“Culpa in vigilando”: el arte de no ver bajo el mando de Pedro Sánchez

En España, gobernar mal no tiene consecuencias. Ya lo vimos con la gestión de la pandemia. Lo hemos vuelto a comprobar con la DANA que arrasó Valencia. Aquí, cuando los responsables políticos fallan, el país se sacude la tragedia, se queja un rato, y sigue adelante como si nada. Lo resume bien ese dicho catalán: “qui dia passa, any empeny”, o su versión castiza: “a otra cosa, mariposa”.

Mientras tanto, se normaliza lo que debería ser excepcional: la negligencia institucional, la impunidad política, la ausencia total de rendición de cuentas. Nadie dimite, nadie asume responsabilidades. Salvo, claro está, cuando se trata de honrar la “Memoria Democrática” al estilo bolivariano, donde el pasado se revisa estrábicamente, pero el presente se entierra bajo propaganda.

La clave de esta descomposición no está en un escándalo concreto, sino en un patrón que se repite. Y ese patrón tiene nombre jurídico: culpa in vigilando. Una figura que, en cualquier profesión seria, se considera motivo de cese o incluso de condena. Un arquitecto no construye el edificio con sus manos, pero responde si se derrumba. Un político no firma todos los contratos, pero responde si tolera o ignora la corrupción.

¿Qué es la culpa in vigilando?

En Derecho, la culpa in vigilando es la responsabilidad por no haber vigilado. Es decir, no hace falta cometer directamente un delito para ser responsable: basta con tener el deber de supervisar y no hacerlo. Se aplica a padres, profesores, jefes, administradores… y también a presidentes del Gobierno. Porque quien tiene el poder de controlar, tiene también el deber de hacerlo. Y si no lo hace, no es inocente: es culpable por omisión.

Sánchez y el modelo de la vista gorda

Desde que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, los casos de corrupción, clientelismo y falta de ética pública han salpicado a su entorno con una frecuencia tan alta que ya no indignan: aburren. Pero la repetición no anula la gravedad. Muy al contrario: revela una forma de gobernar donde la omisión ya no es accidental, sino estructural.

A continuación, algunos ejemplos clave donde el principio de culpa in vigilando no solo se aplica, sino que clama al cielo:
  1. Caso Koldo, Ábalos y el fiscal del Gobierno

Koldo García, asesor de confianza del exministro Ábalos, ha sido imputado por cobrar mordidas en contratos de mascarillas durante la pandemia. Sánchez no solo mantuvo a Ábalos en el Gobierno durante meses, sino que lo protegió cuando ya se conocían sospechas internas. Y para rematar, el Fiscal General —elegido por el propio Sánchez— está también bajo la lupa por su papel en estos manejos.

 Culpa in vigilando: cadena de mando ignorada, señales desoídas, y tolerancia cómplice. Si el Fiscal General acaba condenado, ¿también mirará para otro lado?

  1. El caso Begoña Gómez y los negocios familiares

La esposa del presidente, Begoña Gómez, ha sido señalada por posibles conflictos de interés en adjudicaciones públicas. Aunque Sánchez alega no saber nada, lo cierto es que el blindaje mediático y político ha sido total. Silencio, opacidad, y ningún control sobre los lazos entre poder y negocios.

Culpa in vigilando: el presidente tenía el deber ético y político de despejar cualquier duda. Eligió taparlas.

  1. La red clientelar: familiares bien colocados

Desde el hermano de Sánchez hasta parientes de altos cargos colocados en embajadas o empresas públicas, el PSOE ha tejido una red que parece más de sangre que de méritos.

Culpa in vigilando: no se investiga, no se sanciona, y se justifica todo con legalismos. Pero gobernar no es solo cumplir la ley: es dar ejemplo.

  1. Subvenciones a medida para amigos ideológicos

Durante los años de Sánchez en el poder, han llovido subvenciones sin control a fundaciones, ONG y medios afines. ¿Evaluación? Poca. ¿Transparencia? Ninguna.

Culpa in vigilando: la administración se usa como instrumento político. No es un error técnico, es una estrategia.

¿Negligencia o encubrimiento?

En Derecho, la culpa in vigilando es responsabilidad por negligencia. Pero cuando la dejación es sistemática, cuando se protege a los implicados en lugar de investigarlos, se cruza una línea peligrosa: la que lleva del olvido al encubrimiento.

Pedro Sánchez ha instaurado un modelo donde:

  • La fidelidad personal se antepone a la integridad institucional.
  • La propaganda sustituye a la rendición de cuentas.
  • La responsabilidad política ha sido borrada del diccionario del poder.

Y no, no basta con decir “yo no sabía”. El presidente tenía el deber de saberlo y si no ha sido así, ha de asumir las consecuencias, como el arquitecto a quien se le derrumba el edificio. No lo quería, claro, pero eso le sirve de poco a la hora de depurar sus responsabilidades.

La Constitución Española es clara: todos los poderes públicos deben actuar con legalidad y eficacia. Sánchez ha incumplido ambos principios. Pero el mayor daño no es jurídico, sino moral. Su presidencia ha normalizado la irresponsabilidad como forma de gobierno. Y la culpa in vigilando ya no es una teoría legal: es el retrato fiel de su mandato.

No hace falta cometer un delito para ser culpable: basta con tener el deber de impedirlo y no hacerlo #GobiernoDeEspaña #SánchezDimisión #CulpaInVigilando Compartir en X

L'acord aranzelari de la UE amb els EUA, creus que és la millor solució que es podia anar a buscar?

Mira els resultats

Cargando ... Cargando ...

Entrades relacionades

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.