La larga etapa de gobierno de Jordi Pujol se percibe, no sin polémica, como la mejor en la configuración y consolidación de la Generalitat y del autogobierno catalán. La polémica surge porque, desde el primer momento, cuando, contra todo pronóstico, gana las primeras elecciones autonómicas de 1980 frente a la candidatura «ganadora» de Joan Reventós al frente del PSC, las críticas a Pujol se vuelven furibundas, agravadas por sus éxitos posteriores con las mayorías absolutas de 1984 y 1988.
La Generalitat se construyó prácticamente desde cero, sobre todo durante aquellos primeros ocho años. Que fue un éxito y que se hizo bien lo demuestra el hecho de que durante décadas se ha vivido de aquellas rentas, hasta transformar una iniciativa nueva y creativa en una estructura envejecida e ineficiente, como la actual, por falta de reformas y de reparación de los daños causados por el paso del tiempo.
Pero Pujol, precisamente por su éxito, siempre es motivo de polémica, tanto desde las filas del progresismo como desde aquella visión española feroz que, en su fuero interno, percibe inconfesadamente que el catalán es un invento para fastidiar las glorias españolas, en lugar de considerarlo una lengua y una cultura hispánicas que hay que proteger y cultivar.
Ahora, la sencillez y la claridad de un gráfico nos muestran claramente que sí, que el periodo de gobierno de Pujol, y sobre todo la primera década, constituye una excepción positiva en la evolución catalana, desde una perspectiva histórica amplia que nos permite ver con mayor nitidez la dinámica de Cataluña en un ámbito tan importante como la economía y, concretamente, en un aspecto tan decisivo como el PIB por habitante.

La forma de la onda larga es clara: una fase de ascenso de la ventaja económica relativa catalana hasta el primer tercio del siglo XX y una fase posterior de descenso secular, interrumpida por un periodo de estabilización entre 1980 y 2000.
El cálculo de las pendientes permite precisar esta evolución. Entre 1860 y 1900, Cataluña gana 7,3 puntos de PIB por habitante en relación con España por década, prácticamente al mismo ritmo con el que los pierde entre 1940 y 1960. Pero es a partir de 1960 cuando el descenso se acelera extraordinariamente: hasta 12,4 puntos por década entre 1960 y 1980.
Esta dinámica experimenta un cambio radical a partir de 1980. Entre ese año y 2000, la pendiente negativa se reduce hasta solo 0,9 puntos por década; es decir, la velocidad de pérdida de posiciones cae aproximadamente un 93 %. Más aún: entre 1980 y 1990, la pendiente es ligeramente positiva (+0,60).
La estabilización no es una simple impresión visual, sino una característica cuantitativa del gráfico. Se trata de una estabilización muy notable que coincide cronológicamente con la recuperación del autogobierno y los gobiernos de Jordi Pujol.
A mi entender, este es el resultado más significativo del conjunto del análisis: la ruptura de la pendiente en 1980. Pasar de perder 12,4 puntos por década a una situación prácticamente estacionaria es el cambio estructural más intenso de toda la fase descendente representada. Se trata de una excepción a la regla que posteriormente se pierde y que conviene señalar y estudiar con mayor profundidad, porque significa que, en un contexto económico general adverso para Cataluña, se produjo una fuerte rectificación positiva del descenso continuado —en términos relativos— del PIB por habitante catalán en comparación con el español (España = 100).
Si aquella rectificación no se hubiera producido y la tendencia anterior a 1980 se hubiera mantenido, hoy Cataluña ya habría perdido toda su ventaja diferencial respecto a España. Esta afirmación no debe entenderse como una fatalidad inexorable, sino como una mera descripción gráfica.
Pendiente de cada uno de los tramos
P = (V_f − V_i) / (Año_f − Año_i) × 10
| Periodo | Índice inicial → final | Variación total | Pendiente por década |
|---|---|---|---|
| 1800–1860 | 102,6 → 124,6 | +22,0 | +3,67 |
| 1860–1900 | 124,6 → 154,0 | +29,3 | +7,33 |
| 1900–1930 | 154,0 → 160,2 | +6,3 | +2,10 |
| 1930–1940 | 160,2 → 163,5 | +3,3 | +3,29 |
| 1940–1950 | 163,5 → 156,5 | −7,0 | −7,03 |
| 1950–1960 | 156,5 → 148,9 | −7,6 | −7,64 |
| 1960–1970 | 148,9 → 135,1 | −13,8 | −13,77 |
| 1970–1980 | 135,1 → 124,0 | −11,1 | −11,08 |
| 1980–1990 | 124,0 → 124,6 | +0,6 | +0,60 |
| 1990–2000 | 124,6 → 122,2 | −2,4 | −2,39 |
| 2000–2025 | 122,2 → 114,7 | −7,5 | −3,00 |
Comparación de las grandes etapas históricas
Si agrupamos los intervalos, obtenemos información más significativa para la interpretación económica.
| Etapa | Pendiente por década |
|---|---|
| 1800–1900: ascenso secular | +5,13 |
| 1900–1940: ascenso moderado | +2,40 |
| 1940–1960: primer descenso | −7,33 |
| 1960–1980: descenso acelerado | −12,43 |
| 1980–2000: estabilización | −0,90 |
| 2000–2025: nuevo descenso | −3,00 |
La trayectoria revela, por tanto, tres grandes momentos: la construcción de una superioridad económica durante el siglo XIX y el primer tercio del XX; su rápida erosión entre 1940 y 1980; y una etapa de estabilización coincidente con la recuperación de la autonomía y los gobiernos de Pujol, seguida de una nueva pérdida de posiciones en el siglo XXI, mucho más moderada. Habrá que ver cómo evoluciona la pendiente: si se reduce o si se acelera.
Durante los veinte años anteriores a Pujol, Cataluña perdía 12,4 puntos de PIB por habitante respecto a España por década. Entre 1980 y 2000, solo 0,9. Una ruptura histórica que merece ser explicada. #JordiPujol Compartir en X




