Hay silencios anecdóticos y silencios políticamente reveladores. El del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat (CEO) pertenece claramente a la segunda categoría.
Lo sorprendente es que el caso haya pasado prácticamente desapercibido. Estamos a 8 de mayo y todavía no se ha publicado el primer Barómetro de Opinión Política de 2026. Desde 2012, el CEO ha mantenido una cadencia estable de tres grandes barómetros anuales, una regularidad que ha permitido seguir con precisión la evolución del clima político catalán con una periodicidad casi cuatrimestral.
Habitualmente, el primer barómetro aparece en marzo o, a más tardar, durante la primera quincena de abril. No es una cuestión menor. Cuando un estudio cuatrimestral supera ampliamente el cuarto mes del año, su propia lógica temporal queda desvirtuada.
Y esto es exactamente lo que está pasando.
El último gran barómetro disponible sigue siendo el de noviembre de 2025. Desde entonces, silencio. Este año, el CEO sólo ha publicado una pequeña encuesta sobre los cuarenta años de la adhesión de España a la Unión Europea, basada en unas mil entrevistas, con un reducido cuestionario y sin estimación electoral. Una escasa actividad para un organismo que dispone de un presupuesto superior a los dos millones de euros anuales.
La cuestión no es sólo la ausencia de una encuesta. El problema está en que se ha interrumpido una continuidad institucional de catorce años sin que se hayan ofrecido explicaciones públicas claras e inmediatas.
Es cierto que existe un precedente parcial. En 2018, el primer barómetro se publicó el 11 de mayo. Pero entonces había una explicación evidente: el CEO había presentado, el 23 de febrero, una gran «Encuesta sobre contexto político en Cataluña», con una amplia muestra y también con proyección electoral. Es decir, la función demoscópica esencial se mantuvo. Ahora no ha pasado nada parecido.
Según fuentes del propio CEO citadas por algunos medios, el retraso respondería a un problema burocrático relacionado con la renovación del acuerdo marco con las empresas encargadas del trabajo de campo. Es una explicación plausible pero insuficiente. Porque un organismo público de esa importancia no puede desaparecer durante meses del mapa demoscópico catalán sin ofrecer una explicación institucional formal, transparente y detallada.
Y menos en un momento políticamente delicado.
Las encuestas públicas no son meros instrumentos estadísticos. Forman parte de la transparencia democrática. Sirven para detectar movimientos sociales, cambios electorales, transformaciones ideológicas y niveles de confianza institucional. El CEO no es una empresa privada: es el organismo oficial de la Generalitat encargado de tomar el pulso de la opinión pública catalana.
Por eso su silencio resulta inquietante.
También sorprende la indiferencia general. La oposición parlamentaria debería haber preguntado de inmediato qué está pasando. Pero parece que nadie se ha dado cuenta. O peor aún: que nadie considere relevante que Cataluña acumule más de medio año sin su principal termómetro de opinión política.
La situación es aún más singular si se compara con otros organismos equivalentes. El CIS español sigue publicando regularmente sus barómetros, con una puntualidad casi litúrgica. En Cataluña, en cambio, el CEO calla.
Y cuando las instituciones callan demasiado tiempo sobre lo que deberían explicar de manera regular, el vacío se llena inevitablemente de sospechas, especulaciones y desconfianza.
No es necesario recurrir a teorías conspirativas. Pero tampoco es razonable actuar como si no ocurriera nada. Precisamente porque el CEO es una institución importante, su credibilidad exige rigor, regularidad y transparencia.
La paradoja es evidente. Cataluña vive una etapa de gran volatilidad política: retroceso de Junts, incertidumbre en ERC, posible desgaste del PSC, crecimiento de Aliança Catalana, fragmentación ideológica y erosión de la confianza en muchas instituciones. Y es justamente ahora cuando desaparece, aunque sea temporalmente, el principal instrumento público de medida electoral.
Quizás todo tenga una explicación puramente administrativa. Quizá en junio llegue finalmente el primer barómetro del 2026 y la normalidad quedará restablecida. Pero incluso en este caso, el episodio sigue siendo significativo. Porque revela una forma de funcionar cada vez más habitual en nuestras instituciones: carencia de explicaciones preventivas, normalización de la opacidad y pasividad política ante anomalías que, en cualquier democracia madura, habrían provocado un debate público inmediato. Y, en el mejor de los casos, también pone de manifiesto carencias de rigor y eficiencia administrativa.
El problema de fondo no es solo el retraso de una encuesta. Es la naturalidad con la que un organismo público puede dejar de cumplir su función habitual sin que prácticamente nadie considere necesario exigir explicaciones.
Y esto, probablemente, es más preocupante que cualquier estimación electoral que el CEO acabe publicando.
El CEO lleva más de medio año sin publicar su barómetro político habitual. Y casi nadie pregunta por qué. #CEO #Catalunya Compartir en X






