Hay decisiones políticas discutibles y otras que, por sus consecuencias, exigen explicaciones extraordinariamente convincentes. La que acaba de tomar el Gobierno de Pedro Sánchez sobre la inteligencia militar española pertenece a esta segunda categoría. Y resulta especialmente inquietante en un momento en el que Europa se prepara para afrontar los riesgos militares más importantes de las últimas décadas.
Según informaba La Vanguardia el 21 de octubre, el Gobierno ha decidido no renovar el contrato con Palantir, la empresa estadounidense que proporciona al Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS) el sistema Gotham. Lo sustituirá por una solución desarrollada en España, principalmente por Indra y Telefónica.
El problema es que esta alternativa todavía no existe con prestaciones equivalentes demostradas. Y estamos hablando de una tecnología crítica para la seguridad nacional.
Gotham: mucho más que un programa informático
Gotham no es un simple sistema de tratamiento de datos. Es una de las plataformas más avanzadas de integración y explotación de la inteligencia militar mediante inteligencia artificial.
Permite reunir enormes cantidades de información procedente de distintas fuentes —satélites, drones, sensores, comunicaciones e informes de inteligencia—, identificar relaciones que escaparían al análisis convencional y facilitar decisiones operativas en plazos muy reducidos.
Una de sus funcionalidades más importantes es la denominada cadena de ataque: contribuye a identificar objetivos y a relacionarlos con los medios adecuados para actuar contra ellos, manteniendo la posibilidad de control humano. Esto no significa que el programa decida autónomamente abrir fuego, sino que multiplica la capacidad de análisis y de decisión militar.
España contrató esta tecnología en octubre de 2023 por 16,54 millones de euros, importe que posteriormente se amplió hasta unos 19,5 millones.
Y ahora, solo tres años después, quiere prescindir de ella.
El sustituto español: una promesa, no una equivalencia
La justificación del Gobierno es alcanzar la soberanía tecnológica. El objetivo es legítimo. Ningún país debería depender indefinidamente de un proveedor extranjero para disponer de capacidades esenciales de defensa.
Pero una cosa es construir independencia tecnológica y otra, muy distinta, renunciar a una capacidad operativa antes de disponer de un sustituto contrastado.
Indra cuenta con una capacidad tecnológica en desarrollo a través de la división IndraMind, presentada en octubre de 2025, y Telefónica dispone de tecnologías de mando y control. Sin embargo, según los especialistas, sus prestaciones actuales todavía están muy lejos de las de Palantir.
No consta públicamente ninguna demostración que acredite una equivalencia funcional, ni un calendario verificable de sustitución, ni las garantías que evitarían una pérdida de capacidades durante la transición. Estamos ante una decisión basada en criterios ideológicos, no de seguridad. Palantir y su principal accionista, Peter Thiel, están próximos a posiciones políticas muy conservadoras, mientras que Sánchez basa buena parte de su política en la exhibición de beligerancia, sea cual sea el coste para el país.
No es solo una cuestión de software. Es necesario preservar la integración de los sistemas, la continuidad de los datos, la formación de los analistas, la ciberseguridad y la interoperabilidad con los aliados.
Francia, los Países Bajos y la OTAN: tres lecciones
Aquí aparece la contradicción más reveladora.
Francia también ha decidido sustituir Palantir por tecnología nacional. Su servicio de inteligencia interior, la DGSI, utiliza herramientas de la empresa estadounidense desde 2015. Ahora está desarrollando una alternativa con ChapsVision.
Pero el Gobierno francés renovó el contrato en diciembre de 2025 hasta 2028. ¿Por qué? La respuesta oficial ante el Senado es inequívoca: garantizar una transición controlada que preserve la continuidad y la eficacia del servicio de inteligencia.
Es decir, Francia quiere independizarse de Palantir, pero no acepta perder capacidades mientras construye la alternativa.
Los Países Bajos siguen una lógica similar. Su Ministerio de Defensa, en una respuesta parlamentaria del 7 de octubre de 2026, reconoce que no puede garantizar una independencia completa de Palantir en dos años. Establece una transición gradual hasta 2028 y prioriza la sustitución de las dependencias más sensibles.
Y todavía hay un tercer hecho más significativo.
La propia OTAN ha contratado a Palantir. En marzo de 2025 adquirió Maven Smart System NATO, una plataforma de inteligencia artificial destinada a integrar información militar, mejorar la identificación de objetivos y acelerar las decisiones operativas.
Maven no es Gotham, pero pertenece al mismo ecosistema tecnológico. Resulta difícil ignorar que España quiere abandonar a un proveedor que la Alianza Atlántica considera útil para sus operaciones.
Según una investigación internacional publicada por El País el 15 de octubre, al menos once países europeos tienen contratos públicos con Palantir. En ocho de ellos, la relación afecta a las fuerzas armadas o a los ministerios de Defensa.
No estamos, por tanto, ante una tecnología marginal.
La ideología y la seguridad nacional
Palantir está rodeada de controversias políticas, especialmente por las posiciones de su cofundador Peter Thiel, próximo al movimiento político de Donald Trump, y por las actividades de la empresa en ámbitos sensibles.
Es perfectamente legítimo cuestionar estos vínculos. También lo es exigir garantías sobre la protección de los datos y la dependencia de Estados Unidos.
Pero las discrepancias ideológicas no pueden sustituir una evaluación técnica de las necesidades de defensa.
El Gobierno no ha hecho públicas las garantías técnicas que permitirían descartar una pérdida de capacidad operativa.
Y este es el verdadero problema.
¿Quién asumirá la responsabilidad?
Si Indra y Telefónica necesitan años para alcanzar las prestaciones de Gotham, ¿qué ocurrirá mientras tanto? ¿Quién certificará que nuestros servicios militares no pierden eficacia? ¿Quién responderá si la alternativa resulta insuficiente?
Se habla mucho de la defensa del sur de Europa, pero España podría quedarse a oscuras, por ejemplo, frente a Marruecos en lo que respecta a su capacidad de respuesta operativa.
La soberanía tecnológica no consiste en prescindir de lo que necesitamos, sino en ser capaces de sustituirlo sin perder aquello que nos protege.
Francia lo ha entendido. Los Países Bajos también. La OTAN sigue confiando en tecnologías de Palantir.
El Gobierno de Sánchez debe explicar por qué España puede permitirse una transición que otros gobiernos consideran demasiado delicada como para improvisar.
Porque la defensa no es un laboratorio de experimentos políticos. Y la seguridad de los españoles no debería depender nunca de las preferencias ideológicas de sus gobernantes.
Sánchez quiere abandonar Gotham, una tecnología crítica para la inteligencia militar, antes de disponer de un sustituto equivalente cuya eficacia esté demostrada. ¿Es esta la manera de garantizar la seguridad nacional? #Palantir Compartir en X





