El camino sinodal alemán (Synodaler Weg), iniciado en 2019, culminó a finales de enero con la celebración de la sexta y última Asamblea Sinodal. En esta sesión se aprobaron los estatutos de la nueva Conferencia Sinodal, órgano que pretende marcar el futuro del gobierno y la orientación doctrinal y pastoral de la Iglesia católica en Alemania.
La nueva Conferencia estaría formada por 81 miembros repartidos en tres bloques de 27 integrantes cada uno: el de los obispos titulares de las diócesis alemanas; el de los representantes laicos del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), mayoritariamente de orientación progresista; y un tercer grupo escogido según criterios de género y juventud. Todos los miembros tendrían derecho a voto, y la Conferencia podría establecer y supervisar las líneas de gobierno y de acción pastoral de las diócesis.
Entre las medidas previstas destaca la publicación de las respuestas de las diócesis o parroquias que no se ajusten a los mandatos o directrices que les haya dado la Conferencia, un mecanismo que fácilmente puede convertirse en una forma de presión pública sobre los discrepantes. Hay que tener en cuenta que las asambleas sinodales se han desarrollado a menudo en un ambiente similar al de las gradas de un campo de fútbol, con pancartas, banderas LGTBI y descalificaciones públicas en las intervenciones que defendían la fidelidad a la doctrina católica frente a lo que se invoca como el “espíritu del tiempo”.
Los estatutos aprobados fueron validados en febrero por la Conferencia Episcopal Alemana, y ahora corresponde pronunciarse al papa León XIV. Resulta bastante claro que la estrategia sinodal alemana busca situar al Papa ante un dilema: aceptar, aunque sea parcialmente, una nueva configuración de la Iglesia en Alemania; o rechazar la propuesta del Synodaler Weg asumiendo el riesgo de ser considerado responsable de un eventual cisma en Alemania. Todo esto cuando León XIV ha situado explícitamente la unidad de la Iglesia como prioridad central de su inicio de pontificado.
Cabe recordar que, durante el largo recorrido del Synodaler Weg, el papa Francisco ya había advertido que la creación de un órgano sinodal directivo y decisorio, integrado por obispos y laicos, contradice “la estructura sacramental de la Iglesia católica”, llegando a afirmar que Alemania ya dispone de una iglesia protestante y que no era necesario crearla. La advertencia de Francisco está plenamente justificada, teniendo en cuenta que la propuesta sinodal alemana acaba convirtiendo obispos y presbíteros en delegados de la comunidad.
Uno de los argumentos iniciales para justificar el Synodaler Weg fue la gestión de los abusos sexuales en la Iglesia católica en Alemania. Según los promotores del proceso, esta crisis exigía replantear cuestiones estructurales como el poder en la Iglesia, la doctrina sexual, el celibato sacerdotal o que la mujer pueda recibir los ministerios ordenados. Sin embargo, los casos de abusos en Alemania no han sido superiores a los de otros países, ni las reformas adoptadas en otros lugares han implicado una reformulación de la estructura y doctrina de la Iglesia.
De hecho, el objetivo del Synodaler Weg ha sido, desde el inicio, una transformación radical de la Iglesia. Entre las propuestas debatidas en las asambleas sinodales destacan la participación de los laicos en el nombramiento de obispos, la supresión del celibato obligatorio, la revisión del Catecismo en materia de moral sexual, el acceso de personas homosexuales al sacerdocio, la predicación de los laicos, el acceso a la comunión eucarística a todos los que lo deseen y que la mujer pueda recibir el diaconado como paso previo a la ordenación sacerdotal y episcopal.
Un papel clave en este proceso lo ha jugado el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK). La Iglesia católica en Alemania cuenta con unos ochenta mil laicos asalariados que trabajan a tiempo completo en labores pastorales, educativas o de gestión social. El gran interrogante es hasta qué punto el Synodaler Weg representa realmente al conjunto de los católicos alemanes o, más bien, a los miembros de esta estructura laical fuertemente organizada y orientada ideológicamente. Una reciente encuesta del instituto demoscópico INSA revela que solo el 21% de los católicos alemanes valora positivamente el proceso sinodal, mientras que un 19% lo considera negativo. La mayoría, sencillamente, no se siente interpelada.
Lo que está sucediendo en Alemania pone sobre la mesa el verdadero sentido de la sinodalidad: si se trata de un camino espiritual y evangelizador, tal como lo han planteado Francisco y León, o si, como parece claro en el caso alemán, se convierte en una lucha por el poder que pretende reconfigurar la estructura jerárquica de la Iglesia y convertirla en una especie de parlamento con capacidad de parlamento. El desenlace de ese pulso con el papa León marcará no solo el futuro de la Iglesia en Alemania, sino también la orientación del nuevo pontificado.
Twitter:@ros_arpa
Publicado en el Diari de Girona el 20 de marzo de 2026
El objetivo del Synodaler Weg ha sido, desde el inicio, una transformación radical de la Iglesia en Alemania. Compartir en X






