No se sabe muy bien por qué Pedro Sánchez es tan poco juzgado por su incapacidad para gobernar. Quizás porque, en su caso, gobernar ha dejado de significar prever, coordinar, ejecutar y rendir cuentas. Significa dominar el relato. Cuando llega el desastre, la Moncloa no busca primero la causa: busca al culpable. Y, con una regularidad admirable, siempre le encuentra fuera del Consejo de Ministros.
Las ocho catástrofes de Sánchez, de la COVID a Ceuta
La primera gran prueba fue la COVID. Un grupo de científicos españoles denunció a The Lancet la falta de preparación, la reacción tardía y la mala coordinación. En agosto del 2020 calculaba ya unos 44.000 muertos en exceso. España impuso un confinamiento extremo —parcialmente anulado después por el Tribunal Constitucional— y, sin embargo, sufrió una mortalidad extraordinaria y una caída del PIB del 10,9%, la mayor de la UE. Francia trasladaba a enfermos en TGV medicalizados; Renfe preparó tres, pero Sanidad no llegó a autorizarlos. El ministro era Salvador Illa, promocionado después como modelo de gestor sereno. La pose tensa, al parecer, puede sustituir los resultados.
La segunda catástrofe es la vivienda. Desde 2018, el Gobierno ha preferido regular precios, multiplicar anuncios y culpabilizar a propietarios antes que atacar la raíz: falta de suelo disponible, licencias lentas, inseguridad jurídica y producción insuficiente. El Banco de España calcula un déficit acumulado de 750.000 viviendas entre 2021 y 2025. Solo en 2025 se terminaron 92.000 viviendas mientras se creaban 240.000 hogares. El Gobierno ha combatido el incendio discutiendo el termómetro.
La tercera es la inmigración. España necesita inmigración, pero necesidad no significa improvisación. El saldo migratorio exterior fue de 626.268 personas en 2024 y el país superaba ya los diez millones de residentes nacidos en el extranjero el 1 de enero de 2026. No ha habido una política que vinculara las entradas con la vivienda, la escuela, la sanidad, el empleo, la integración y la capacidad territorial. Lo que en España provocaba menor tensión que en otros países europeos se ha convertido en un conflicto político de primer orden.
La cuarta es demográfica y familiar. En 2024 solo nacieron 318.005 niños y la fecundidad bajó a 1,10 hijos por mujer. FEDEA calcula que en 2025 el 33,8% de los menores estaba en riesgo de pobreza o exclusión, frente al 19,7% de los mayores de 65 años. El sistema protege mucho mejor el retiro que la crianza. Tener hijos sigue penalizando las rentas medias y bajas, sin una prestación universal suficiente ni una fiscalidad que reconozca el coste de formar a la generación futura. La maternidad es tratada como una preferencia privada; las pensiones, con razón, como asunto de Estado. El desequilibrio es colosal.
La quinta fue la DANA valenciana. La Generalitat fracasó en la alerta y Carlos Mazón pagó su precio político. Pero convertirlo en el único culpable fue una operación de blanqueo estatal. De los 228 fallecidos contabilizados, 192 se produjeron en los municipios del barranco del Poyo. La Guardia Civil señaló la carencia de avisos de la Confederación Hidrográfica del Júcar durante la crecida crítica. Y las obras de protección, proyectadas desde el 2006, habían quedado sin ejecutar bajo gobiernos del PP y del PSOE. La responsabilidad era compartida; la propaganda, no.
La sexta fue el gran apagón del 28 de abril de 2025, el peor incidente eléctrico europeo en más de dos décadas. El informe final de ENTSO-E describe oscilaciones, deficiencias en el control de tensión y potencia reactiva y desconexiones en cascada. No culpa solo a las renovables: retrata un sistema incapaz de integrarlas con suficiente red, almacenamiento, regulación y flexibilidad. La operación reforzada posterior ya había costado 666 millones hasta marzo de 2026. Nadie dimitió.
La séptima es Adamuz. El choque ferroviario del 18 de enero del 2026 causó 46 muertos y cortó durante casi un mes la alta velocidad Madrid-Andalucía. La investigación continúa; la principal hipótesis es la fractura de un carril o soldadura, y la Fiscalía Europea investiga un posible fraude con los fondos destinados al mantenimiento del tramo. Antes de conocer la causa, el Govern ya conocía su inocencia.
Y la octava es Ceuta. El 30 de julio de 2026 entraron unas 72.000 personas; la mayoría regresó, pero miles permanecieron allí y la tragedia ya acumulaba más de ochenta muertes en el lado español. Sánchez tardó 26 días en convocar al Consejo de Seguridad Nacional, después de veinte días de vacaciones. Interior y Defensa ofrecieron versiones contradictorias sobre los avisos previos. Ceuta resume todas las crisis anteriores: imprevisión, descoordinación, dependencia de Marruecos, colapso humanitario, ausencia presidencial y propaganda.
Ocho catástrofes, una sola forma de gobernar: no anticipar, no coordinar, no explicar, no dimitir y acusar a los demás. Sánchez no ha eliminado la responsabilidad política. Ha logrado algo más extraordinario: que solo exista para sus adversarios.
Ocho catástrofes, una sola forma de gobernar: no anticipar, no coordinar, no explicar, no dimitir y acusar a los demás. #PedroSánchez Compartir en X





