Hay cifras que necesitan explicación. Y si no la tienen, se convierten en un problema político de primer orden. La comparación entre Cataluña y la Comunidad de Madrid en sanidad es una de ellas.
Porque el punto de partida rompe la intuición dominante: Cataluña gasta más por habitante y, sin embargo, ofrece peores resultados en uno de los indicadores más sensibles, la lista de espera quirúrgica.
A diciembre de 2025, según el Ministerio de Sanidad, Cataluña registra:
- 24,68 pacientes en lista de espera quirúrgica por 1.000 habitantes.
- 145 días de espera media.
Madrid, en el mismo momento:
- 7,48 pacientes por 1.000 habitantes.
- 48 días de espera media.
La diferencia no es marginal. Es estructural. Cataluña triplica la tasa de pacientes en espera y triplica también el tiempo medio. Esto, por sí solo, exigiría una explicación. Pero hay más.
En 2023:
- Cataluña: 2.006 euros por habitante en sanidad.
- Madrid: 1.719 euros por habitante.
Cataluña gasta 287 euros más por persona.
Y, sin embargo, sus resultados en cirugía —el cuello de botella más visible del sistema— son claramente peores. Aquí es donde se rompe el argumento fácil.
No estamos ante un problema de falta de recursos. Estamos ante otra cosa.
Es cierto que la comparación no es uniforme en todos los servicios. En la primera consulta de atención especializada:
- Cataluña:
- 64 pacientes por 1.000 habitantes.
- 98 días de espera.
- Madrid:
- 134,69 pacientes por 1.000 habitantes.
- 68 días de espera.
Madrid atiende antes, pero acumula más pacientes en cola.
Esto introduce un matiz importante: Madrid no es mejor en todo. Pero no cambia el hecho decisivo: en cirugía —donde el sistema se juega su credibilidad— la diferencia es abrumadora.
El siguiente nivel de análisis no está en el volumen, sino en la estructura.
En 2023:
- Cataluña destina 21,1% del gasto sanitario a conciertos.
- Madrid, 11,4%
- Madrid concentra 67,0% en atención especializada.
- Cataluña, 63,8%
- Cataluña dedica más a primaria: 13,4% vs. 10,7%
Cataluña opera con un sistema más apoyado en provisión concertada y con una distribución del gasto más fragmentada. Madrid concentra más recursos en la capacidad hospitalaria especializada, que es precisamente la que drena las listas de espera quirúrgicas.
El resultado es visible: el mismo euro público no produce el mismo resultado.
La otra mitad del problema: los impuestos
Aquí aparece el segundo eje de la anomalía. Se nos dice que debemos pagar impuestos –más y más– para tener más y mejores servicios para todos, que se trata de una medida de justicia social básica. Hay que responder a tal afirmación, que sí, pero según y cómo.
Cataluña no solo gasta más en sanidad. También exige más fiscalmente. Dispone de múltiples tributos propios —estancias turísticas, bebidas azucaradas, viviendas vacías, activos no productivos— y mayor presión sobre los cedidos, IRPF, sucesiones, donaciones, que configuran uno de los marcos fiscales autonómicos más intensos de España. La pregunta es de qué nos sirve realmente pagar más.
Madrid, en cambio, se sitúa sistemáticamente en la parte alta de competitividad fiscal, porque pagan mucho menos.
Y, sin embargo, el resultado es el que hemos visto: peor acceso sanitario en cirugía, más tiempo para ser atendido.
La tentación es hablar de paradoja. Pero no lo es. El error de fondo es confundir impuestos con recursos disponibles.
El sistema de financiación autonómica introduce una corrección decisiva. Los propios
impuestos no se traducen directamente en más dinero utilizable para sanidad. Los mecanismos de nivelación buscan aproximar la financiación por habitante ajustado. Es decir, redistribuyen.
Por eso puede ocurrir —y ocurre— que una comunidad tenga más carga fiscal normativa, pero no disponga de más recursos efectivos proporcionales Y, sobre todo, que esos recursos no se traduzcan en mejores servicios.
El circuito no es:
Más impuestos → mejor sanidad
El circuito real es:
Más impuestos + financiación común + gestión = resultado
Y ahí es donde el sistema catalán falla.
Si se eliminan las coartadas, el cuadro es bastante claro.
Primero: Cataluña no tiene un problema de gasto insuficiente en sanidad.
Los 2.006 euros por habitante lo descartan.
Segundo: Los peores resultados no se explican por falta de dinero, sino por menor productividad del gasto.
Tercero: el diseño institucional importa: Gestión de los conciertos, organización de la red, capacidad hospitalaria, gestión de flujos de pacientes, productividad real de los equipos médicos (medida también en términos cualitativos: casos resueltos con éxito, tasa de defunciones, etc.).
Cuarto: Madrid convierte mejor el gasto en resultados visibles, especialmente en cirugía.
Quinto: La presión fiscal catalana no corrige el problema. En la práctica, convive con él.
La sanidad es el lugar donde el Estado se legitima cada día. No en los presupuestos, sino en la experiencia del paciente. Esperar 145 días o 48 días no es una diferencia estadística. Es una diferencia vital.
Y cuando esa diferencia se produce con más gasto, con más presión fiscal y de forma sostenida, el problema deja de ser técnico. Se convierte en político.
La comparación entre Cataluña y Madrid no demuestra que haya que gastar menos. Tampoco demuestra que haya que bajar impuestos sin más.
Demuestra algo más incómodo: que el volumen de recursos no garantiza el resultado, y que un sistema puede exigir más a sus ciudadanos y, aun así, ofrecer menos en términos de acceso efectivo. Cataluña no está peor porque gaste poco. Está peor porque transforma peor el gasto en servicio.
Y eso no se corrige con más impuestos. Se corrige con mejor gobierno del sistema, que es precisamente lo que prometió Salvador Illa, pero no hace o no consigue realizarlo.
Más impuestos no garantizan mejor sanidad. Cataluña es el ejemplo: más presión fiscal, peores resultados. #Impuestos #Sanidad Compartir en X





