Cuando el Gobierno Illa quiere cambiar a la familia. Anatomía de una manipulación pedagógica en Cataluña: Coeduca’t

Durante décadas, la escuela pública catalana ha sido presentada como una institución esencialmente académica: un espacio dedicado a transmitir conocimientos y habilidades para preparar a las nuevas generaciones. Pero en los últimos años, una transformación silenciosa ha modificado profundamente esta función.

El sistema educativo ya no pretende solo enseñar matemáticas, lengua o historia. Según los materiales pedagógicos oficiales y las directrices desplegadas a través de la plataforma educativa XTEC, la escuela aspira también a reconfigurar la identidad personal, los valores familiares y la visión antropológica de los alumnos.

Coeduca’t, un proyecto institucional que introduce en el currículum escolar una concepción específica de género, sexualidad y relaciones sociales basada en la teoría de género y la interseccionalidad.

El programa que articula esta transformación es Coeduca’t, un proyecto institucional que introduce en el currículo escolar una concepción específica de género, sexualidad y relaciones sociales basada en la teoría de género y la interseccionalidad. Su objetivo declarado es cuestionar las estructuras sociales que considera discriminatorias, entre las que sitúa lo que denomina “ heteropatriarcado” y el “binarismo de género”. En lenguaje normal, el papel de los padres y la existencia de hombres y mujeres, padres y madres.

la escuela tiene la responsabilidad de ayudar al alumno a deconstruir los roles tradicionales antes de que éstos se arraiguen

En términos teóricos, el planteamiento está claro: la identidad de género no es una realidad biológica, sino una construcción social. Y, por tanto, la escuela tiene la responsabilidad de ayudar al alumno a deconstruir los roles tradicionales antes de que estos se arraiguen: ser chico o chica, que en las casas haya un marido y una mujer, que ellos y los hijos formen una familia; todo esto es peligroso y debe ser cuestionado.

Esta premisa no es un menor detalle pedagógico. Implica que el sistema educativo asume una función que históricamente había sido propia de la familia: la formación de la identidad personal.

La educación sexual como ingeniería social

La pieza central de esta estrategia es el llamado Itinerario de educación afectivosexual, un documento que establece objetivos pedagógicos específicos según la edad de los alumnos.

El proceso comienza muy pronto.

cuestionar si el niño es un niño y la niña es una niña.

En la etapa infantil, entre 3 y 8 años, los materiales proponen trabajar la «normalización de la diversidad corporal y sexual». Esto incluye actividades de exploración del cuerpo y ejercicios destinados a cuestionar los roles tradicionales de género, a cuestionar si el niño es un niño y la niña es una niña. Exactamente esto.

las relaciones familiares no son estructuras naturales, sino simples vínculos sociales susceptibles de redefinirse.

Los documentos pedagógicos hablan explícitamente de la necesidad de “resituar la idea de hogar y familia”. El mensaje que se transmite a los niños es que las relaciones familiares no son estructuras naturales, sino simples vínculos sociales susceptibles de redefinirse.

A partir de los 8 años, el itinerario educativo introduce un segundo nivel: el análisis de las relaciones de poder. Los alumnos son invitados a examinar las dinámicas familiares y sociales bajo categorías como “dominación”, “privilegio” o “justicia relacional”. Los padres son observados por los menores, o eso se pretende al menos, con lupa, y cuestionados en su autoridad, vista como ejercicio de dominación y estatus de privilegio.

La familia deja de ser un espacio de autoridad afectiva para convertirse en un objeto de análisis sociopolítico. El cambio que se quiere realizar es radical y traumático. Si arraiga, Cataluña tal y como la concebimos y conocemos estaría acabada en el transcurso de unos años.

En la etapa de secundaria, el programa da un paso más. La educación deja de ser sólo crítica para convertirse abiertamente en activismo. Los alumnos son animados a reconocer a referentes militantes y a denunciar situaciones que consideren contrarias a los derechos sexuales y reproductivos. Se politiza a nuestros hijos de acuerdo con las ideologías de quienes gobiernan PSC y Comunes.

El lenguaje utilizado por los materiales es inequívoco: la educación debe tener un “deber de lucha política”.

Materiales que explican el cambio

La dimensión ideológica del programa no se limita a los textos pedagógicos. También se expresa en los recursos didácticos que se recomiendan en las escuelas.

Uno de los más usados ​​es Tutty, un juego de mesa destinado a alumnos de primaria que presenta diferentes modelos de familia. Su objetivo declarado es sustituir el concepto tradicional de familia por un modelo “abierto y diverso”.

En el juego, los personajes carecen de roles familiares fijos y las cartas de acción incluyen divorcios, cambios de convivencia o reorganizaciones familiares como parte natural de la dinámica.

La guía didáctica que acompaña al juego invita a los alumnos a representar a su propia familia asignando colores según las funciones económicas o de cuidado. El resultado es una reinterpretación del hogar que lo convierte en una estructura de relaciones productivas y de poder.

Luego se extrañan del éxito de la pornografía y la agresividad sexual entre adolescentes.

Para el alumnado de secundaria, los recursos audiovisuales incluyen la serie Oh My Goig!, producida por Betevé. Los episodios abordan temas como pornografía, masturbación o placer sexual con una concreción impropia de un entorno escolar. Luego se extrañan del éxito de la pornografía y la agresividad sexual entre adolescentes.

Los materiales presentan la sexualidad no solo como una dimensión biológica o afectiva, sino como una herramienta de autodefinición personal y emancipación social.

El protocolo transgénero y el papel de la familia

Uno de los puntos más controvertidos del sistema aparece en los protocolos de acompañamiento al alumnado transgénero.

Estos protocolos establecen que los centros educativos deben reconocer la identidad de género manifestada por el alumno aunque no exista ningún diagnóstico médico o psicológico. La escuela puede modificar el nombre utilizado en documentos internos y garantizar el acceso a vestuarios o aseos según el género sentido.

En algunos casos, el centro puede activar servicios de acompañamiento o derivaciones en servicios de salud.

Los críticos de este sistema consideran que estas medidas desplazan a la autoridad educativa de la familia hacia el Estado.

La cuestión no es solo pedagógica, sino también jurídica: ¿hasta qué punto puede intervenir la escuela en la construcción identitaria de un menor sin el consentimiento explícito de los padres?

La escuela como corrector de la familia

Una de las declaraciones más reveladoras de los documentos pedagógicos es la que afirma que la escuela debe «compensar los efectos de los valores sociales y culturales basados ​​en estereotipos de género». La familia bajo sospecha en la escuela, el maestro como policía y juez de cada familia.

Si la escuela debe compensar los valores familiares, significa que estos valores son considerados potencialmente problemáticos.

Esto transforma la relación tradicional entre familia y sistema educativo. La escuela deja de ser un espacio de cooperación con los padres para convertirse en una instancia correctora de su influencia.

Una revolución silenciosa

El sistema educativo ha abandonado la neutralidad ideológica para convertirse en un instrumento de transformación cultural.

Cuando una institución pública asume la tarea de redefinir conceptos como identidad, familia o sexualidad, la pregunta ya no es solo pedagógica. Es también política y en términos que vulneran los derechos constitucionales de los padres a la educación moral y religiosa de sus hijos.

O bien expulsamos el programa oficial Coeduca’t de las aulas o Coeduca’t estropeará muchas familias en Cataluña.

Del aula al activismo: la revolución pedagógica del programa Coeduca't Compartir en X

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