Con Sánchez hemos perdido felicidad

Hay estadísticas que no hacen ruido. No levantan manifestaciones, no llenan tertulias ni generan grandes titulares. Pero explican mejor que ningún discurso el estado de un país. El World Happiness Report 2026 , elaborado por el Centro de Investigación en Bienestar de la Universidad de Oxford con el apoyo de la ONU y Gallup, es una de estas estadísticas silenciosas. Y lo que dice sobre España está claro: en poco más de una década hemos pasado de ser un país relativamente satisfecho a un país instalado en la desconfianza.

Este informe es la principal referencia global en materia de bienestar y se elabora en colaboración con Gallup y la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU. Se puede consultar en el Informe Mundial de la Felicidad 2026 y en la nota de prensa de la Universidad de Oxford (Centro de Investigación en Bienestar – WHR 2026).

Finlandia vuelve a encabezar la clasificación mundial por noveno año consecutivo.  No es casualidad: es el resultado de una sólida combinación de confianza institucional, cohesión social y previsibilidad vital.  España, en cambio, ha recorrido el camino inverso: ha mantenido una calidad de vida material aceptable, pero ha visto deteriorarse los factores inmateriales que sostienen el bienestar.

Esta es la trayectoria:

Evolución de España en el World Happiness Report

Año informePosición mundialPuntuación (sobre 10)
2012226,85
2013–201536–386,32
2018366,31
2019306,63
2021276,49
2023326,43
2024366,42
2025386,47
2026416,54

La conclusión es inequívoca: la puntuación se mantiene, pero el país retrocede. No porque vivamos peor en términos absolutos, sino porque el mundo avanza mientras nos quedamos atrás. Esta es la paradoja española: estabilidad aparente, decadencia relativa.

El mejor momento fue en 2012, en plena resaca de la crisis financiera. La sociedad española, aún con las cicatrices abiertas, mantenía una cohesión que compensaba las carencias del Estado. Hoy, después de casi siete años de gobierno de Pedro Sánchez, esa reserva se ha erosionado. No ha habido ninguna catástrofe puntual que explique el descenso, sino una lenta acumulación de desorientación política, polarización institucional y precariedad vital.

Los informes no suelen realizar juicios ideológicos, pero los datos son claros. Desde 2018 se observa un breve repunte inicial —más atribuible a la herencia del ciclo anterior que a reformas estructurales— y una caída sostenida a partir de 2021. El país ha pasado de la esperanza pospandémica a una sensación difusa de bloqueo.

Pero la clave no es solo generacional: es civilizacional.

El factor decisivo: los jóvenes

El informe destaca que España presenta una de las brechas generacionales más grandes del mundo occidental. Los mayores de 60 años mantienen niveles de satisfacción relativamente elevados; los menores de 25, en cambio, se sitúan en el puesto 128 de 136. No es una anécdota estadística: es una advertencia sobre el futuro.

Las causas son diversas, pero convergen:

Primero, la trampa digital.  Las redes sociales, concebidas como herramientas de comunicación, se han convertido en constantes mecanismos de comparación. El joven español vive expuesto a una permanente exhibición de vidas ficticias, lo que genera frustración y una sensación de fracaso anticipado.

Segundo, el horizonte vital roto.  España es uno de los países europeos con una emancipación más tardía. La edad de acceso a la vivienda se acerca a los treinta años, lo que alarga la juventud y tiene evidentes consecuencias psicológicas.

Tercero, la precariedad y la angustia climática. Los expertos de Oxford señalan que la incertidumbre laboral pesa especialmente en el caso español. A esto se le suma una narrativa política que a menudo presenta el futuro como un escenario catastrófico.

Cuarto, la debilitación de la familia.  Históricamente, España ha compensado un estado de bienestar modesto con redes familiares robustas. Este capital social se ha ido debilitando, lo que contribuye a una sensación de carencia de apoyo.

Por último, la desconfianza institucional.  La polarización política y la percepción de un sistema incapaz de generar consensos erosionan la confianza de los jóvenes en el país.

Comparación con el entorno

PaísRanking 2025Ranking 2026TendenciaPuntuación 2026
Francia3332Sube6,59
España3841Baja6,54
Italia4040Estable6,42
Portugal6059Sube6,01

Francia resiste gracias a un sistema social sólido y a una mayor percepción de estabilidad económica.  Italia comparte el bloqueo estructural español.  Portugal, con menos recursos, mejora gracias a una recuperación paulatina de la confianza pública.

España, en cambio, retrocede con mayor intensidad. No por falta de salud o esperanza de vida, sino por la percepción de que las decisiones vitales dependen cada vez más de factores fuera del control individual.

La paradoja española

El país vive más años, pero con menos sentido de dirección. Tiene infraestructuras, pero carece de horizontes. Tiene derechos formales, pero una libertad vital percibida como limitada. Esta es la contradicción que reflejan los datos: una sociedad materialmente correcta y emocionalmente agotada.

La dimensión política es inevitable. El gobierno de Sánchez ha operado en un contexto complejo, pero también ha consolidado un modelo marcado por la fragmentación parlamentaria, la dependencia de mayorías precarias y una fuerte polarización.  La felicidad, como la confianza, no se decreta: se construye.

Y hoy España parece haber perdido el rumbo.

España cae al puesto 41 en felicidad mundial. No es economía: es confianza. #Felicidad #España Compartir en X

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