Los diferentes diagnósticos que hemos publicado en Converses sobre la situación institucional, política y económica —los tres factores están relacionados— española, no son fruto de un afán hipercrítico, sino fruto de cuidadosos análisis y un criterio independiente de la lógica partidista.
Y es que la realidad señala un mal balance de las políticas desplegadas por el Gobierno español, iniciado en el 2018, que, por errores, incompetencias y deformaciones ideológicas, no solo no ha enmendado los errores previos, sino que en determinados casos les ha hecho crecer, ante una más que benévola interpretación de buena parte de los grandes medios de comunicación, muy especialmente en el caso de Cataluña.
Un punto y aparte merece la debilidad de la crítica alternativa de Populares, Vox y Junts, que en escasas ocasiones formulan algo más que respuestas reactivas a iniciativas gubernamentales o se entretienen en descalificaciones que enmascaran aquella realidad en lugar de mostrarla en toda su adversidad.
Mención especial merecen las entidades catalanas que reúnen a los grupos dirigentes de la economía, que siguen sin saber ver la importancia de las políticas educativas, sociales y especialmente familiares, como componentes claves del error español, reproducido miméticamente por la Generalitat de Catalunya. Ahora el caso de Polonia, como lo iremos viendo en estos y ulteriores artículos, lo muestra con fuerza.
Ahora el sorpasso polaco, al que no se le da su importancia histórica, constituye la mejor denuncia de los errores de España y al mismo tiempo síntesis del diagnóstico.
Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional en su World Economic Outlook (octubre 2025) apuntan a que en 2026 Polonia superará a España en PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPA), aunque sea por un margen muy estrecho (0,4%). El indicador PPA sitúa así un punto de inflexión que se había previsto inicialmente para 2027 y que ahora se adelanta un año.
La magnitud es ajustada, pero su significado es profundo. La PPA no mide el volumen agregado de producción, sino la capacidad real de compra media por persona, ajustada a los precios locales. Es, por tanto, un indicador de nivel de vida comparado, el que muchos organismos internacionales utilizan para calibrar prosperidad relativa.
La divergencia acumulada
Si se toma como base la UE27 (=100), la serie 2010-2024 muestra una divergencia persistente:
- España: del 100-102 (2010) al 92 (2024)
- Polonia: del 65-68 (2010) al 90-92 (2024)
- Lituania, Chequia y Croacia también han avanzado hasta alcanzar o superar a España
En quince años, Polonia ha absorbido aproximadamente 35 puntos de diferencia. El fenómeno es doble: retroceso relativo español (unos 8 puntos porcentuales) y aceleración polaca sostenida.
El primer ministro Donald Tusk ha difundido públicamente el gráfico del FMI reivindicando la entrada de Polonia en la “élite económica de Europa”. Más allá del relato político, el dato refuerza una tendencia objetiva: la convergencia de Europa central con el suroccidental.
El modelo de crecimiento en cuestión
La crítica central que emerge de los datos es estructural. El modelo español de la última década ha descansado en:
- Expansión demográfica vía inmigración masiva.
- Creación de empleo predominantemente de baja productividad.
- Intensa dependencia de sectores con valor añadido limitado.
Este patrón incrementa el PIB agregado, pero no garantiza un aumento equivalente del PIB per cápita real. Si la productividad total de los factores (PTF) no mejora, el diferencial con países que sí reforman capital humano, innovación y estructura productiva tiende a ampliarse.
Polonia, partiendo de condiciones iniciales mucho más adversas, ha combinado:
- Política industrial orientada a exportación manufacturera.
- Inversión en capital físico e infraestructuras.
- Mejora progresiva en resultados educativos.
- Estrategias familiares y demográficas diferenciadas.
El contraste pone de relieve una cuestión incómoda: España ha dispuesto de un volumen excepcional de recursos procedentes de los Fondos Next Generation, en proporción muy superior a la de Polonia. La pregunta pertinente no es retórica: ¿qué impacto tangible han tenido sobre productividad y renta real?
Cataluña: resistencia con matices
Cataluña mantiene todavía un PIB (PPA) per cápita superior a la media europea: 43.758,4 € en 2024 frente a 39.700 € de la UE (2010: 29.011,6 € vs. 25.100 €). Sin embargo, la ventaja relativa se ha reducido respecto a inicios de siglo, y las nuevas mediciones apuntan a una PTF más débil de lo que se asumía.
La conclusión está clara: sin un salto cualitativo en productividad, innovación y capital humano, el diferencial positivo tiende a erosionarse.
Implicaciones políticas europeas
El sorpasso polaco no es solo económico; es geopolítico. En la medida en que Polonia consolida renta per cápita comparable o superior, refuerza su peso político en la UE. España, a pesar de su dimensión demográfica, puede ver reducida su relativa influencia si la divergencia persiste.
Es cierto que se trata todavía de una estimación y no de un dato cerrado. También es cierto que el margen es estrecho. Pero el desplazamiento temporal de la previsión (del 2027 al 2026) y la trayectoria acumulada sugieren que no es un accidente coyuntural, sino una tendencia estructural.
Ignorar esa señal sería un error estratégico. La PPA mide lo que importa a la ciudadanía: lo que realmente puede adquirir con su renta. Si otros países avanzan más rápidamente en esta variable, el debate sobre modelo productivo deja de ser ideológico y resulta empírico.
El sorpasso polaco es, en definitiva, una síntesis estadística de un diagnóstico más amplio: la urgente necesidad de revisar prioridades educativas, familiares y productivas para evitar que el retroceso relativo de España dentro de la UE se consolide como tendencia de largo plazo.
El FMI sitúa a Polonia por delante de España en el 2026 en PIB (PPA) por persona. Un dato que obliga a revisar prioridades. #UE Compartir en X





