Sánchez decepciona en sus primeras declaraciones después de un mes de estar desaparecido

Sánchez ha reaparecido en vivo y en directo y, cómo no, lo ha hecho en la casa amiga de la SER, como primer invitado del nuevo Hoy por Hoy de Aimar Bretos. El resultado, a la vista de las reacciones generalizadas de aliados y adversarios, hunde aún más a la ya maltrecha Moncloa y compromete todavía más la continuidad de su presidente.

Ni siquiera en las cifras acierta a estas alturas: «Quedan en Ceuta 5.000 migrantes, de los cuales 1.200 son menores», ha informado el presidente. Mientras tanto, la ministra de Infancia, Sira Rego, hablaba de 1.478, aunque esa cifra correspondía únicamente a los contabilizados en el centro de acogida, no al total de quienes deambulan por las calles. También parece lejos de la realidad que solo haya 3.800 adultos, cuando desde la Ciudad Autónoma se manejan cifras de, como mínimo, el doble. Decepción, pues, ya en el dato más elemental de todos: ¿cuántos son?

Tampoco hay demasiado compromiso cuando se habla de plazos. Al mes justo de la catástrofe y después de un periodo equivalente de eclipse, el presidente no puede limitarse a responder: «En poco tiempo vamos a tener la capacidad suficiente para acoger a los migrantes que se han quedado en Ceuta». ¿Cuánto es «poco tiempo»? ¿Una semana, un mes, seis meses? Porque una cosa es resolver el imperativo humanitario de cubrir las necesidades básicas de los inmigrantes y otra, muy distinta, devolver a Ceuta la normalidad que reclaman sus ciudadanos. Miles de personas de toda condición seguirán deambulando por la ciudad sin nada que hacer.

Sigue también la cerrada defensa de la colaboración y la ausencia de responsabilización de Marruecos. Ni siquiera Sumar comparte esta tesis y no se cansa de señalar a Marruecos como responsable. Fueron 70.000, 80.000, 100.000 personas —como apuntan las últimas filtraciones de fuentes del CNI— las que, según cuentan, entraron en Ceuta. Algo así solo pudo ocurrir si previamente desapareció prácticamente todo el control fronterizo por el lado marroquí. Es una evidencia, como lo es el acarreo en camiones de inmigrantes ante los ojos de la propia Gendarmería.

¿Quién puede creer que Marruecos, un Estado policial, mantuviera un nulo control sobre la frontera? Cuando quiso, el 15 de agosto, hizo una demostración de poder, a pesar de que los presuntos transgresores no eran decenas de miles, sino apenas unos pocos centenares. La defensa a ultranza de Marruecos resulta llamativa, más aún después del sacrificio del Sáhara, y legitima toda especulación sobre la dependencia de Sánchez respecto de las fuerzas del trono marroquí, algo que obviamente lo invalida como presidente del Gobierno de España. «La cooperación con Marruecos está siendo francamente positiva», ha añadido.

Tampoco ha aportado mucho en su intento de combinar la defensa del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) —y del papel de los profesionales que trabajan en él— con la insistencia en que «no hubo ninguna información que trasladara la gravedad y la magnitud» de lo ocurrido el 30 y el 31 de julio. «El CNI compartió informes de situación, pero no hubo información que advirtiera de la gravedad de la crisis».

O sea: 1) sí tuvieron información; 2) pero el Gobierno no vio en ella ningún riesgo. Porque la valoración de los datos y las medidas que deben adoptarse no corresponde a los «espías», sino a la dirección política: Sánchez y Marlaska, en primer término.

Se confirma así la incapacidad de Sánchez para vigilar la situación, como ya le sucedió primero con Ábalos y después con Cerdán, en la mejor de las interpretaciones. No sabe reconocer la realidad ni prever los acontecimientos. Y eso, en un presidente del Gobierno, resulta suicida para un país.

Sobre el choque entre Marlaska y Robles por los informes de Inteligencia, Sánchez ha querido zanjar la polémica: «A veces da la sensación de que hay contradicciones y no las hay. Nadie ha negado que haya habido informes de situación por parte del CNI. Nadie predijo que íbamos a tener una avalancha de semejantes características».

Y aparece de nuevo la lógica de los bulos como explicación recurrente en boca de Sánchez. Todo lo malo que le sucede, desde Begoña, su mujer, hasta su hermano, pasando por los distintos casos de corrupción y ahora por el caso de Ceuta, es culpa de los bulos. Qué país tan desgraciado, España, que se encuentra en la cúspide de este problema.

Sánchez ha apuntado a los bulos y a la desinformación en las redes sociales a raíz de la sentencia del Tribunal Supremo que impide las devoluciones en caliente en las entradas a nado, de la que, según él, se aprovecharon las «organizaciones criminales». Pero esa explicación deja demasiados agujeros.

Si la sentencia del TS era tan clara, ¿por qué no adoptaron a los pocos días la sencilla medida de la barrera flotante, que eliminaba el problema, y que solo aplicaron cuando el mal ya estaba hecho? ¿Qué beneficio obtenían las «organizaciones criminales» de una verdadera invasión por la que no cobraban nada por el paso y que, además, iba a provocar un endurecimiento fronterizo perjudicial para su negocio?

Aún ahora, pasado un mes, no se observan más que intentos incipientes de negociar con los desesperados inmigrantes. Aunque, más tarde que pronto, se producirán si continúa la lentitud de la reacción.

Y Sánchez, cómo no, ha echado mano de Putin como responsable de los bulos, y también de Israel, que no se pierde una, aunque al ministro de Exteriores de aquel país no le ha faltado tiempo para llamar mentiroso a Sánchez. También sería responsable, según él, una indeterminada «internacional ultraderechista que utiliza siempre la migración, no solamente para atacar a España, sino también a Europa».

Todo el mundo está confabulado contra él. Si fuera cierto, Sánchez sería ya un cadáver político y un apestado geopolítico. En la UE parece que ya han tomado nota, puesto que ni siquiera cuenta con el apoyo de los socialdemócratas, a pesar de que él es nada menos que el presidente de la Internacional Socialista desde el 5 de noviembre de 2022. De poco le sirve.

La realidad pura y dura es que está enfrentado a Estados Unidos, a Israel y, por arrastre europeo, a Rusia; ha abandonado al pueblo saharaui y es aliado firme de los palestinos, aunque no en aspectos materiales concretos, y está aislado en el consenso europeo sobre inmigración. Allí, ¡oh, cielos!, incluso una postfascista como Meloni corta el bacalao haciendo pareja con la muy socialdemócrata primera ministra danesa.

Sánchez, naturalmente, considera que «este es el Gobierno que más ha hecho por Ceuta y por Melilla». Será por eso que no puede poner los pies en la ciudad por miedo a la reacción popular.

Y, como está en el guion preelectoral, ha vuelto a meter al Rey en el saco de los líos: «Hay argumentos suficientes para que el jefe del Estado visite Ceuta por fin. Hay mucha gente a la que se le ha hecho muy larga mi presidencia», ha insistido.

«El rey lleva reinando veinte años y nunca ha ido a Ceuta y Melilla. He sido el presidente que más ha ido». «Esa visita del rey, por supuesto, se hará», ha sentenciado, demostrando una vez más que las cifras no le importan demasiado. Felipe VI lleva reinando doce años, no las dos décadas que le atribuye Sánchez.

Y ha continuado en su línea de hacer amigos en Europa. Ha apelado a la solidaridad europea para lidiar con la crisis migratoria y ha recordado que «en Lampedusa, España acogió a los migrantes que llegaron».

«Europa debe ser solidaria en Lampedusa, en Groenlandia y en Ceuta o en Canarias», ha destacado. «Necesitamos la solidaridad de los países centroeuropeos y del norte de Europa. ¿Por qué en el caso de España no? ¿Por qué tenemos un gobierno de coalición progresista? ¿Por qué tenemos una posición determinada respecto a Gaza u otros asuntos?».

Es decir, lo castigan por progre. Gran argumento para mover voluntades en la UE. Debe estar esperando que se pongan en cola para pedirle perdón y proclamar a todos los vientos: «Perdónanos, Sánchez, por no haber comprendido que estás en el lado correcto de la historia».

«Si Rusia o Israel se meten a desinformar sobre esta cuestión, ¿será que les preocupa la migración en España, o que les preocupa la posición internacional de España en Europa?», se ha preguntado.

Y el tema de las vacaciones lo ha abordado con su estilo de víctima chulesca: «Yo sé que, para algunos, no tengo ningún derecho a tener vacaciones. He trabajado y he descansado, porque también tengo derecho. He estado con mi familia, y es un derecho que también tenemos los políticos, aunque un presidente del Gobierno no desconecta y está las veinticuatro horas del día pendiente de lo que ocurre».

O sea, que se va de vacaciones, pero no duerme: permanece conectado a lo que ocurre. Los policías no han tenido vacaciones, ni la Guardia Civil, pero Sánchez sí, largas y regaladas. Y nadie le pedía que no se tomara unos días de descanso, sino que mostrara su presencia en Ceuta, que sacrificara uno o dos días para dar testimonio.

¿Perdonaría él a un ministro que se marchara de vacaciones a Canarias —conectado, por favor— en medio de un entuerto tremendo que afectara a su ministerio?

Lástima que, como la entrevista era con los de la casa, no le preguntaran por su prolongada estancia en Andorra.

Y queda la última nota, francamente amenazante: «La alternancia no está mal en democracia, pero hoy no hay una propuesta de alternancia, sino una involución».

Con ello, Sánchez deslegitima una vez más que el PP pueda gobernar, que pueda ser una alternativa de gobierno. En estas condiciones, ¿cómo se van a convocar elecciones si considera que solo puede gobernar él, porque lo contrario es la involución? ¿Qué pasaría con el resultado?

En cualquier caso, lo que se avecina es una confrontación que en nada se asemeja a las anteriores y que puede afectar gravemente al sistema democrático surgido de la Constitución del 78. Porque esta no prevé la descalificación ad hominem de la alternativa de gobierno.

De 0 a 4, com valores la gestió de la crisi de Ceuta per part de Sánchez?

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