centroderecha nacional que Junts ha ido abandonando.

Este es, probablemente, el principal mensaje del barómetro.

Junts no cae solo porque pierda liderazgo. Cae porque ha perdido la definición de su espacio electoral.

Mientras, el PSC intenta ocupar parcialmente este centro político desde la Generalitat. Lo hace con cierto éxito táctico, aunque las contradicciones entre su discurso teóricamente moderado, su práctica política, la dependencia parlamentaria de Pedro Sánchez y los condicionantes impuestos por ERC y los Comuns limitan su credibilidad.

Sin embargo, en una Catalunya extraordinariamente fragmentada, pequeñas variaciones porcentuales son suficientes para mantener el primer puesto.

Esta es la gran enseñanza del CEO. El debate no es solo quién gana o quién pierde hoy. Es quien ocupa los espacios electorales decisivos de mañana.

Y, de momento, todos los datos indican que este espacio lo está conquistando Aliança Catalana mucho más rápido de lo que muchos dirigentes de Junts parecen dispuestos a reconocer.

Si las tendencias actuales se mantienen, las próximas citas electorales pueden resultar muy desfavorables para Junts. El posible regreso de Carles Puigdemont difícilmente alteraría esta dinámica. El país parece haber entrado en otro escenario político, marcado por nuevas preocupaciones y prioridades de los electores.

Cuando un partido pierde su espacio electoral, acaba perdiendo también a sus votantes. El último barómetro del CEO sugiere que éste es el principal problema de Junts. Y explica buena parte del ascenso de Aliança Catalana. #Junts #AC Compartir en X

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