Cataluña: desastre demográfico. La Generalitat impasible el gesto (4)

Envejecimiento y sobreenvejecimiento de la población

La otra cara de la baja natalidad es el acelerado envejecimiento de la población. Cataluña envejece a un ritmo visible desde 2010: la proporción de personas mayores de 65 años sobre el total poblacional ha crecido año tras año, mientras que la proporción de jóvenes disminuye

En 2010, el índice de envejecimiento (número de mayores de 65 por cada 100 menores de 15) rondaba los 112 (es decir, ya había más abuelos que niños: 112 mayores por cada 100 menores). En 2020, este índice ascendió a 143 y siguió aumentando ligeramente después.

Esto significa que hoy hay aproximadamente 1,4 personas mayores de 65 años por cada menor de 15 años en Cataluña, una inversión completa de la pirámide poblacional respecto a épocas pasadas. De hecho, los mayores de 65 años constituyen cerca del 19% de la población catalana actual, casi una quinta parte, cuando en 2010 eran alrededor del 16%. La esperanza de vida alta (83,6 años de media) y las bajas tasas de natalidad han llevado a esta situación en la que los estratos de edad avanzada pesan cada vez más.

No solo hay más personas mayores, sino que, además, la población está sobreenvejecida: dentro del grupo de la tercera edad, crece la proporción de gente muy mayor. El llamado índice de sobreenvejecimiento – porcentaje de mayores de 85 años dentro de la población de 65 y más – ha aumentado notablemente.

En 2010, alrededor del 11% de los mayores tenían más de 85 años; en 2020, ese porcentaje subió al 16%. Es decir, aproximadamente uno de cada seis adultos mayores catalanes supera ya los 85 años, cuando hace una década era solo uno de cada nueve. Esto refleja los avances médicos (más gente llegando a edades longevas), pero también implica mayores necesidades de atención sanitaria y cuidados de larga duración, porque una sociedad con más octogenarios y nonagenarios requiere recursos asistenciales considerables.

En conjunto, Cataluña se ha transformado en una sociedad envejecida. La edad media de los catalanes ha pasado de 36,3 años a mediados de los años 80 a 43,3 años en la actualidad. Este solo hecho afecta negativamente a la productividad porque existe una curva que describe una figura similar a una campana de Gauss, que alcanza su máximo aproximadamente entre los 40 y 50 años.

Productividad

Varios estudios coinciden en que la productividad aumenta con la edad en una primera etapa, alcanzando el nivel máximo en torno a los 40 o 50 años, y después disminuye.

Esta tendencia se observa en diferentes contextos: en Estados Unidos, los trabajadores más productivos e innovadores parecen ser los que tienen entre 40 y 49 años. El innovador medio tiene 47 años, y la mayoría de las patentes están registradas por trabajadores de ese rango de edad. Los empleados de 40 a 49 años muestran también la mejor adaptabilidad a las nuevas tecnologías dentro del conjunto de la fuerza laboral.

Un estudio realizado en un banco español halló que los trabajadores mayores con un nivel de formación más avanzado son más productivos en comparación con los más jóvenes que tienen una formación académica inferior. Sin embargo, es importante notar que después de este pico de productividad, se ve una tendencia a la disminución. Un aumento de 5 puntos porcentuales en la proporción de trabajadores de 55 a 64 años está asociado con una disminución de la productividad de la mano de obra de aproximadamente el 3%.

Cuanto mayor es la media de edad de la población, más personas se sitúan en la parte derecha de la distribución de la curva; es decir, la de la productividad decreciente.

La inmigración tal y como se da en Cataluña (y España), masiva, intensa y con un capital humano reducido, no mejora el conjunto, sino que, por el contrario, tiende a empeorarlo porque se ocupa mayoritariamente en sectores de baja productividad.

Ambos factores empujan en el sentido de que Cataluña tiene una tendencia estructural a reducir su productividad y, por tanto, a no mejorar sustancialmente su renta per cápita. Este hecho, contrario a la tendencia histórica seguida, tiene graves repercusiones para el futuro del país con efectos a corto, medio y largo plazo.

Por otro lado, el número de niños y jóvenes es insuficiente para sustituir a la generación de sus padres: por cada 10 personas que entran en edad laboral, se jubilan muchas más. Este envejecimiento comporta desafíos económicos (sostenibilidad del sistema de pensiones, menor fuerza laboral disponible) y sociales (atención a la dependencia, soledad en la vejez).

El sobreenvejecimiento agrava la situación: nunca había habido tantos mayores de 80 y 90 años como hoy, y su proporción seguirá creciendo a corto plazo porque las generaciones nacidas en los años del baby-boom de los 60-70 están entrando en la tercera edad.

Las proyecciones demográficas prevén que Cataluña mantendrá saldos naturales negativos y una población cada vez más envejecida en las próximas décadas, salvo que se produzca un cambio en las tendencias de natalidad o una inmigración muy elevada que rejuvenezca la pirámide.

Cataluña: desastre demográfico. La Generalitat impasible el gesto (3)

En conjunto, Cataluña se ha transformado en una sociedad envejecida. La edad media de los catalanes ha pasado de 36,3 años a mediados de los años 80 a 43,3 años en la actualidad Compartir en X

 

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